Trezeguet: "Mi corazón siempre fue argentino"
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La figura de David Trezeguet intimida. Y no sólo desde sus 1,90 metros de estatura. El francés de ascendencia argentina acumula innumerable cantidad de títulos con la Juventus de Italia y la selección Bleu, con la que conquistó nada menos que la Copa Mundial de la FIFA 1998 y la Eurocopa 2000.

Seguro, medido y determinante, igual que en el campo de juego, el cuarto goleador histórico de la Vecchia Signora habló con FIFA.com sobre sus inicios en Francia, su pasado con el combinado nacional galo y la relación sentimental que lo une con la selección argentina. A continuación, compartimos la primera parte de este diálogo exclusivo con el capitán de River Plate.

David, se está por cumplir un año desde su llegada a River Plate. ¿Le sorprende lo rápido que se ha metido en el corazón de los hinchas Millonarios?
Tengo un gran aprecio hacia la gente de River y pienso que es mutuo. El público entendió rápidamente que venía con expectativas de jugar. Lo otro era muy secundario para mí: lo que se dijera de lo económico, o que venía porque no había jugado en Emiratos Árabes Unidos. Lo más importante era hacer una buena pretemporada y, de a poco, ir demostrando mis cualidades. La gente lo fue apreciando y la verdad es que hubo una comunión muy fuerte rápidamente. Para mí fue algo notable, podríamos decir que pasé la prueba. El hincha aprecia tanto mi juego como el tipo de persona que soy y eso es algo que tomo muy en consideración.

Con una carrera tan exitosa, los sacrificios del pasado suelen pasar desapercibidos para la opinión pública. ¿Qué recuerda de su partida de Argentina para probar suerte en el fútbol francés?
No hablaría tanto de mi sacrificio, porque a los 18 años uno no reflexiona mucho ni como jugador ni como persona. Mi objetivo era irme a Francia sin pensar en lo que tenía. Mis viejos acá contaban con un buen laburo, mi hermana iba al colegio, estábamos bien y no nos faltaba nada. Pero bueno, estas ganas sin reflexionar a veces hacen que las cosas se den de manera positiva. Mi experiencia allá fue única: llegué a un club importante como el Mónaco que me hizo crecer de manera extraordinaria. Me dio la posibilidad de integrar la selección nacional, ganar la Copa Mundial en 1998, la Euro en 2000 y dar el salto a Italia.

El fútbol italiano parece haber visto lo mejor de su juego…
Allí pasé la parte más importante de mi carrera, donde integré la Juventus por diez años. Fue lo mejor que me pasó porque ahí conocí el verdadero fútbol, la ambición de un club y la de sus jugadores. Al haber tenido eso hoy me puedo permitir dar un consejo o saber lo que le falta a River para obtener lo que conseguí yo en esa década. Tuve la posibilidad de jugar con tres Balones de Oro como (Zinedine) Zidane, (Fabio) Cannavaro y (Pavel) Nedved, y alrededor de ellos conocer a otros como (Alessandro) Del Piero, (Zlatan) Ibrahimovic, Emerson, (Lilian) Thuram y (Patrick) Vieira. Futbolistas de un nivel extraordinario que, además del talento, han mantenido siempre la ambición por ganar títulos. Esa ambición es fundamental para conseguir objetivos.

¿Qué tan importante fue para usted el haber conocido a Thierry Henry?
Con Henry tenemos una muy buena amistad porque me ayudó mucho cuando llegué a Mónaco. El equipo estaba compuesto por jugadores entre 28 y más de 30 años, y él era el único chico que tenía 19 años. Y bueno, yo no hablaba el idioma pero él me sacaba, me acompañaba, me hizo conocer y aprender muchas cosas. A lo largo del tiempo he tenido un gran reconocimiento hacia él porque es una persona que colaboró en mi evolución, no sólo futbolística, sino social y cultural.

¿Qué fue lo más difícil en esa adaptación?
En ese momento Francia era un país muy difícil para mí por el idioma. Siempre fui una persona muy abierta en lo que respecta a la adaptación y aprender la lengua era fundamental. Me costó, pero lo logré. A esa edad lo más importante fue mi familia: el hecho de estar acompañado por mis padres y mi hermana en ese momento representó una base elemental en mi vida.

