Deco: "Neymar está al nivel de Messi y Ronaldo"
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Haber llegado a los 34 años con una lista de 21 títulos conquistados en cuatro países diferentes —incluidas dos Ligas de Campeones de la UEFA— parece servir a Deco para sentirse cómodo ante los micrófonos. No solo para hablar de su buen momento con el Fluminense en 2012, sino también para analizar el fútbol que se practica en otras partes del globo y fijarse detenidamente en jugadores como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, ex compañeros suyos, o Neymar, a quien ya considera uno de los mejores del mundo. Esta es la entrevista exclusiva que ha concedido a FIFA.com.

Después de tres años en Europa, está usted disputando su tercera temporada en el Fluminense, un registro que solo había alcanzado en el FC Porto y el Barcelona. ¿Ya se siente totalmente en casa en el club?
Bueno, al principio, el regreso a Brasil fue... complicado. Principalmente porque tuve muchas lesiones, que dificultaron mi adaptación, y también en lo que respecta a las infraestructuras. Claro que es diferente. Sobre todo, porque vine del nivel más alto posible: el FC Porto, que es el club mejor estructurado de Portugal, y dos gigantes, como el Barcelona y el Chelsea. Pero ahora ya estoy totalmente habituado y feliz.

Ese periodo de lesiones llegó a hacer que se plantease la continuidad de su carrera, ¿no?
Pues sí… Físicamente me sentía bien, al llegar. Pero sufrí una serie de lesiones que me debilitaron mucho. Porque, cuando uno está en esta fase de su carrera, después de tantos años de entrenamientos, de concentración, lo que motiva es jugar, competir. Y, sin tener eso, empecé a preguntarme si realmente valía la pena continuar. Cuando uno está empezando, sabe que tiene toda la vida por delante, pero, en aquel momento, era difícil darle sentido a mi trayectoria si no conseguía entrar en la cancha.

Para alguien que ha ganado dos Ligas de Campeones de la UEFA, ¿qué supone ahora disputar una Copa Libertadores?
Son desafíos completamente diferentes. Pero, sinceramente, es más difícil para un gran equipo, como el Fluminense, ganar la Libertadores que para un grande de Europa ganar la Champions. Por una simple cuestión de probabilidades: el Flu no es claramente mejor que el Corinthians, el Santos, el Inter, Boca Juniors, la Universidad de Chile... Hay al menos diez equipos en condiciones claras de luchar por el título, mientras que en Europa son unos cinco o seis. Claro que, sobre todo en las fases decisivas, el nivel técnico de la Champions es más alto, pero, para un club grande, es más complicado ganar la Copa Libertadores.

Fluminense ha sido el primero en asegurar su presencia en octavos de final de la Libertadores, además de hacerlo con la mejor campaña. ¿Cuál ha sido el punto más fuerte del equipo hasta aquí?
Lo principal fue haber conseguido victorias en nuestros primeros dos partidos como locales (ndr: ante Arsenal y Zamora). En un torneo como la Libertadores, eso es fundamental. Y entre esos juegos, además, ganamos un gran partido como visitantes contra Boca Juniors, lo que nos dio una confianza enorme.

Ganar en la Bombonera no es para cualquiera. ¿El ambiente es tan impresionante como se comenta?
Ocurre algo similar a lo que veía cuando estaba en Barcelona: los equipos de otros países llegaban al Camp Nou y se intimidaban con el tamaño del estadio, la mística y la cantidad de gente, mientras que los equipos españoles ya estaban más acostumbrados. Creo que es lo mismo con la Bombonera: a veces, algunos equipos extranjeros que son incluso mejores que algunos argentinos, tienen más dificultades allí porque se impresionan con el ambiente que es, de hecho, impresionante. Pero por suerte, nuestro equipo tiene experiencia y se comportó con tranquilidad.

El plantel actual del Fluminense no es muy distinto al de la temporada pasada. ¿Qué cambió en el equipo para que llegase tan bien al 2012?
A decir verdad, ya veníamos jugando muy bien en el final de 2011. El grupo no cambió tanto, pero ahora contamos con más opciones. Tuvimos, claro, un refuerzo de calidad en Thiago Neves, y los reemplazos han mantenido el nivel: Mariano por Bruno y Marquinho por Wágenr. A eso hay que sumarle el regreso de Wellington Nem, que posee el tipo de velocidad que nos faltaba la temporada pasada.

No todos los clubes contabilizan los pases de gol, pero es muy posible que usted ya haya dado más asistencias que tantos ha marcado, ¿no?
Posible, no. Creo que es cierto (risas). Me gusta marcar, claro, pero nunca me he obsesionado con ello. Me gusta mucho esa función de organizar el juego, saber que el ritmo del equipo depende de mí. Me gusta esa responsabilidad.

