Obraniak, héroe discreto
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Ludovic Obraniak es un superhéroe. Como Clark Kent, discreto, tímido y capaz de salvar a los suyos cuando ya se ha perdido toda esperanza. Quizás sea así como el hijo recién nacido del centrocampista del Lille describa a su progenitor dentro de algún tiempo. Y no dista mucho de ser verdad.

El volante de 26 años, formado en el Metz, ha sido a menudo decisivo cuando no se le esperaba. Por ejemplo, marcó el gol de la victoria en la final de la Copa de Francia, y consiguió un doblete en su primer encuentro con la selección. A pesar de todo, Obraniak no se considera un héroe.

Además, faltó poco para que permaneciese en un segundo plano, sin ser uno de los protagonistas de la fantástica temporada que acaba de realizar el Lille. Desde su llegada al club norteño, en 2007, era suplente habitual, y estuvo tentado de cambiar de aires al finalizar la última campaña. “Aparecieron oportunidades que habrían podido concretarse el año pasado. Pero, volviendo la vista atrás, creo que hice bien”, explica en declaraciones a FIFA.com. “Si me hubiese marchado después de varios años en el Lille, para ver al club conseguir acto seguido el doblete y disputar la Liga de Campeones, ¡creo que lo habría lamentado bastante!”.

La fuerza de un equipo
Obraniak atribuye su decisión de quedarse fundamentalmente al discurso de Rudi García, un entrenador que, si bien no es dado a modificar el once, logra mantener una sana competencia entre los titulares y los hombres del banquillo. “Los reservas han demostrado madurez. Nos fundimos con el grupo. Siempre que pudimos intentamos aportar nuestro grano de arena. Ahí radica la fuerza de un equipo”, señala el mediocampista zurdo, quien aun así participó en 26 partidos de liga.

Ha sido una “temporada llena de paradojas”, añade. “Es la campaña en la que menos he jugado, no cabe duda, pero al mismo tiempo ha sido una de las más prolíficas en el plano personal”. El ejemplo más claro es el gol de falta con el que dio la victoria a su equipo en la final de la Copa de Francia, frente al París Saint-Germain, cuando acababa de ingresar a la cancha. También vio puerta en el empate a 2-2 contra ese mismo rival una semana más tarde, en la liga. El punto conseguido entonces permitió a los Dogos proclamarse campeones y dar rienda suelta a su alegría 57 años después de su último título.

Ahora, a los pocos días de haberse ceñido los laureles en la liga, Obraniak se dispone a jugar un amistoso contra Francia, el país que lo vio nacer y en el que se formó, con los colores de Polonia, la nación donde están sus raíces. Este partido tiene un sabor especial para el futbolista franco-polaco, aunque resta importancia a sus sentimientos. “Ojalá ganemos, en primer lugar porque para nosotros supone una buena prueba a un año de la Eurocopa que vamos a jugar en casa. Pero no es importante por mí, sino especial para todo el equipo y para todos los polacos”, señala.

Profeta en su tierra
Sus compatriotas lo recibieron con los brazos abiertos en cuanto debutó con la selección, el 12 de agosto de 2009. El equipo iba perdiendo 0-2 ante Grecia en el descanso de un amistoso, y él se enfundó por primera vez la camiseta blanca al principio de la segunda parte, sin olvidar el traje de superhéroe debajo. Unos minutos más tarde, firmó los dos goles del empate definitivo. “Ante los jugadores, el cuerpo técnico y los hinchas, ¡eso me dio inmediatamente credibilidad!”, bromea.

Fue un debut inmejorable para él, que descubría en ese momento el país de sus antepasados. “Fue mi primer partido, y también la primera vez que pisaba suelo polaco”, recuerda. “Al principio resultó difícil, porque yo era un francesito que acababa de llegar, no hablaba el idioma. Estaba un poco confuso, no sentía que tuviese legitimidad. Me retraje, y esperé pacientemente el partido. Y entonces salté al campo y marqué un doblete. ¡Eso fue un espaldarazo enorme para mi integración!”.

Desde entonces, Obraniak se siente en Polonia como en su casa, y acude encantado a las convocatorias del combinado nacional para reunirse con sus compañeros camino de la Eurocopa 2012, que su país organiza conjuntamente con Ucrania. “Es una fantástica aventura deportiva y humana. Es otra cultura, otra forma de ver las cosas y de jugar. Y Polonia también es una gran nación futbolística”.

Una gran nación que espera que su héroe no adopte un papel demasiado discreto el año que viene.