Sorpresas mayúsculas en Europa
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Para alcanzar las semifinales de la Liga de Campeones de la UEFA, el APOEL de Nicosia deberá realizar ante el Real Madrid posiblemente la mayor hazaña que haya presenciado nunca el torneo en su larga historia: los chipriotas están obligados a remontar un 3-0 ante el Real Madrid. Si bien sus opciones parecen escasas, FIFA.com se fija en otros resultados que podrían servirles de inspiración en el Santiago Bernabéu. De hecho, no sería el primer resbalón insospechado que sufre el club español.

Una moneda de dos caras
Después de empatar a 0-0 a domicilio frente al Spartak de Moscú, los Merengues confiaban en rematar a su adversario en Madrid en cuartos de final de la campaña 1990/91. Y más aún cuando Emilio Butragueño firmó, a los nueve minutos, el gol número 22 de su equipo en aquella temporada.

Pero la ventaja no duraría, y el conjunto local, en el que militaba Hugo Sánchez, se encontró con el marcador en contra antes del descanso. Los españoles fueron incapaces de rehacerse, y Valeri Chmarov tuvo la última palabra, al certificar el 1-3 definitivo para los moscovitas, que accedieron así a semifinales.

También destacan sendas derrotas en la segunda ronda ante el Grasshoppers suizo y el Standard de Lieja, aunque el mayor revés sufrido por el Real Madrid se produjo en 1962 —durante su célebre época de supremacía europea—, a manos de otro oponente belga, el Anderlecht. Todos apostaban por la clasificación para la segunda fase de un equipo en el que figuraban jugadores de la talla de Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskás, pero la ida terminó en tablas, 3-3, y la gran potencia del fútbol mundial abandonó el Bernabéu abucheado por sus propios hinchas. En el choque de vuelta los españoles tuvieron la pólvora mojada, y cuando todo apuntaba a que habría que jugar un partido de desempate Jef Jurion apareció para dar la puntilla a un rival que atesoraba cinco trofeos, proeza que le valió ser conocido desde entonces con el apodo de Mister Europe.

También ha habido sorpresas en la final. Aunque es muy poco habitual ver a un matagigantes en el duelo por el título, en 1983 el Hamburgo se impuso contra todo pronóstico al Juventus, en cuya alineación estaban seis campeones de la Copa Mundial de la FIFA™ con Italia, Michel Platini y Zbigniew Boniek. O los Leones de Lisboa del Celtic de Glasgow, que doblegaron al carísimo equipo del Inter de Milán confeccionado por Angelo Moratti en 1967. No obstante, la mayor sorpresa fue, sin duda alguna, el triunfo del Steaua de Bucarest sobre el Barcelona en 1986.

El Steaua da la campanada
El Barça aún no había ganado una Copa de Europa, pero su prestigio era mucho mayor que el de su adversario, clasificado para la final casi sin hacer ruido. La tenacidad defensiva mostrada en Sevilla por los rumanos les permitió mantener a raya al equipo de Terry Venables durante dos horas, y el partido llegó a los penales. Helmuth Duckadam se erigió entonces en protagonista con una actuación inconmensurable —detuvo los cuatro lanzamientos de los catalanes—, y el trofeo viajó por primera vez al este de Europa.

Seis años más tarde, en la primera edición con el formato de la Liga de Campeones, en 1992, el Barcelona volvió a tropezar, esta vez frente al CSKA de Moscú, que provocó una de las mayores sorpresas del torneo al dejar en la cuneta a los defensores del título en la segunda ronda. Después del 1-1 registrado en Moscú, se preveía una goleada del equipo de Johan Cruyff en el Camp Nou. Y los locales se situaron con un 2-0 a favor cerca del descanso, hasta que todo dio un vuelco en apenas quince minutos.

Un gol de Yevgeni Bushmanov al filo del descanso infundió esperanzas a los suyos, y otros dos tantos antes de que se cumpliese la hora de juego —Dmitri Karsakov puso la guinda mediante un atrevido remate— llevaron un silencio sepulcral a las gradas del Camp Nou. Hristo Stoichkov, Michael Laudrup y Pep Guardiola abandonaron el campo cabizbajos, en la última eliminación hasta la fecha de los campeones antes de Navidad.

Fin de una época
El Ajax recibió una humillación mayor si cabe en 1973, al ser eliminado en su primer compromiso por el CSKA de Sofía después de ganar tres trofeos consecutivos. Aunque Cruyff ya se había ido al Barcelona, el plantel neerlandés todavía contaba con estrellas como Johnny Rep, Ruud Krol y Johann Neeskens.

En la temporada anterior, había vencido por 6-1 a los búlgaros, pero su exigua victoria por 1-0 en Amsterdam hizo que el segundo choque fuese tenso. El CSKA consiguió forzar la prórroga, y posteriormente, a cuatro minutos de la tanda de penales, un gol de Stefan Mihailov puso fin a la época del “Fútbol Total” del club holandés.

Otra de las mayores sorpresas de la Copa de Europa vino en la cuarta edición del certamen. El Juventus de John Charles y Giampiero Boniperti se había adjudicado cómodamente el título de la Serie A de 1958, pero cayó de manera estrepitosa contra el Wiener Sport-Club.

La Juve despachó sin problemas su primera cita en Turín (3-1), y todo indicaba que el viaje a Austria sería un mero trámite. Sin embargo, perdió por un tanteo auténticamente estrepitoso, de 7-0, con cuatro dianas de Josef Hamerl. “Sus pases no encontraban a nadie, los jugadores tropezaban ellos solos, no eran capaces de combinar”, contó Walter Horak, del WSC. “Llegaron mentalizados, pero en cuanto empezaron a llover los goles se desmoralizaron”.

La apisonadora del Artmedia
El Celtic causó sensación ante un rival en teoría superior en el decenio de 1960, pero tuvo a su vez un inesperado tropiezo contra el Artmedia de Bratislava en 2005. El equipo eslovaco acababa de ganar su primera liga nacional, y recibía en la segunda ronda previa a los escoceses, después de haber batido en la prórroga al Kairat de Almaty kazajo.

El modesto cuadro centroeuropeo acabó endosando un inapelable 5-0 al conjunto de Glasgow. Después del encuentro, el técnico visitante, Gordon Strachan, se sinceró: “Hace ocho años que soy entrenador, antes fui jugador durante veinticinco, y esta es, indiscutiblemente, la peor noche de fútbol que he tenido nunca. Decir que estoy decepcionado sería quedarme corto”.

A las órdenes de Vladimir Weiss —quien luego conduciría a la selección eslovaca a octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2010—, el Artmedia se adjudicó la eliminatoria por un resultado global de 5-4, convirtiéndose en el segundo equipo eslovaco que alcanzaba la liguilla. También es uno de los dos únicos clubes que lo ha hecho después de sortear la fase previa completa. El otro, el Liverpool, lo logró aquel mismo año.

A mediados de los años 90, el AC Milan de Arrigo Sacchi se mostraba intratable. Su hegemonía ya empezaba a resquebrajarse, pero todavía era el vigente campeón de Italia, y había participado en cuatro de las seis finales anteriores, cuando el Rosenborg lo eliminó en 1996. Los lombardos únicamente necesitaban un empate en San Siro para clasificarse en su grupo, y ya habían ganado 1-4 en Noruega, por lo que nadie aguardaba sorpresas. Aun así, Harald Brattbakk, con un balance de un gol y una asistencia frente a una nerviosa formación local, fue el principal artífice del triunfo por 1-2 de su equipo, que entró en cuartos de final.