Una mano amiga

Una de las habilidades menos espectaculares de los guardametas, la de no enfriarse cuando el equipo contrario no pasa del medio campo, ha resultado ser la más útil para el portero alemán Lutz Pfannenstiel. FIFA World lo entrevistó una mañana del mes de marzo. Pfannenstiel acababa de despertarse en el segundo de los cinco días que pensaba pasar confinado, voluntariamente, en un iglú de los Alpes bávaros, en el marco de una campaña del Global United, el club de fútbol sin ánimo de lucro que fundó en 2008. Reuniendo a muchos de los amigos futbolistas que Pfannenstiel hizo durante su carrera en todo el planeta, el Global United disputa partidos benéficos para recaudar fondos destinados a las víctimas de catástrofes medioambientales y enseñar a la gente los efectos del cambio climático. Más de 300 estrellas de ayer y de hoy se han apuntado al proyecto, incluidos jugadores internacionales como el alemán Lothar Matthaeus, el checo Pavel Nedved y el brasileño Giovane Elber.

Parece que a Pfannenstiel recluirse en un estrecho iglú le resulta más duro que a la mayoría de nosotros. Auténtico manojo de nervios, este bávaro de 38 años no ha dejado de moverse desde los 18, cuando abandonó Zwiesel, su ciudad natal, para pasar las siguientes dos décadas viajando por el mundo, obteniendo así una experiencia casi inigualable para cualquier futbolista. Según su propia estimación, ha militado en 25 clubes y ha atajado balones en países tan dispares como Albania, las Maldivas y Uzbekistán.

El fútbol une a la gente de cualquier edad, clase social y cultura, y por ello es un medio muy poderoso para lograr transmitir el mensaje.
Lutz Pfannenstiel, sobre su proyecto Global United, que utiliza el fútbol para combatir el cambio climático.

Además de cosechar títulos de liga en Finlandia y Singapur, Pfannenstiel se hizo un hueco en el Libro Guinness de los Récords  por ser el único jugador que ha pertenecido a clubes profesionales de las seis confederaciones, yendo y viniendo de Europa, África, Asia, Oceanía, Norteamérica y Sudamérica. Fue durante este periplo cuando este trotamundos vio de primera mano el daño que se estaba causando al planeta. “Mi ciudad natal está rodeada de bosques y praderas –explica–. La población vive de la belleza natural del lugar, así que aprendí a respetar el medioambiente desde muy pequeño. Sin embargo, en mis viajes por el mundo vi cómo la gente muestra indolencia, tira basura y contamina su entorno, incluída el agua”. Así es como se le ocurrió la idea de utilizar el fútbol como herramienta para enseñar a la gente los peligros de comportarse de esa manera. “El fútbol une a la gente de cualquier edad, clase social y cultura, y por ello es un medio muy poderoso para lograr transmitir el mensaje”, aclara.

Manos a la obra
Además de hacer campaña por la protección del medioambiente, Pfannenstiel y sus compañeros del Global United ofrecen ayuda urgente ante catástrofes medioambientales. En 2010, tras ver por televisión las imágenes de la miseria causada por las terribles inundaciones que se produjeron en el sur de Pakistán, viajó allí con tres ex internacionales: el neozelandés Wynton Rufer, el estadounidense Tony Sanneh y el germanocongoleño Michél Mazingu-Dinzey. No estaban preparados para ver lo que se encontraron.

Las aguas, de un color marrón amarillento, llegaban a la altura del pecho de un adulto, y la corriente arrastraba a cualquiera que se interpusiera en su camino. El mercurio superaba los 40º, el hedor de los animales muertos flotando en el agua sucia era insoportable y el cólera no tardó en propagarse. Los cadáveres se preparaban para ser enterrados, envueltos en sábanas y cargados de piedras para que se hundieran. Pfannenstiel y su equipo comenzaron a repartir suministros. “Trabajamos de sol a sol dando a la gente comida, medicinas y pastillas para potabilizar el agua. En los cinco días que estuvimos allí, ayudamos a unas 5.000 familias, no solo paseando, tomando fotos y dándoles dinero, sino llevándoles productos y cocinando para ellos”.

Las imágenes del sufrimiento de los paquistaníes permaneció en la memoria de los futbolistas durante mucho tiempo pero, como explica Pfannenstiel, el sentimiento de sentirse realizados fue inmenso: “Cuando volvimos a casa, apestábamos, estábamos cansados y teníamos las manos llenas de ampollas, pero nos sentíamos genial porque habíamos hecho algo realmente importante”.

Un guante en cada puerto
Podría decirse lo mismo de la carrera ambulante de Pfannenstiel pero, como él bien señala, nunca entró en sus planes recorrerse las seis confederaciones. “No me había dado cuenta de que ya había jugado en cinco hasta que unos amigos me dijeron que solo me faltaba Sudamérica para completarlas todas”. “De niño había soñado con jugar en Brasil pero casi ningún europeo lo había logrado, por no hablar de los alemanes, así que pensaba que era imposible. Cuando mi representante me dijo que el Clube Atlético Hermann Aichinger estaba interesado en mí, no me costó mucho decidirme a hacer las maletas”.

