Sabella, un cultor del perfil bajo
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Alejandro Sabella es un hombre sereno, reflexivo y de bajo perfil que, a los 56 años, se encuentra ante la gran oportunidad de su corta carrera de director técnico: conducir a la selección argentina. Todo un desafío para alguien que, tras ser ayudante de campo durante casi dos décadas, tiene apenas una experiencia como entrenador principal...

Sin embargo, su paso por Estudiantes de La Plata, donde ganó un título local, una Copa Libertadores y hasta puso en apuros al mismísimo FC Barcelona de Josep Guardiola en la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2009, le permitió transformarse en un candidato de consenso para un puesto nunca fácil, sobre todo después de una Copa América que dejó para Argentina más en el debe que en el haber y con las eliminatorias para la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 a la vuelta de la esquina.

Así, el pasado sábado 6 de agosto Sabella se transformó en el 33er entrenador en la rica historia de la Albiceleste. “En tren de verdad, no me imaginaba esta posibilidad tan rápido, pero la selección es lo máximo. Desde siempre uno sueña con llegar aquí, ya sea como jugador o como técnico. Es, ni más ni menos, alcanzar el cénit de la carrera”, reconoció al asumir el cargo.

Admirador de su contemporáneo Marcelo Bielsa, pero agradecido de todos los que alguna vez lo dirigieron, Sabella tienen un estilo de conducción franco y de llegada con el jugador, aunque rara vez levanta el tono de la voz y siempre mide sus palabras. “Es un trabajador neto que no descuida detalles. Tiene trato con los viejos y con los pibes porque dice lo justo y necesario de acuerdo a la situación. En Estudiantes dejó una huella muy profunda”, afirmaba Juan Sebastián Verón meses atrás, a pesar de su sorpresiva salida de Estudiantes en febrero de este año.

Un futbolista exquisito
Mucho del Sabella entrenador afloró en su época de futbolista. Nacido el 5 de noviembre de 1954, este porteño se formó en las inferiores de River Plate, donde debutó a los 20 años. Su físico decía poco pero él hablaba con su zurda exquisita: más cerebral que rápido de piernas, hacía fácil lo difícil, se sacaba la marca un amague y siempre daba la pelota a un compañero. Todos conceptos que, vale aclarar, inculca a sus dirigidos.

A pesar de ganar tres títulos con el Millonario, Pachorra, apodo que se ganó no por su andar cansino sino porque le gustaba dormir la siesta, siempre estuvo a la sombra de Norberto Alonso, otro zurdo ídolo de River. “Uno siempre quería jugar pero también había que tener grandeza y aceptar cuando alguien era mejor”, dice sin rencores.

Así, ante la posibilidad de emigrar Europa en 1978, puso proa al fútbol inglés, donde pasó por el Sheffield United y en el Leeds United. Atrás dejaba al club de sus amores y a un amigo como Daniel Alberto Passarella, de quien sería luego colaborador durante 17 años.

En 1981 lo fue buscar a Inglaterra Carlos Bilardo, quien hoy fue su principal impulsor para asumir en la selección y en aquel entonces lo repatrió para Estudiantes. Gracias al Pincha ganó otros dos títulos nacionales y llegó a usar la camiseta 10 de la Albiceleste, justamente bajo la conducción de Bilardo, aunque no integró el plantel que ganó México 1986.

Sabella estableció una relación de tanta pertenencia con Estudiantes que, si bien se retiró en México en 1989, decidió radicarse en La Plata, cerca del club que terminaría siendo su gran trampolín para la selección.

El salto al primer plano
Cuando en 1990 Passarella lo invitó a formar parte de su cuerpo técnico junto a otro ex campeón del mundo, Américo Gallego, Sabella aceptó sin dudar. Juntos estuvieron en River Plate (1990-94) y en la selección Argentina (1994-98), con la que alcanzó los cuartos de final en Francia 1998.

Ante la partida de Gallego, Sabella fue el número dos de Passarella en Uruguay (2000-01), en el Parma de Italia (2001), en el Monterrey de México (2002-04), en el Corinthians de Brasil (2005) y en su segunda etapa en River (2006-07). “Ese año Daniel me dijo que quería ser presidente de River y yo me enfoqué en dirigir sólo”, suele recordar Pachorra.

La oportunidad le llegó en marzo de 2009, al ser convocado por Estudiantes para dirigir a un equipo que había arrancado mal la Copa Libertadores, que luego ganaría, y el torneo local, donde fue sexto. Sin apegarse a ningún sistema táctico en particular, dirigió al Pincha en 60 partidos, de los cuáles ganó 37 y perdió apenas 9, con 91 goles a favor y 36 en contra, recibiendo el reconocimiento de propios y extraños.

Sabella tenía todo listo para dirigir en Emiratos Árabes Unidos cuando apareció la oferta de la selección. “Equilibro”, “sentido de pertenencia” y “ejemplos a seguir” fueron algunas de las frases que dejó al asumir, aunque la idea de fondo será siempre la misma: “Poner el bien común por encima del individuo”.