Con la selección no ha tenido grises, al menos en la Copa Mundial de la FIFA: campeón en 1998, eliminado en primera ronda en 2002 y finalista en 2006…
Es que hubo cambios. Entre los años 98 y 2000 hubo un recambio de generación en el equipo que ganó todo. Se nos fueron pilares muy importantes como (Laurent) Blanc, (Didier) Deschamps y (Marcel) Desailly, gente fundamental en la base de la selección francesa. Por ahí, la gente en Sudamérica recuerda más a Zidane, que era clave en lo técnico, pero había jugadores más importantes dentro del campo de juego que hacían al sostén del equipo. Blanc, que hoy en día es el ex técnico de la selección, con Deschamps, que es el actual entrenador, eran los dos pilares más importantes que teníamos. Y ese cambio de generación, como en todos los países, se sufre.

¿Y después?
Tanto 2002 como 2004 fueron dos períodos difíciles para Francia. En 2006 se reanudó esta adaptación a la nueva base que empezó a existir, y después hubo ciertos problemas en lo externo que exceden a lo futbolístico.

Su última participación en una Copa Mundial fue el penal fallado ante Italia en la final de Alemania 2006. ¿Influyó en su disparo el hecho de conocerse tanto con Gianluigi Buffon, compañero suyo en la Juventus?
Para nada. Esas son cosas que vienen de la prensa, pero no tienen nada que ver con nada. El penal, por más que conozcas a tu compañero, es un mano a mano ajeno a todo. Y una clara muestra de ello es que Buffon me conocía y se tiró al otro lado de donde fue el balón. Eligió otro palo pese a que habíamos estado prácticamente seis años juntos, aunque la pelota haya pegado en el travesaño. O sea que no, cada penal tiene su historia y lo del compañero es otra cosa.

Conociendo de cerca a Didier Deschamps, ¿qué expectativas le genera su proyecto al frente de la selección?
Lo veo bien, como veía bien a Blanc en su momento también. Los dos son buenos técnicos que ven bien el fútbol. Lógicamente, lo que pasó en la interna no lo puedo saber, pero Blanc decidió dar un paso al costado y allí asumió Deschamps. Espero que Francia pueda clasificarse para el próximo Mundial y ahí continuar con su crecimiento porque la base futbolística es muy buena para hacer cosas importantes. Hay que dejarla crecer.

Habiendo optado representar a la selección francesa como jugador, ¿qué relación lo ha unido todos estos años con la selección argentina?
La aprecio, no me es indiferente. Como argentino, he sido muy claro hacia Francia: siempre tuve un respeto muy importante hacia los franceses porque es un país que me adoptó y me brindó muchas cosas. ¡Hoy tengo dos hijos franceses! Me aportó mucho, pero mi corazón siempre fue argentino y siempre tuve un aprecio muy importante su fútbol y su selección. Después, claro, si nos teníamos que enfrentar iba a tratar de dar lo mejor por Francia.

¿Cómo fue jugar contra Argentina en ese contexto?
Jugué un amistoso en el año 2007, sí. Recuerdo que lo perdimos 1-0 con gol de Javier Saviola.  Si bien esos partidos nunca son del todo amistosos, las circunstancias, la preparación mental y los objetivos son distintos a lo que representaría enfrentarse en un Mundial. Me hubiese gustado enfrentarla en algún partido oficial aunque no tuve la posibilidad.

Mauro Camoranesi, amigo suyo, nos contó recientemente que sus compañeros de la selección italiana respiraron aliviados al saber que enfrentarían a Alemania y no a Argentina en la semifinal de la Copa Mundial en 2006. ¿Pensó igual?
Es que en el fútbol europeo, tanto Argentina como Brasil tienen ganado un gran respeto. Y juegan con los mismos objetivos que equipos como Italia y Francia: ganar el Mundial. Argentina siempre ha sido un equipo temible por sus características e individualidades. A los europeos les cuesta enfrentar a ese fútbol.

¿Qué diferencias principales podría marcar entre el estilo de juego sudamericano y europeo?
Los europeos siempre han intentado evitar al fútbol sudamericano. Lo sufren: el sudamericano, por su técnica, juega a tener más la pelota mientras que el europeo es más dinámico, físico y vertical. Jugar contra un rival que hace el juego más lento los pone en dificultad.

Para despedirnos, David, quisiéramos saber cómo afronta la idea del retiro. ¿Le preocupa esa posibilidad?
No me asusta, para nada. He visto y he compartido charlas con ex compañeros al respecto. Están los que se han retirado por querer dejar una buena imagen, y otros que se despidieron por motivo de las lesiones. Pero también están aquellos que se levantaron un día ya sin ganas de ir a entrenar o jugar. Cuando tenga este sentimiento va a ser el momento justo de dar un paso al costado, pero ahora estoy disfrutando mucho de la profesión.

Haz clic en el enlace de la derecha para leer la segunda parte de esta entrevista - Trezeguet: "El fútbol argentino debe volver a sus raíces"