¿Y siempre ha sido así, hasta cuando era más joven?
Siempre. Incluso en cuanto a satisfacción personal: construir una jugada que termine en gol siempre me ha llenado tanto como marcar. Claro que, con el tiempo, también he cambiado mi estilo. No solo por haber perdido en explosión física y en arranque, sino porque he aprendido mucho sobre el juego colectivo. Un buen ejemplo es el Barcelona: siempre cuenta con grandes jugadores, pero nadie regatea nunca tan solo por regatear, únicamente cuando es necesario.

¿Al volver a Brasil se encontró con una mentalidad muy diferente a esa?
Por mucha habilidad que exista aquí, el fútbol brasileño siempre ha tenido esa característica de toque de balón, pero, por desgracia, creo que en cierto modo eso se está acabando. Parece existir la idea, en general, de que la calidad individual puede resolverlo todo por sí sola. De que basta con tener una o dos estrellas.

¿Por qué cree que se ha producido ese cambio?
Creo que no se está trabajando la cantera como se debería: tengo la impresión de que existe más preocupación por ganar títulos que por formar de verdad jugadores. Como aquí hay tanto talento, tendemos a pensar que surgen de la nada. Y claro que aparece un Neymar, un Ganso, un Lucas... Pero podrían surgir todavía más y mejores. Otro factor que influye es el hecho de que hay jugadores que abandonan Brasil muy pronto. Durante años, muchos jóvenes han salido para lugares como Ucrania o Japón, que, con todo el respeto, no siempre son ligas donde uno se va a enfrentar a adversarios de un nivel más alto. Lo ideal sería que el jugador se quedase aquí y construyese una base en Brasil, o que, al salir, se fuese para un nivel más alto.

El Barcelona de Pep Guardiola se ha convertido en un paradigma de ese fútbol de toque de balón al que usted se refería. ¿Cuánto ve, en ese equipo, algo del de Frank Rijkaard en el que usted estuvo?
El Barcelona es un club cuyos equipos varían según los jugadores, pero en el que la cultura no cambia. Y este concepto de tocar la pelota ha alcanzado la perfección con Guardiola, que es alguien que conoce bien esta cultura. La gran diferencia de este equipo con el nuestro es que tiene jugadores de esas características en todas las posiciones, mientras que nosotros teníamos unos cuatro o cinco. Es increíble: los jugadores más habilidosos del Barça no mandan el balón arriba si hay posibilidades de perderlo, sino que tocan. Y para eso no solo se necesita calidad, también mentalidad.

Usted jugó al lado de Lionel Messi y de Cristiano Ronaldo cuando eran más jóvenes. ¿Qué siente al observar ahora, de lejos, lo que ambos están haciendo?
Son dos jugadores increíbles. Los dos mejores del mundo, con creces. Tienen estilos diferentes, pero la misma capacidad de sorprender. Cristiano tiene una fuerza increíble y lleva su espíritu competitivo al extremo, mientras que Messi es calidad pura: esos movimientos que parecen ser siempre los mismos, pero que nadie consigue parar ni por asomo. Lo que me sorprende es que se hayan convertido en jugadores que crean mucho, además de marcar sus propios goles. Claro que, cuando eran jóvenes, yo ya sabía que los dos estaban muy por encima de la media, pero no deja de impresionarme su capacidad de mantener ese nivel durante tanto tiempo y de no conformarse nunca: siempre están alcanzando récords nuevos, que parecen imposibles.

Y hoy usted asiste, aquí en Brasil, al surgimiento de Neymar. En su opinión, ¿hasta qué punto se parece actualmente a esos jugadores de primer nivel?
Neymar, bajo mi punto de vista, ya está en ese mismo nivel. Tiene en común con los otros dos esa capacidad de marcar tantos goles, a pesar de no ser delantero centro. Creo que, si estuviese en el Real Madrid o en el Barcelona, haría todavía más de lo que hace hoy, porque tendría jugadores mejores a su lado, una estructura mejor... Hay que tener en cuenta las proporciones: por un lado, es evidente que el nivel técnico de Brasil no llega al de una semifinal de la Liga de Campeones de la UEFA, pero también es necesario hacer frente a problemas distintos. No es más fácil, ni más difícil: es diferente. Pensando solo en el nivel técnico, en mi opinión está a la altura de un Messi o un Cristiano.

¿Cree que todos los éxitos que ha cosechado en Europa le han valido para ser más respetado ahora aquí, en Sudamérica?
Sinceramente, siento ese respeto, sí. Porque en estos últimos años en Sudamérica se sigue el fútbol europeo más que en la propia Europa (risas). Sé que existe esa admiración por la carrera que he tenido ahí fuera, pero también que solo dura hasta el momento de entrar en el campo: cuando suena el pitido inicial, todo el mundo olvida todo (risas).