Pfannenstiel recalca que nunca se fue de un club a otro solo porque sí. “En Inglaterra, mis amigos me decían que cambiaba más de club que de ropa interior, pero no soy un mercenario, como la gente puede pensar. Siempre cambié de equipo por algún motivo. En algunos casos, el club o la liga quebraron, mientras que en otros cambiaron al entrenador y este quería traer a sus propios jugadores. La verdad es que pasé seis años en el mismo equipo, el Dunedin Technical de Nueva Zelanda, pero la gente cree que son dos clubes porque cambió de nombre cuando yo estaba allí [pasó a llamarse Otago United]”, cuenta.

Algunas de las aventuras futbolísticas de Pfannenstiel, relatadas en su autobiografía Unhaltbar (“imparable”), no son aptas para todos los públicos. En 1999 fue arrestado en Singapur por supuesto amaño de partidos y le condenaron a tres meses y medio de cárcel. Acusado de “hacer paradas sospechosas”, perdió 16 kg en los 101 días que pasó en prisión y tuvo que luchar por sus raciones de comida para no morir de inanición. Si bien este es un capítulo que prefiere no repetir, Pfannenstiel reconoce que la experiencia le hizo cambiar de actitud. “Antes de que pasara eso, era un futbolista normal, que vivía a lo grande sin pensar en nada más que en el siguiente partido. Pero crecí después de estar en la cárcel”.

Mis amigos me decían que cambiaba más de club que de ropa interior, pero no soy un mercenario. Siempre cambié de equipo por algún motivo.
A lo largo de su carrera, Pfannenstiel ha militado en 25 equipos de los 5 continentes.

Más tarde, cuando militaba en el Bradford Park Avenue inglés, Pfannenstiel chocó contra un rival y se lesionó de tal gravedad que “murió” tres veces: “Fue un accidente muy raro. Salí a buscar un balón dividido y, cuando el delantero trató de saltarme por encima, me aplastó con la rodilla el plexo solar. Todo mi sistema nervioso se paralizó y el corazón se me paró tres veces. Si no hubiera sido por la rápida intervención del fisioterapeuta, no estaría hoy aquí”.

¿El sexto continente?
El viaje de Pfannenstiel por el mundo le permite comparar como nadie la cultura futbolística de cada lugar. Si bien algunos de sus recuerdos responden a las expectativas de los aficionados, otros resultan sorprendentes. “En países como Noruega, Finlandia e Inglaterra, los jugadores son altos y fuertes, y eso es algo que los porteros notamos mucho, sobre todo en las divisiones inferiores. Pero Brasil tampoco es moco de pavo. Se supone que allí practican el jogo bonito y llegué esperando un juego técnico, divertido... lo que uno se imagina que hacen en las playas de Río de Janeiro, vaya. Y resultó que en el sur del país juegan un fútbol muy disciplinado, con entradas muy duras”.

El periplo de Pfannenstiel también le ha hecho cambiar su manera de entender otros países. Pone como ejemplo Albania: “Antes de llegar, pensaba que era un país difícil con mucha delincuencia. Pero pasé varios meses en un club llamado KF Vllaznia, de la segunda ciudad más grande del país, Shköder, y podría haber dormido con la puerta de casa abierta toda la noche. Prácticamente no había delincuencia”. ¿Y cuál es su país favorito? “Me lo pasé muy bien en Noruega. La gente es simpática y civilizada, los paisajes son preciosos y además me divertí mucho en el campo”. Pfannenstiel puso punto final a su carrera en 2010, después de hacer una última parada en el club namibio Ramblers FC. Ahora reparte su tiempo entre el Global United y el Hoffenheim de la Bundesliga. “En el Hoffenheim desempeño dos funciones. Soy ojeador internacional, lo cual me permite seguir viajando a torneos del mundo entero, como la reciente Copa Africana de Naciones y, además, me encargo de las relaciones internacionales del club, que va desde organizar actividades de entrenamiento en todo el planeta hasta gestionar los socios del club y tratar con la prensa mundial”.

Aunque esta nueva profesión promete menos agitación en las vidas de su mujer y su hija, no parece que el guardameta bávaro sea capaz de estar en un sitio durante mucho tiempo. Pocos días después de abandonar el iglú, se irá a las barriadas de Namibia, un país que sufre la deforestación como consecuencia de la sequía, principalmente. Pfannenstiel pretende dar visibilidad al problema con otra serie de partidos benéficos con ex jugadores como el delantero alemán Fredi Bobic y la leyenda zambiana Kalusha Bwalya. En los próximos años, además, espera visitar el único continente que le falta, la Antártida, con el Global United. “No es una idea tan disparatada. Evidentemente, no vamos a jugar un partido en el Polo Sur, porque sería casi imposible, pero queremos disputar un partido en una pista de aterrizaje cerca de una de las estaciones científicas del Gobierno. ¿Te imaginas la repercusión que tendría?”