Tijuana, más que un campeonato
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Tijuana tiene un aura mítica en el folklore mexicano. Situada en plena frontera con Estados Unidos, ha sido, casi durante toda su historia, un centro fundamental de la vida del norte del país, en donde han confluido personas de distintas nacionalidades, estratos sociales y objetivos vitales. La ciudad siempre tuvo una reputación un poco colorida. Era una especie de urbe traviesa, capaz de un poco de desenfreno pero sin llegar a desbocarse por completo.

Sin embargo, en años recientes, las noticias llegadas de Tijuana tomaron un cariz mucho más oscuro, debido a la actividad ilegal de las bandas del crimen organizado. En esas condiciones, apareció un equipo de fútbol que, casi de la nada, se convirtió en uno de los faros para que sus habitantes recuperaran la sonrisa.

Un novato en las grandes ligas
Por su particular condición geográfica, en Tijuana el deporte más importante siempre fue el béisbol. Los Potros, el equipo local pero, sobre todo, los Padres de San Diego de las ligas mayores estadounidenses, capturaban el corazón de los habitantes de la ciudad. El fútbol pasaba desapercibido, en buena medida también porque ninguno de los equipos que se habían afincado en la ciudad, había conseguido siquiera participar en la primera división nacional.

Todo cambiaría en 2007. Un grupo de empresarios de la ciudad consiguió hacerse de una franquicia en la segunda categoría del fútbol mexicano y fundó un nuevo equipo en Tijuana. El apodo elegido para la escuadra fue Xoloitzcuintles, en honor a una raza de perro que sólo existe en territorio azteca, con lo que se reafirmaban las raíces mexicanas del equipo.

Pese a todo, los inicios de los Xolos no fueron nada fáciles como recuerda Manuel Medina, jefe de prensa del equipo en aquel momento. “Al principio jugábamos en una unidad deportiva, frente a 3.000 personas. Había interés en el futbol, sólo que no en los equipos locales, porque nunca habían tenido éxito. Eso sí, los partidos de playoffs o la inauguración de la temporada de béisbol, estaban entre los acontecimientos más importantes de la ciudad. Si no estabas en ellos, no eras nadie”.

Sin embargo, con buenos resultados, los Xolos empezaron a enamorar a la exigente afición tijuanense. Tras flirtear con el ascenso en 2009, el equipo consiguió por fin el ansiado lugar en el máximo circuito al año siguiente y, con ambición e inteligencia, se reforzó de manera que pudiera competir en el corto y mediano plazo.

Apoteosis fronteriza
Los resultados no tardaron en llegar, pero la visión de la directiva se extendió más allá del terreno de juego. Construyó un nuevo estadio dedicado sólo al fútbol y decidió respetar la tradición bicultural de Tijuana al mantener en su plantilla a varios jugadores de origen mexicano, pero nacidos en Estados Unidos. Así, la ciudad comenzó a vivir el efecto inverso a lo que sucedía en el pasado. Ahora eran los habitantes de San Diego los que cruzaban la frontera para ver a los “perros aztecas”.

El momento de gloria llegó apenas el domingo pasado. Tijuana enfrentó su primera final del fútbol mexicano nada menos que ante Toluca, ganador de 10 títulos en la historia de la liga. Era el novato contra el poderoso, pero en la cancha los papeles se invirtieron.

Tras ganar 2-1 el partido de ida en el Estado Caliente, los Xolos se plantaron en campo visitante como verdaderos veteranos y, en dos contragolpes, se coronaron justos campeones de la Liga MX.

Tras el triunfo, la locura. Pero incluso dentro de la alegría, hubo tiempo para pensar en la importancia del evento. El técnico, el argentino Antonio Mohamed, compartió, en exclusiva para FIFA.com, sus pensamientos sobre el éxito de su equipo. “Es una alegría enorme para la gente, ya que se hable de otra cosa, que no solamente se diga que es una ciudad insegura y que ahora lleguen buenas noticias de Tijuana”, afirmó.

Al día siguiente del campeonato, todos los involucrados participaron en un desfile por las calles de la ciudad en un autobús abierto. Y nadie mejor para describir la emoción desatada que Fernando Arce, una de las figuras del equipo, y nativo de la ciudad que compartió con FIFA.com sus sensaciones tras el desfile. “Como tijuanense, no puedo explicar el orgullo que siento en este momento. Esta medalla no es sólo de los jugadores, es de toda Tijuana. Yo hoy no sólo me siento campeón por estar en la cancha, sino también por ser de aquí, porque todos los tijuanenses lo somos”.

Palabras perfectas para representar ese romance, tan fugaz como intenso, entre los tijuanenses y un equipo que se ha robado sus corazones para siempre.