La confirmación parisina de Sissoko
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Mohammed Lamine Sissoko era un auténtico diamante en bruto de 1,87 metros cuando el Valencia se lo arrebató al Auxerre en 2003. El jugador maliense, tan prometedor como combativo, solamente tenía 18 años y apenas acababa de completar su formación, iniciada unos años antes en el Troyes. Después de España, Sissoko se marchó sucesivamente a Inglaterra y a Italia para seguir deslumbrando. Sin embargo, por culpa de las recurrentes lesiones, brilló sobre todo por sus ausencias. En 2011, el París Saint-Germain desembolsó alrededor de 8 millones de euros para hacerse con esta joya pulida que, ahora sí, está resplandeciendo con todo su fulgor.

Momo Sissoko ha sido, en efecto, una de las grandes satisfacciones de la primera mitad de la temporada en el conjunto parisino. Bien es cierto que no hizo su debut en liga hasta mediados de octubre, después de más de seis meses de baja, pero el número 23 enseguida tranquilizó a su gente. Primero, con un pase de gol en su primer encuentro como titular, frente al Ajaccio, y, dos semanas más tarde, firmando su primer tanto contra el Girondins de Burdeos: dos indicios muy premonitorios. Y es que Momo corre mucho, y lo hace por algo. 

"El balance de esta primera vuelta liguera es muy satisfactorio. Estoy muy contento y espero que la cosa siga así”, señaló nuestro protagonista a FIFA.com. “La convivencia es buena en el seno de la plantilla. Se ha hablado mucho de envidia y de otras cosas, pero puedo asegurar que todo va bien y que no hay ningún problema entre los jugadores y el cuerpo técnico. Todo el mundo rema en la misma dirección, y eso es lo que marca la diferencia actualmente”.

Ambición y presión
Su equipo, líder de la liga francesa, ha respondido a las expectativas suscitadas por una ambiciosa política de fichajes, simbolizada por las llegadas de Javier Pastore o Jérémy Menez. Esos refuerzos, no obstante, no bastaron para impedir sendas eliminaciones en la Liga Europa de la UEFA y en la Copa de la Liga. El entrenador, Antoine Kombouaré, lo pagó muy caro, y fue sustituido por el italiano Carlo Ancelotti durante el parón navideño. “Va a aportarnos mucha disciplina y rigor, sobre todo; esas cosas que marcan la diferencia en Italia…”, analizó Sissoko como buen conocedor del calcio, pero también de lo que es la presión…

“He tenido la suerte de experimentar la presión en todos los clubes en los que he jugado. Aquí es muy diferente. Cuanto más pasan los días, más se nota la importancia de esa presión”, prosiguió el maliense. “Pero es algo positivo, porque nos permite mantenernos concentrados en nuestros objetivos. Personalmente, la aguanto bien. Cuando un club quiere llegar a ser grande, es normal que exista. Es cuestión de acostumbrarse”.

Habla la voz de la experiencia. Equipos como el Valencia, el Liverpool y el Juventus forman parte de su trayectoria deportiva, durante la cual, entre otras cosas, ha ganado 1 liga española, 1 Copa de la UEFA, 1 Copa de Inglaterra y 2 Supercopas de Europa, además de firmar varios partidazos. “Jugadores como Steven Gerrard, Pablo Aimar y Alessandro Del Piero me han marcado muchísimo”, recordó. “He aprendido mucho a su lado. Son personas humildes e interesantes, a pesar de su enorme palmarés. Son modelos a seguir en cuanto a rigor y a trabajo”.

Sissoko sabe también que ese tipo de jugadores únicos no son egoístas, pues, además de brillar, hacen brillar a los demás. Y aparentemente, eso es lo que le ha venido faltando a su selección, Malí, escasa de buenos resultados a pesar de contar con grandes individualidades. “Por desgracia, aun contando con muchas figuras que jugaban en ligas importantes, no hemos sabido rematar la faena en nuestras competiciones”, lamentó el medio centro defensivo. “Es una lástima, pero creo sinceramente que el relevo está ahí. Hasta ahora no ha funcionado porque no éramos un bloque unido y conjuntado”.

El despegue de las Águilas
Y es que, desde Salif Keita, Balón de Oro africano en 1970, las Águilas han visto pasar por sus filas a auténticas perlas, desde Frédéric Kanouté hasta Mahamadou Diarra, pasando por Seydou Keita. Pero desde su derrota ante el Congo en la final de la Copa Africana de Naciones 1972, Malí nunca ha conseguido regresar a la cima.

La nueva generación que lideran Modibo Maiga y Cheick Diabaté espera poner fin a esas décadas de sequía en la edición de 2012, pero tendrá que ser sin Sissoko. “De momento, he renunciado a mi carrera internacional. En los últimos dos años me he lesionado con mucha frecuencia. Actualmente, por suerte, todo va mejor en el tema de las lesiones. Estoy trabajando con buenos médicos y preparadores físicos que me han ayudado a recuperar la forma y a prevenir posibles lesiones”, explicó Sissoko, con las miras puestas en un futuro que, por qué no, podría pasar por volver a la selección.

Y por qué no, en compañía de sus hermanos pequeños, Ibrahim (Wolfsburgo) y Abdoulwhaid (Udinese), de los que se hablan maravillas. El propio Momo es consciente de ello: “Mis padres lucharon para que llegásemos a ser alguien; qué menos que devolverles el favor…”, comentó, sonriendo. “El mejor, sin duda, es el menor, que juega en el Udinese. Pronto se oirá hablar de él”.