Kopa: "El Balón de Oro es lo máximo"
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En la historia del fútbol francés, antes de las hazañas de Michel Platini y Zinédine Zidane, reinó Raymond Kopa. Menudo de talla —1,68 m— pero altísimo de talento, este temible regateador y goleador instaló al Reims en la cima del campeonato galo para, a continuación, jugar un papel decisivo en los tres encumbramientos europeos del Real Madrid (en 1957, 1958 y 1959). Kopa fue además el mejor jugador de la Copa Mundial de la FIFA Suecia 1958 junto con su compatriota Just Fontaine, precisamente en el torneo en que Pelé se dio a conocer. Aquel mismo año, Kopa fue designado Balón de Oro.

En su entrevista con FIFA.com, la leyenda del balompié galo abre el baúl de los recuerdos y repasa su glorioso itinerario, desde el SCO de Angers al Real Madrid, pasando por el Reims, antes de proyectar su lúcida mirada sobre el fútbol contemporáneo.

Sr. Kopa, en primer lugar, ¿qué tal le va?
Me va bien. Actualmente paso mi vida de jubilado entre Córcega y Angers. Soy un hombre feliz. Lo esencial, a la edad que yo tengo, es la salud, y en estos momentos todo va bien en ese sentido para mí y para mis allegados.

Es obvio que conserva intacta su pasión por el fútbol…
Por supuesto que sigo de cerca la actualidad futbolística. Confieso que siempre he preferido vivir esa pasión como jugador más que como espectador. Pero eso no me impide ser el presidente de honor del Stade de Reims, que es mi club en Francia.

Es notorio su vínculo con esa entidad. ¿Qué impresión le ha causado ver al Reims en primera división al cabo de 33 años?

Ha sido una gran alegría, no sólo para mí sino para todo el montón de seguidores. Fui allí para festejar el ascenso. Este año incluso empezamos bien; llegamos a estar quintos en algún momento; todo iba de maravilla. Pero luego perdimos cinco partidos de siete y enseguida nos metimos en problemas.

En su época, en cambio, el Reims era una verdadera máquina de ganar. Usted mismo se proclamó varias veces campeón de Francia con el club, y jugó la final de la Copa de Europa. ¿Cuál es su mejor recuerdo de aquellos tiempos?

Mi mejor recuerdo sigue siendo mi llegada al club, el hecho de que se fijaran en mí después de mis dos años en el SCO de Angers, un equipo de segunda. El Reims me ofreció la oportunidad de jugar al máximo nivel durante 10 años. Era un club excepcional, y el principal abastecedor de jugadores de la selección de Francia.

Después del Reims vino el Real Madrid. ¿Puede contarnos los entresijos de aquel traspaso?
Traspasos como aquél no eran muy comunes en aquella época. El fichaje fue muy caro: 52 millones de francos de entonces. No sé a cuánto dinero equivaldría eso hoy, pero habría dado para comprar tres casas. Sea como fuere, el Reims se benefició de esos ingresos, que utilizó para reclutar a otros tres internacionales: Just Fontaine, Roger Piantoni y Jean Vincent. ¡Así que yo también aporté algo! Digo eso porque hubo quienes me criticaron arguyendo que yo había abandonado el barco. Yo quería mucho al Reims; a la sazón era el segundo club de Europa. Sólo el Real Madrid estaba por encima. Por tanto, mi decisión de marcharme fue lógica. Y fue acertada, porque pasé tres años formidables en Madrid.

