El fenómeno filipino de hace un siglo

Ahora que a Lionel Messi sólo le quedan 13 dianas para igualar las 235 de César Rodríguez, todo el mundo coincide en que el récord goleador del Barcelona está a punto de caer. Pero no es así. Puede que el magnífico César lidere de tabla de tantos marcados en competición, pero si echamos un vistazo a las estadísticas históricas del Barça encontramos otro nombre, el de Paulino Alcántara, en lo más alto del escalafón de máximos anotadores absolutos.

Su impresionante registro de 357 goles en otros tantos partidos convirtió al filipino en todo un fenómeno entre las primeras figuras del club. Su bautismo de fuego con la camiseta blaugrana, tal día como hoy hace cien años, fue extraordinario. Porque Alcántara no sólo aparece en los anales del Barcelona como su jugador más prolífico, sino también como el debutante más joven. Aquel 25 de febrero de 1912 saltó al césped contra el Català SC a la tierna edad de 15 años, cuatro meses y 18 días, y por si eso fuera poco, marcó una tripleta. Así comenzó la leyenda.

Alcántara, hijo de un oficial del ejército español y de una filipina, nació en la antigua colonia española y empezó a despuntar desde la adolescencia, lo que hizo de él todo un pionero en más de un sentido. Antes de su traslado a España, ningún futbolista asiático había representado a un club europeo, y desde entonces, pocos han conseguido ni siquiera acercarse a sus sensacionales logros.

Juventud y talento
A sus 19 años, después de haber ayudado al conjunto catalán a conquistar la Copa del Rey y dos Campeonatos de Cataluña, regresó a su país natal durante dos años, en los que añadió a su palmarés dos títulos de la liga filipina. El Barça, por el contrario, terminó esas dos temporadas con las manos vacías y, sólo cuando recuperó al fenómeno, comenzó realmente la primera época dorada de la entidad.

En 1927, a la edad de 31 años, colgó las botas para ejercer la medicina. Para entonces había sumado 17 títulos y había representado a España, Cataluña y Filipinas en la escena internacional. Precisamente fue con la Roja con la que se ganó el apodo de "Romperedes", al anotar contra Francia un imponente cañonazo desde más de 27 metros que agujereó literalmente la malla rival.

Este eminente artillero fue uno de los primeros futbolistas que plasmó su trayectoria deportiva en un libro de memorias. La Asociación Filipina de Fútbol erigió en su honor una estatua que a día de hoy aún se encuentra en las inmediaciones de su sede central. Aunque ha pasado un siglo desde su glorioso debut, merece la pena recordar a Alcántara, uno de los primeros astros del deporte rey.