El nuevo salto hacia la gloria de Omar
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Omar González prácticamente eclipsó a un astro como David Beckham en la final de la MLS. Entre romanticismo y cuento de hadas, el defensa fue el protagonista de un triunfo que sirvió para recompensar su reacción al término de una difícil temporada.

A finales de 2008, el Galaxy de Los Ángeles seguía esperando la corona prometida tras la incorporación de David Beckham. Al término de una campaña mediocre, la frustración y la decepción eran los sentimientos imperantes. Bruce Arena, llegado un año antes con el objetivo de rentabilizar al fin el costoso fichaje del centrocampista inglés, decidió cortar por lo sano. No se anduvo con contemplaciones: el entrenador del Galaxy optó por prescindir de 19 futbolistas. “Lo hemos reconstruido todo, con la seguridad de tener en David y Landon [Donovan] a dos elementos decisivos para volver a empezar de cero”, recuerda ahora el ex seleccionador del conjunto de las barras y estrellas.

Unos días más tarde, el club angelino se hizo con los servicios de un joven y desconocido central de 20 años, recién salido del campeonato universitario norteamericano. Omar González llegó así en pleno proceso de refundación. Sin saberlo todavía, comenzaba entonces, en el más completo anonimato, un idilio de cuatro temporadas, que ha alcanzado su apogeo este sábado 1 de diciembre de 2012, con una inmejorable recompensa a su amor: un segundo título y el premio al mejor futbolista de la MLS Cup, cuatro meses después de recuperarse de una rotura de ligamentos.

“No estaba seguro de poder volver a mi nivel”

“Es un momento muy emocionante para mí, porque después de mi lesión nunca habría pensado poder vivir esto. Ni por un segundo hubiera imaginado, al volver esta temporada, que terminaría siendo el ‘MVP’ de la final”, confirma el texano, una hora después de alzar la segunda copa de su joven carrera.

“Después de operarme el invierno pasado, tuve muchas dudas. Me cuestioné de verdad cuál iba a ser mi futuro nivel de juego. Dudé de poder ser de nuevo el jugador de antes de la lesión”, confiesa ahora aliviado el zaguero, a quien Bruce Arena considera una futura pieza clave de la selección estadounidense. Al principio de una noche de fiesta en el Home Depot Center, entre champán, risas y orgullo desbordante, el martirio anterior parecía ya un lejano recuerdo.

El mejor defensor de la MLS en 2011 había sufrido una grave lesión en la rodilla izquierda durante su primer entrenamiento con el Núremberg, al que acababa de llegar para someterse a una prueba, y fue operado el 13 de enero. Los médicos pronosticaban una baja de entre siete y nueve meses, pero regresó a los entrenamientos a finales de mayo. A mediados de junio, se reincorporó a las prácticas con el grupo, y volvió a la titularidad el 28 de julio, contra el Dallas, equipo de su ciudad natal. El cuento de hadas había empezado.

Tercera final y un gol providencial
¿Fue una simple coincidencia o hubo una relación de causa-efecto? La reaparición de “Gonzo” coincidió con la recuperación del equipo, defensor del título, que tan solo ocho semanas antes parecía casi desahuciado. “Cuando empecé a venir para hacer sesiones individuales, el equipo no estaba en su mejor momento. Yo solo iba una vez a la semana, pero me daba cuenta de que había problemas. Y luego, justo en medio de la temporada, todo cambió. Recuperamos la disposición, luchamos los unos por los otros y, a partir de ahí, volvimos a ser el mejor equipo del país”, recuerda el futbolista, hijo de inmigrantes mexicanos y elegido en 2009 mejor debutante de la liga.
 
Estuvo presente en seis de los nueve encuentros en los que el Galaxy mantuvo su puerta a cero, y cambió el curso de la segunda final consecutiva, frente al Houston. El propio Donovan lo explicaba: “Después de fallar una primera ocasión, David [Beckham] le pidió que fuese más agresivo en las jugadas a balón parado. En el siguiente saque de esquina, estuvo muy atento, y su gol cambió el escenario”. Bruce Arena ya se lo había dicho a sus hombres en el descanso: “Si conseguimos empatar, luego marcaremos más goles”. González se mostró sereno, tranquilo y seguro del desenlace favorable: “Estábamos convencidos de ganar, nadie sintió ningún pánico”, señala. Así, utilizó todos sus recursos en el juego aéreo para encarrilar el doblete del Galaxy.

“Yo tengo que imponerme por alto, es una de mis virtudes”, reconoce el autor del providencial tanto. Y la conclusión es tan lógica como el valor añadido de sus centímetros. “Ahora ya sé que he recuperado mi nivel”, dice con alegría. Pero no se conforma: “Incluso puedo hacerlo mejor todavía”.