Lugano: "No nos la creemos"
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Con 31 años de edad y 12 de carrera, Diego Lugano ya es parte de esa casta de jugadores que han transformado al fútbol uruguayo en uno de los más reconocidos del mundo. Tanto con la camiseta de su selección como con la de cada uno de los clubes donde le ha tocado jugar, La Tota ha dejado huella, ganando títulos y convirtiéndose en referente indiscutido de sus equipos, a punto tal de consagrarse como ídolo en todos ellos.

Desde Francia, donde juega ahora para el poderoso Paris Saint-Germain, el capitán del seleccionado charrúa que fue cuarto en la Copa Mundial de la FIFA 2010 y campeón de la Copa América 2011, aceptó conversar largo y tendido con FIFA.com.

Señor Lugano, ¿qué significa para usted este presente tan exitoso de la Celeste?
Es un orgullo muy grande ser parte de este proceso que está a la altura de la cultura y la historia futbolística de Uruguay. Hemos vuelto a poner a la selección en los primeros planos del fútbol mundial, no sólo con títulos y buenos partidos, sino por el respeto que impone. Ahora todos juegan contra Uruguay como si fuera una final para ganar prestigio. Eso nos pone contentos y nos motiva para seguir por este camino.

¿Se sienten el mejor equipo de Sudamérica?
Más allá lo que sintamos o dejemos de sentir, las estadísticas así lo marcan: fuimos los mejores en el Mundial, ganamos la Copa América, vamos primeros en las eliminatorias…  Además, no cualquiera llega a 14 juegos internacionales sin derrotas. Por eso digo que hoy somos el equipo a batir en la región, pero no nos la creemos. Este grupo trabaja día a día con humildad para mantenerse, que ya es algo difícil, y para alcanzar nuevas metas. Este año, sin ir más lejos, además de las eliminatorias tenemos los Juegos Olímpicos, una competición que Uruguay ganó dos veces, y eso la hace muy especial.

Los éxitos despiertan expectativas pero también generan obligaciones. Clasificar al Mundial de Brasil es una de ellas…
Ir a un Mundial no es una obligación actual, sino histórica. La diferencia es que hoy nos agarra en un muy buen momento. Si nos ha costado es porque las eliminatorias sudamericanas son las más duras del mundo. Y éstas no van a ser diferentes pese a que arrancamos bien.

¿Es difícil pensar en los próximos dos partidos cuando falta tanto tiempo?
No para nosotros, pues son los más importantes que tenemos por delante. Hoy Venezuela dejó de ser “un equipo que te puede sacar puntos”, ya es un rival directo. Lo mismo Perú. Y fíjese que en las últimas tres eliminatorias, nunca pudimos sacar en Montevideo los tres puntos contra ellos. Lograrlos nos dejaría muy bien parados para lo que viene, aunque los seis partidos de este año serán decisivos porque el objetivo es clasificarnos directo.

Muchos piensan que, por ser local, Brasil será el amplio favorito en 2014. Usted, que jugó y fue ídolo allí, ¿qué opina al respecto?
Por lo grande que es Brasil y la necesidad que tiene de ganar un título en casa, indudablemente deberá convivir con altísimas cuotas de presión y responsabilidad, que son difíciles de sobrellevar. A mí me gusta tener ese tipo de presión porque te direcciona a grandes logros. En el caso de ellos, han demostrado saber manejarlas en el pasado, pero es difícil saber hoy si el grupo que juegue el Mundial podrá lidiar con todo eso. Lo que pasó en 1950 no quiere decir nada.

Con respecto a 1950, ¿cree que Uruguay puede repetir semejante hazaña?
¡Eh, espere, primero debemos clasificar! (se ríe) Sólo diré que si Uruguay clasifica y llega con este nivel, seguramente será protagonista. No sé si favorito, pero indudablemente lo respetarán.

Aquel Mundial le permitió a Obdulio Varela, capitán de ese equipo, pasar casi a la inmortalidad. Usted, ¿encuentra inspiración en él?
El fútbol uruguayo tiene más de 100 años de historia y ha dado grandes capitanes, es algo que se transmite de generación en generación. Uno heredó esas cosas de jugadores más cercanos en el tiempo como Enzo Francescoli, por dar un ejemplo, quienes dejaron todo por esta camiseta. Varela fue uno de los máximos referentes. Yo estoy orgulloso de ser el sucesor de todos los que llevaron la cinta, y de la responsabilidad que eso conlleva. El ideal es ser un capitán como los de antes pero acorde a los tiempos modernos.

Hablemos de su presente en Francia. ¿Se imagina ídolo del PSG como lo fue de sus clubes anteriores?
El año pasado acepté el cambio como un desafío, como un reto que necesitaba. Quería empezar de cero, motivarme otra vez… Sentir esa adrenalina y esa presión de jugar en un equipo diferente, un club grande que hace años no gana títulos y que los necesita urgentemente. Yo voy a dar todo, y ojalá que la gente reconozca eso. Mi compromiso con la causa está.

Una cosa que, confesamos, nos extraña: no parece desvivirse por jugar en España, Inglaterra o Italia…
Es que no me desvivo. He jugado en San Paulo, en el club más importante de Brasil; en Turquía, donde el fútbol se vive con una pasión increíble, y en un Fenerbahçe que moviliza más gente de la que usted puede imaginar. Ahora estoy en el PSG, el equipo más grande de Francia, en medio de un proyecto muy ambicioso… Realmente prefiero disfrutar del lugar donde estoy a soñar con otra cosa.

¿No piensa regresar a Sudamérica antes del retiro?
Sí... Más tarde o más temprano, volveré a Brasil para jugar en San Paulo, que es el equipo que catapultó mi carrera. Estoy identificado con el club, los hinchas me piden que regrese… En Turquía también dejé una marca, pero creo que mi única chance de volver a Sudamérica es el San Paulo.

Lo alejo parcialmente del balón. Para usted, qué ha resultado más difícil: ¿jugar un Mundial, ser el único varón entre cinco hermanas o ser padre?
¡Las tres son tareas dificilísimas! (se ríe con ganas). Ser padre es para toda la vida e implica una responsabilidad mucho mayor que patear bien una pelota. Es complicado porque los futbolistas vivimos en una suerte de burbuja. Nuestros hijos crecen en esa irrealidad y uno debe transmitirle que la mayoría debimos pelearla desde abajo. Y no es fácil: se está lejos de la casa, a veces en otro país, peleando una lucha diaria y complicada, una que no estoy seguro si tiene resultado final, pero aun así lucha por ese resultado.

De chico debe haber sido difícil hablar de fútbol con tantas mujeres alrededor, ¿no? Claro que con un padre futbolista…
No se crea, se hablaba poco antes y se habla poco ahora… Uno necesita un cable a tierra, y para eso está la familia. ¡Además, con papá siempre terminamos discutiendo porque nunca está conforme! Ni conmigo, ni con mi equipo, ni con la selección… Es bravo discutir con gente que perteneció a otra época, que vivió otras cosas… Pero sé que está orgulloso de mí.

Le hacemos la última… Supongamos que FIFA.com frota la lámpara, aparece el genio y le concede tres deseos deportivos para 2012. ¿Qué le pediría?
Lo que más me ilusiona es ir a los Juegos Olímpicos, por todo lo que significa para el país. Es difícil porque pueden tres mayores nada más, pero sinceramente, lo deseo de corazón. Luego, que mis compatriotas sigan jugando tan bien en sus equipos como hasta ahora, porque eso lo aprovechamos todos y deja en alto el fútbol de Uruguay. Y también me gustaría consolidarme en el PSG ganando un título.