Allí conoció a figuras de la talla de Puskas, Di Stefano o Gento. ¿Qué jugador le impresionó más a lo largo de su carrera?
Mi ídolo siempre ha sido Ferenc Puskas. Lo conocí muy pronto, mientras yo aún jugaba con el Reims. Cuando nos coronamos campeones por primera vez, en 1953, los directivos del club nos ofrecieron un viaje a Londres para asistir al partido Inglaterra-Hungría. Aquélla era nuestra recompensa por haber ganado el campeonato nacional, y fue en ese encuentro donde vi jugar por primera vez a Puskas. A su llegada a Madrid, pasó una primera etapa difícil. Era evidente que necesitaba aclimatarse. Los periodistas españoles se impacientaron y empezaron a criticarle. Yo les decía: "Esperen, el talento no se esfuma así como así". Todos sabemos lo que sucedió después. Puskas fue máximo goleador en España. Todos los porteros se echaban a temblar en cuanto le veían aparecer a menos de 35 metros de su meta. No sólo tenía un tiro fabuloso sino una precisión diabólica. Y ojo, no me olvido de Di Stefano. Hoy es de quien más se habla todavía en Madrid.

Usted ganó el Balón de Oro en 1958, tres Copas de Europa (1957, 1958 y 1959), dos Ligas españolas, y varias Ligas y Copas de Francia. ¿Hay algún trofeo que atesore con especial cariño?
El hecho de haber sido Balón de Oro es para mí lo máximo. Es el trofeo que más aprecio, porque fue el broche perfecto a un año jalonado de éxitos. Sin mi título de campeón de España, sin la Copa de Europa, sin mi tercer podio en el Mundial, sencillamente yo nunca habría recibido esa preciosa distinción. El 58 fue mi año.

En calidad de exmadridista, ¿se mantiene al corriente de lo que ocurre en el fútbol español?
¡Naturalmente! Por ejemplo, no me pienso perder la entrega del Balón de Oro de la FIFA, puesto que concierne a tres jugadores de la Liga española. Creo que se lo va a llevar Messi. Pero hay que tener en cuenta que no juega solo. Para jugar bien, hace falta contar con gente de calidad alrededor. Ése fue mi caso y también lo es el de Messi.

La comparación Messi-Kopa no acaba ahí. Como usted, el argentino no es muy corpulento, pero sus quiebros y su instinto goleador a menudo marcan la diferencia…
Sí, hay semejanzas. Medimos exactamente lo mismo y mis puntos fuertes eran el regate, la rapidez en la ejecución y la precisión. ¡Es un honor que me comparen con él! Algunos también dicen que el Barcelona de hoy es un poco como el Reims de ayer. Pero le puedo decir que mi Real Madrid era al menos tan bueno como este Barça. Yo sólo perdí un partido en tres años con el Madrid. Es verdad que no pudimos elegir otro encuentro peor para perder, porque fue contra el Atlético de Madrid, por 1-0. Pero, bromas aparte, éramos imbatibles en aquellos años.

¿Qué opinión le merece la pugna entre el Real Madrid y el Barcelona?
El Real Madrid sigue llevando la delantera. Creo que el Barça tendrá que esperar unos cuantos años antes de alcanzar el palmarés del Real Madrid. Reconozco que actualmente los catalanes juegan mejor, pero eso no impidió que nosotros hiciéramos una magnífica temporada el año pasado. En éste hemos arrancado un poco mal: 16 puntos de diferencia son muchos.

Dice usted "nosotros". ¿Es que se sigue sintiendo madridista?
Absolutamente. Me encanta ir a Madrid. Tomo el avión en cuanto me invitan. Allí siempre soy bien recibido.

¿Qué piensa de la actual selección de Francia?
Para mí, lo más importante es el comportamiento. Lo que estaba ocurriendo hasta hace poco en la selección francesa era inaceptable, y yo fui el primero en criticarlo. Pero Francia dispone de jugadores capaces de hacer grandes cosas sobre el terreno de juego. Lo ha demostrado recientemente. Deseo de todo corazón que siga avanzando en esa dirección.

Los Bleus tuvieron la suerte de contar primero con usted como líder técnico, luego con Michel Platini y por último con Zinédine Zidane. ¿Quién será el siguiente, a su parecer?
Yo no podría haber hecho lo que hicieron Platini y Zidane sobre el campo. Pero ellos tampoco podrían haber hecho lo que hacía Kopa. En cualquier caso, soy un gran admirador de ambos. Me parece que el próximo grande aún está por nacer…