Sammer: "Más fuertes con las derrotas"
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En la Eurocopa de Inglaterra 1996, cuando Alemania conquistó su último gran título, un jugador se reveló como el alma del combinado germano. Con su estilo elegante, Matthias Sammer personificó la clase futbolística y la más firme voluntad de victoria. Sammer fue nombrado Mejor Jugador Europeo de aquel año, lo que le convierte en el último futbolista alemán que ha recibido una gran distinción individual hasta la fecha.

Jugador de Dínamo de Dresde, Stuttgart, Inter de Milán y Borussia Dortmund, Sammer logró dos ligas y una copa en la RDA, así como dos ligas de Alemania, una Liga de Campeones de la UEFA y una Copa Intercontinental. El centrocampista ya destacaba sobre el campo como un gran estratega y, tras colgar las botas, fue entrenador del Dortmund y del Stuttgart. Desde 2006, este sajón de solicitadísima opinión trabaja como Director Deportivo de la Asociación Alemana de Fútbol (DFB).

“Sammer es una persona molesta, pero siempre en el buen sentido de la palabra. Con su perseverancia y su impaciencia puede sacarte de quicio, aunque de una manera constructiva y positiva. En todo caso, eso es precisamente lo que necesitamos en la DFB”, asegura Wolfgang Niersbach, el nuevo Presidente de la Asociación Alemana de Fútbol, en referencia a este ex futbolista de 44 años: “Siempre quiere lograr el éxito, porque esa es la única forma de poner algo en marcha, introducir los cambios necesarios y darle la dirección adecuada”.

A falta de pocos días para el comienzo de la Eurocopa 2012, Sammer dialogó en exclusiva con FIFA.com sobre emociones, recuerdos, premisas indispensables, liderazgo y evolución táctica en el mundo del fútbol.

Señor Sammer, usted fue la primera gran estrella futbolística de la Alemania Oriental después de la reunificación. Este dato debe tener muchas connotaciones emocionantes para usted...
Al principio, cuando jugué mi primer partido internacional con la Alemania reunificada, me sentí un poco desorientado. Unos meses antes había marcado dos goles en Bélgica con la RDA y de repente estaba oyendo otro himno, pero lo asimilé rápidamente. Simplemente me sentía orgulloso de formar parte de una selección alemana. El lugar de procedencia me daba igual. Puede que en mi corazón siempre haya sido un alemán del oeste [risas]. ¿Qué creen ustedes, que cuando en la RDA jugábamos en el patio, con ocho o nueve años, no queríamos emular a los grandes futbolistas? ¿Piensan que en los 70 no queríamos ser como los campeones de la Alemania Occidental? Lo único que pasaba es que no podíamos decirlo en voz alta.

¿Y a quién quería parecerse usted?
[Risas] A un jugador diferente cada vez. En cualquier caso, ¡vaya jugadorazo que era Franz Beckenbauer! ¡Y qué decir de Gerd Mueller! Por supuesto, ellos también eran mis ídolos.

Estos días, con la Eurocopa 2012 a la vuelta de la esquina, ¿se acuerda usted mucho de Inglaterra 1996?
La verdad es que no. A veces me pregunto por qué ya no ganamos los partidos decisivos. Las cosas se están haciendo bien en las categorías inferiores, en los clubes y en la selección, eso está claro, pero el hecho es que últimamente no ganamos los partidos importantes, como pasó en el Europeo sub-17 o en la final de la Liga de Campeones.

Cuando jugaba, usted desempeñaba el papel del líder clásico. ¿Es eso lo que le falta actualmente a la selección alemana?
Nunca me oirá decir que yo era un líder en 1996. En todo caso, hay que llamar a las cosas por su nombre y es necesario establecer unas premisas que en mi opinión resultan fundamentales para lograr el éxito. Ese será uno de los aspectos que deberemos tratar en la formación de nuestros talentos. Creo que tenemos jugadores que llevan esos genes. Debemos hacer que los activen, pero, sobre todo, en Alemania hemos de darnos cuenta de que una cierta vehemencia es un elemento importante. No hablo de egos, sino de discursos en los que el equipo ocupa un lugar destacado. No sé cómo sería si jugase hoy. En aquella época, los entrenadores buscaban y fomentaban ese toque de irritabilidad. Yo veo una relación entre esto y el hecho de que no ganemos partidos importantes. Faltan los puntos sobre las íes.

En el fútbol hay, por un lado, una tendencia a ceñirse a un sistema, pero, por el otro, se buscan las individualidades. ¿No es eso una contradicción?
Hay que diferenciar entre criterios deportivos y mentales. Desde un punto de vista deportivo hay que entender que se proteja a los jugadores que son diferentes. Eso es lo que hacemos. Tenemos, por ejemplo, a Mesut Oezil y Sami Khedira, jugadores del Real Madrid, que son totalmente diferentes futbolísticamente pero tienen los dos una mentalidad absolutamente ganadora, por lo que resultan compatibles. La contradicción está en que uno no puede centrarse primero en un sistema y luego tener que elegir. Entonces no hay lugar para individualidades. Las cosas funcionan cuando al final se juntan sistema y genio.

