El primero de mil partidos

El uniforme todavía era blanco, con detalles en azul. El adversario, un equipo de la tercera división inglesa. Los principales clubes del país aún se estaban organizando, y el deporte se hallaba en su fase incipiente. Pero el Estádio das Laranjeiras, en Río de Janeiro, estaba ya abarrotado, y lo cierto es que el acontecimiento bien lo merecía. 

El día 21 de julio de 1914 empezaba una larga y victoriosa trayectoria, plasmada a día de hoy en cinco títulos de la Copa Mundial de la FIFA™ y el surgimiento de innumerables astros, que transformaron simples términos como Seleção, Canarinha, Amarelinha o jogo bonito, entre otros, en vocabulario de referencia en el deporte rey. 

La jornada de este miércoles reúne en la cancha a jóvenes como Neymar y Oscar con un veterano consagrado como Kaká, en el milésimo partido de la selección brasileña reconocido por la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol), frente a Colombia en la ciudad estadounidense de Nueva Jersey, y supone una realidad muy distante de aquel marco histórico, en los más diversos sentidos.

Saque inicial
Aunque no jugase con el emblema de la CBF en la pechera, ni de la entidad que dio origen a esta, la CBD (Confederação Brasileira de Desportos), el organismo rector del fútbol en el país sudamericano señala el encuentro como la génesis de su combinado. 

Hasta ese momento, lo que había eran conjuntos regionales, o incluso clubes que llegaban a medirse con equipos extranjeros, tanto vecinos sudamericanos como delegaciones venidas de Europa y hasta de Sudáfrica. Pero, después de crearse la FBS (Federação Brasileira de Sports), el 8 de junio de 1914, se formó la primera Seleção. El equipo nacional recurrió a jugadores que competían en las dos mayores ciudades del país, que eran también los dos municipios con mayor actividad en los campos, São Paulo y Río de Janeiro. Entre los convocados figuraba ya Arthur Friedenreich, considerado por muchos la primera gran estrella de una prolífica escuela.

Jugaría contra el Exeter City FC, un cuadro profesional de la tercera división inglesa que estaba de gira por Argentina. El club, fundado en 1904, aún permanece en activo, en la cuarta categoría (Football League Two), y de él surgieron jugadores como Cliff Bastin, delantero que marcó una época con el Arsenal en el decenio de 1930, al convertirse en uno de los principales artilleros de los Gunners.

Los visitantes causaron furor, y fueron tratados como verdaderas estrellas en Río de Janeiro. “Miles de personas se colocaron durante horas seguidas delante del Hotel dos Estrangeiros, el más refinado de la ciudad, donde se hospedaba la expedición inglesa, con la esperanza de ver a los jugadores británicos”, relatan los autores Antonio Carlos Napoleão y Roberto Assad en el libro oficial de la selección brasileña. Entre las anécdotas del paso de los ingleses destaca que el dueño de un bar situado en las proximidades del hotel llegó a subastar las sillas, la mesa y los vasos utilizados por los jugadores en una breve visita. 

Antes de enfrentarse con la Seleção, el Exeter jugó dos amistosos. Primero, contra compatriotas suyos que actuaban en Río de Janeiro, con un triunfo por 3-0. Días más tarde, ganó 5-3 al equipo carioca. El mayor desafío, no obstante, le aguardaba en el estadio del Fluminense. Alrededor de 5.000 espectadores llenaron las gradas, y la selección brasileña, contra todo pronóstico, venció 2-0. 

Oswaldo Gomes anotó a los 15 minutos el primer gol de un equipo que perforaría las metas de cientos de arqueros a partir de entonces. Osman completó el marcador a la media hora. Pese a todo, no resultó fácil para los brasileños, todavía amateurs, ante un oponente profesional. Fue una batalla física en la que, por ejemplo, Friedenreich perdió dos dientes, y salió del campo con la boca ensangrentada. Después de ser atendido, se reincorporó a la contienda.

El primer viaje
En agosto, llegaría el primer compromiso internacional de la Seleção. Como no podía ser de otro modo, ante Argentina. El equipo puso rumbo al sur del continente para disputar su primer trofeo, la Copa Roca, creada con el objetivo de promover las relaciones deportivas entre ambos países. ¿Sabrían aquellos directivos que estaban dando inicio a una de las mayores rivalidades del fútbol mundial?

Primero, las dos formaciones jugaron un amistoso, que se saldó con victoria argentina por 3-0. Luego volvieron a cruzarse el día 24, ya con la copa en juego. El pequeño Rubens Salles, uno de los líderes del equipo que aún no era canarinho (la camiseta amarilla no se introdujo hasta 1954), y que no había participado en el primer choque, firmó el tanto de la victoria y del título, con un disparo desde fuera del área a los 13 minutos. 

Argentina llegó a empatar en el segundo tiempo, por mediación del atacante Leonardi, quien enganchó un potente disparo al vuelo. El árbitro brasileño Alberto Borghert corrió hacia el centro del campo, pero el argentino se dirigió a él y confesó que había rematado con la mano, lo que invalidaba la jugada. Eso le valió las felicitaciones de Borghert dentro de la cancha y luego, en público, del embajador brasileño en Buenos Aires, Sergio Dantas: “El gesto fue tan sublime que el gol debería valer por dos”, dijo el diplomático.

De vuelta a casa, los campeones fueron recibidos por una multitud al desembarcar en el puerto de Río de Janeiro. Fue una fiesta que, en realidad, se prolongaría durante muchísimo más tiempo.