Juan Tuñas, el primer 'romperredes'

Toulouse, Francia, 1938. La selección cubana se enfrenta a Rumania en la primera ronda de la Copa Mundial de la FIFA. Un grupo de 11 jóvenes, que nunca habían salido de su país, y que recorrieron el mundo para jugar ese partido, consiguen la primera gran sorpresa en la historia de la competición. Contra todos los pronósticos, derrotan 2-1 a los europeos y se clasifican a la segunda ronda.

Sus nombres, Héctor Socorro, Pedro Bergés, Tomás Fernández… y Juan Tuñas, que con 93 años, es actualmente el único sobreviviente de aquella gran gesta. Y, para recordar aquellos tiempos de gloria, el llamado “Romperredes” recibió a FIFA.com en su casa de la Ciudad de México. Ayudado por su hijo Manuel, Don Juan rememoró las hazañas de un fútbol de otro tiempo.

Juventud dorada
“Yo aprendí a jugar en las plazas de La Habana, con los marineros”, recuerda el legendario atacante. “Los que fuimos a Francia éramos todos descendientes de españoles. En aquél entonces el fútbol era bastante popular en la isla”. Así, Tuñas se forjó una carrera con el Juventud Asturiana que, como casi todos, provenía de la significativa colonia ibérica en la capital cubana.

En ese equipo se cansó de hacer goles, pero hubo uno que fue especial. Normalmente, se le llama “romperredes” a todos los delanteros prolíficos, pero pocos saben que el apelativo comenzó a partir de que Don Juan hiciera estallar su poderosa pierna izquierda y, de un cañonazo, despedazara las mallas del arco del Puentes Grandes, en 1941.

Poco antes, con sus compañeros, el delantero había tomado el barco hacia el Viejo Continente. “Era un equipo de amigos”, señala su hijo Manuel, “y nunca habían salido de la isla. A mi papá le sucedió algo curioso, una noche se mareó en el barco, y decidió abrir la ventana de su camarote para recibir el aire fresco. ¡Pero su habitación estaba por debajo del agua y se inundó todo!”, describe con alegría.

Tras haber marcado dos goles a Rumania, según sus propias cuentas, Don Juan y sus compañeros enfrentaron a Suecia. “Antes del partido nos consideraron favoritos, por la manera en que habíamos jugado. Pero sucedió algo que no esperábamos: llovió y el campo se inundó. No estábamos acostumbrados a eso, nos resbalamos una y otra vez, y terminamos perdiendo 8-0”, recuerda, con una sonrisa que sin duda no compartía en aquel entonces.

Madurez mexicana
Tras jugar en el máximo escenario del fútbol mundial, el “Romperredes” regresó a la isla y batió todos los records de goles del campeonato local. Sus hazañas retumbaron del otro lado del Golfo de México, hasta tierras aztecas, al punto que los directivos del entonces poderoso Real Club España decidieron arriesgarse con una importación exótica.

“Cuando llegó al país, el equipo estaba en último lugar”, afirma Manuel, mostrando uno de los muchos recortes de periódico que colecciona sobre su padre. “Al final del torneo ganaron el campeonato, con un gol suyo en la final”. De hecho, para Don Juan ése fue el mejor tanto de su carrera. “Estaba en el área, me llegó una pelota elevada y la prendí de volea”, recuerda, retrocediendo 70 años en el tiempo, “imposible para el portero… ¡un golazo!”.

En México, Tuñas se codeó con los mejores jugadores iberoamericanos. Leyendas como Isidro Lángara, Luis Regueiro y Horacio Casarín. Aunque dos quedan en su memoria. El primero es su gran amigo Luis de la Fuente, el famoso “Pirata” mexicano. “¡Ese se la pasaba en el cabaret!”, ríe Don Juan, “de ahí se iba directamente al estadio… pero qué gran jugador era”. Aunque el mejor para él ha sido, sin duda, José Manuel Moreno, el “Charro”. “De todos los que vi, ninguno le llegaba, lo sabía hacer todo con la pelota”, considera.

El país azteca le dio también una familia y una vida después del futbol. Tras su glorioso paso por el España, con el que ganó tres campeonatos, Tuñas pasó al Marte, antes de labrarse un futuro vendiendo máquinas de escribir. En la actualidad, vive con su esposa en un barrio residencial de la Ciudad de México, ve fútbol cada vez que puede y, sin perder nunca el buen humor, recuerda con nostalgia a sus compañeros.

En 2005 le fue otorgado el galardón de “Gloria del Deporte Cubano”, por las autoridades de la isla. Y aunque es descendiente de españoles y ha vivido casi toda su vida en México, no titubea al afirmar la nacionalidad de su corazón. “¡Cubano! ¡Sin duda!”. Han pasado muchos años desde que deslumbrara al mundo en Francia, y es ahora el mundialista más longevo de la CONCACAF, pero Don Juan sigue siendo el mismo “romperredes” de aquellos tiempos.