Como ya ocurrió en 2010, los jugadores del Bayern de Múnich afrontan un gran certamen después de perder una final de la Liga de Campeones. ¿Supone esto una desventaja para la selección alemana?
Está claro que Bastian Schweinsteiger todavía no se ha sacado la espina. Se siente muy responsable, y eso me parece positivo. Al fin y al cabo, se trata de un jugador que no se arredró en la final. Le vendrá bien centrarse en la Eurocopa. Para un club, la Liga de Campeones es lo más grande, pero, con todos los respetos, una Eurocopa está un nivel por encima en el escalafón.

Desde el punto de vista de los jugadores del Bayern, ¿se puede sacar algo positivo de la derrota contra el Chelsea?
La gente piensa que los alemanes ganan siempre, pero no es así. Los grandes campeones se hacen más fuertes con las derrotas. Deben darse cuenta de que deportivamente están en condiciones de crecer, como efectivamente les ocurre. Después se debe sacar el máximo provecho de la experiencia, como ya hemos comentado. Una vez tuvimos un gran portero que era muy ambicioso y siempre decía: ‘La vida sigue’ [Sammer se refiere a Oliver Kahn]. No es casualidad que aquel hombre ganase muchos títulos.

¿Puede Alemania ganar la Eurocopa?
¡Sí, por supuesto! ¡Claro que sí! Pero tenemos que demostrarlo. Cumplimos los requisitos necesarios para lograrlo. Tenemos un gran plantel, un gran entrenador y un gran cuerpo técnico. No obstante, la pregunta es cómo gestionará el equipo los momentos difíciles. En una competición siempre te encuentras dificultades. Si logra salir airosa de las dificultades, la selección tendrá opciones.

¿En qué se diferencian los jóvenes de antes y los de ahora?
Aunque los factores que les afectan son muy diferentes, percibo en los jóvenes de hoy una enorme voluntad que se manifiesta de forma muy precoz, así como una tremenda profesionalidad. A su vez, lo que echo de menos es una relación más fluida entre ellos. A menudo, los jóvenes prefieren distraerse con las nuevas tecnologías y las redes sociales antes que con sus compañeros. Extraño las bromas en el plantel. Me choca que nuestros equipos sean tan callados. En el bus se puede escuchar música alta, pero... ¿qué pasa luego en el campo? Estas cosas se reflejan sobre el terreno de juego. En ciertas situaciones falta comunicación y ese toque de descaro, locura y emotividad. Está claro que aún no hemos conseguido reactivar todo esto. Por ahora no tengo la fórmula mágica, pero estoy en ello.

¿Se trata de un problema alemán o generalizado?
La verdad es que debo confesar que en las competiciones juveniles somos los más callados. No quiero decir que si hacemos lo contrario vayamos a ganar ya, pero hay situaciones en las que no viene mal un ambiente distendido y alegre. Debemos reflexionar al respecto.

Usted es una persona muy vehemente, que se preocupa por todo y no se calla las cosas. ¿No le atrae el trabajo de entrenador?
Rotundamente no, y no lo digo por cuestiones tácticas. Simplemente, el trabajo que tengo ahora me llena por completo.

Hablemos de táctica: los sistemas modernos están diseñados para atacar por fuera con jugadores habilidosos y rápidos en el uno contra uno. ¿Volveremos a ver en el futuro un sistema que vuelva a centrarse en el clásico diez que juega por dentro?
Eso también depende de si se dispone de ese diez clásico. Sin duda, Mesut Oezil es uno de esos jugadores. Pero, al final, la clave es cómo se defina a un diez. Si un diez juega actualmente como segundo delantero, ¿significa eso que no es un diez clásico, solo por desempeñar esa función? Creo que en el futuro volveremos a ver esos enganches clásicos, pero sólo si son lo suficientemente atléticos y fuertes físicamente como para trabajar también en defensa.

Ha mencionado usted a Oezil. ¿Puede este jugador ganar el Balón de Oro de la FIFA algún día?
Creo que en la selección alemana hay varios futbolistas que podrían perfectamente ganar un gran premio individual. Oezil es uno de ellos, pero no es el único. Lo cierto es que para ganar el Balón de Oro suele hacer falta que tu equipo consiga algún título importante. No ocurre siempre, pero en general es así, por lo que dependerá de eso. En cualquier caso, me alegraría mucho que alguien me relevase por fin como el último jugador alemán que ha ganado una gran distinción individual [risas].