La última obra del Diez
© AFP

A la hora de coleccionar efemérides llamativas, el año 1997 ocupa un lugar especial. Por un lado, será recordado por las muertes de la Madre Teresa de Calcuta, Jacques Cousteau y la Princesa Diana de Gales, entre otras celebridades. Desde lo futbolístico, en cambio, aquella temporada quedó inmortalizada por la consagración de Brasil en la Copa FIFA Confederaciones frente a una valiente Australia en la final, la irrupción de Ronaldinho en la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA o, por qué no, la confirmación del talento de Juan Román Riquelme en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA.

Y fue justamente Riquelme, apenas meses más tarde de su coronación en Malasia, el que protagonizó otro hecho histórico ese año. En el descanso del Superclásico que Boca Juniors terminó ganándole a River Plate por 2-1 en el estadio Monumental, Román reemplazó a Diego Armando Maradona en el que terminaría siendo el último partido como profesional en la carrera del Diez.

“Ese día quería jugar como fuera, ¡quería estar ahí! Jugué cuarenta y cinco minutos, pero jugué”, recuerda el capitán Xeneize, que evidenció ciertas limitaciones físicas ante el conjunto Millonario en la décima fecha del Torneo Apertura de 1997. Absorbido por la marca en el mediocampo, ante la atenta mirada de Horacio Elizondo en el arbitraje, Maradona apenas dejó algunos de los destellos habituales de su zurda y terminó reemplazado en el entretiempo con su equipo derrotado 0-1 con un gol de Sergio Berti.

En su lugar, dicho está, ingresó un joven Riquelme que pareció captar lo mejor de su antecesor: de sus pies, el equipo de Héctor Veira mostró lo mejor de su repertorio, dio vuelta el marcador con tantos de Julio César Toresani y Martín Palermo y festejó a lo grande en pleno estadio Monumental. “Lo ganamos a lo Boca, lo dimos vuelta. Lo disfruté mucho, muchísimo, pero jamás pensé que iba a ser mi último partido”, rememoraría luego en su autobiografía ‘Yo soy el Diego’.

Cercano a cumplir 37 años y cansado de los rumores en torno a su vida privada y un supuesto control antidopaje, el Diez no se dio tiempo de celebrar por demás aquella victoria que dejó a los suyos momentáneamente en la cima de la tabla. “Cinco días después del partido, el día de mi cumpleaños, a alguien se le ocurrió decir que mi viejo se había muerto. Me desesperé, me volví loco”, recuerda el ex capitán, que tomó una decisión tan repentina como determinante.

“Fue lo último, dije basta. Si había empezado alguna vez con esto, con esta historia del fútbol, era por un sueño mío. Y si había seguido después, era por mi familia. Sentí que había llegado el momento de dejar de hacerlos sufrir. Y le dije adiós al fútbol”, completó quien aquel 25 de octubre de 1997, hace exactamente 15 años, puso fin a una historia marcada por goles, hazañas y títulos. Fiel a su estilo. A lo Boca. A lo Maradona.