Es uno de los entrenadores más laureados de su generación. Ha levantado dos Copas de Europa, entre ellas la Liga de Campeones de la UEFA, al mando de la generación de mayor talento del Ajax de Amsterdam desde la época de Cruyff a principios de los años 70. Fue testigo presencial de la eclosión de Patrick Kluivert, los hermanos De Boer, Clarence Seedorf, Edgar Davids, Nwankwo Kanu, Edwin van der Saar, Marc Overmars y Jari Litmanen. Fue dos veces campeón con el Barcelona en 1998 y 1999 en su primera experiencia en el extranjero. En el último decenio, Van Gaal, el exigente, se ha forjado una reputación que aún sirve de referencia en Europa.

Luego de su segundo paso por el Ajax como director deportivo, el holandés lleva desde el verano de 2005 dirigiendo los hilos del Alkmaar, el club en el que terminó su carrera como futbolista y en el que comenzó la de técnico, en calidad de entrenador asistente. En dos años ha logrado poner al AZ Alkmaar en el primer plano de la escena nacional holandesa. Y lo mejor está aún por llegar. Porque, a sus 56 años, Van Gaal no ha perdido un ápice de ambición. FIFA.com ha tenido el placer de entrevistar en exclusiva a un técnico afable e intimista en su despacho del estadio DSB.

Es difícil no empezar hablando de la actualidad. ¿Es cierto que se ofreció como candidato para el puesto de seleccionador de Inglaterra?
Han sido los medios holandeses los que han dado importancia a ese asunto. Han levantado un gran revuelo a partir de una pequeñez. El caso es que yo tengo un contrato hasta 2010 con el Alkmaar, aunque dispongo de una cláusula que me permite marcharme antes, pero sólo para entrenar a una selección nacional. Para simplificar las cosas, yo entregué al club una lista de cinco selecciones posibles. En esa lista figuraba Inglaterra y, como ese puesto quedó libre, los medios montaron todo ese lío. Yo estoy contento aquí. Hay una alquimia fantástica con el Presidente, los jugadores y el personal. En general, el ambiente de este club me va.

Entonces, ¿no tiene pensado volver a entrenar a una selección nacional?
Lo admito: mi ambición hoy por hoy es disputar una gran competición internacional con una selección, y ganarla. Lo he ganado prácticamente todo en el fútbol de clubes. Vivir una Eurocopa o una Copa Mundial al mando de una selección nacional es justo lo que me falta por hacer. Actualmente, el AZ Alkmaar quiere retenerme a toda costa, y yo siempre he terminado mis contratos, más que nada por lealtad. El Presidente está haciendo planes de construcción a largo plazo conmigo, y le gustaría mucho retenerme hasta que yo cumpla 65 años. Pero yo no quiero entrenar a una selección a esa edad. Y más tarde mucho menos.

¿Aún no ha digerido su fracaso al timón de los Oranjes?
Soy un hombre de presente y de futuro, no de pasado. No tuve la oportunidad de participar en una competición importante con Holanda, y fue una lástima. Pero yo dimití porque no todos los jugadores aceptaban mis métodos de preparación. Yo soy como soy, tengo mi manera de funcionar. No voy a cambiar y no quiero cambiar.

¿Se puede hablar de la existencia de un "sistema Van Gaal", como a menudo se oye por ahí?
Es una filosofía, no un sistema. El sistema depende de los jugadores. Yo he jugado con un 4-3-3 en el Ajax, con un 2-3-2-3 en el Barcelona, y en el AZ puedo utilizar el 4-4-2. Soy flexible. En cuanto a mi filosofía, sigue siendo la misma.

¿Esa filosofía sirve en cualquier situación? ¿Y en qué consiste exactamente?
No veo por qué no pueda ser adaptable a todos los contextos. Es una cuestión de estado mental, del trato de los jugadores con el entrenador y viceversa. El entrenador es la referencia del equipo, pero la relación debe ser abierta, al igual que la mente de cada jugador. Todo el mundo debe hacer lo mismo, tirar en la misma dirección, para contribuir a alcanzar el objetivo que se persigue. La preparación táctica de la colocación es esencial. Me refiero a la ocupación de cada jugador sobre el terreno de juego. De ahí la necesidad del acercamiento y la comprensión mutua, porque esa tarea exige una disciplina mental irreprochable. Esto es un juego de 22. Enfrente tienes a 11 señores que juegan en equipo. Hay que saber que tienes que ganar, que tienes que ganar con tus compañeros, que tienes que entregarte.

¿Cuál era el proyecto cuando usted regresó al Alkmaar, y cuál es ahora?
Cuando llegué aquí, aún existía el viejo estadio de 8.000 localidades, que casi nunca se llenaba. Desde entonces, hemos construido un recinto nuevo que puede dar cabida a más de 20.000 personas, y la temporada pasada lo llenábamos en cada partido. Hemos entrado en una etapa importante. El objetivo es hacer del AZ un gran club nacional y con peso en Europa, a la par que los tres colosos tradicionales que hay entre nosotros: el Ajax, el PSV y el Feyenoord. El Presidente quiere hacer las cosas paso a paso, porque hay que tener en cuenta todas las facetas y no solamente los resultados deportivos. Pero ya el hecho de haber estado por delante de los tres grandes en la clasificación de la UEFA, después de nuestro sólido rendimiento la temporada pasada, es esencial para promover este progreso.

Perder el título en el último momento, como ocurrió en el ejercicio anterior, ¿no es un freno? ¿No se hace más duro volver a empezar?
Siempre es una gran desilusión dejar escapar un título de campeón en la última jornada. El club necesita trofeos en su ascenso deportivo. Es la próxima etapa en nuestro empeño por significar algo en Holanda. Pese a nuestros 16 millones de euros de presupuesto, muy bajo en comparación con el del Ajax (65) y el del PSV (60), hemos terminado dos campañas entre los tres primeros, y hemos perdido una final de Copa en la tanda de penales. El Presidente cuenta con mucho dinero, pero no quiere aumentar el presupuesto a ciegas. El dinero no lo es todo. Los salarios son dos o tres veces más altos en el Ajax, el PSV o el Feyenoord, pero la distancia con respecto a ellos se reduce cada vez más.

En cualquier caso, ¿no es frustrante ver cómo los jugadores más prestigiosos fichan por los tres grandes?
Formar a los jugadores, hacerles progresar, es una satisfacción. No, yo no me siento frustrado. Tenemos otros argumentos para seducir, como la calidad del fútbol que proponemos. Nuestro juego de ataque es muy atractivo. Cuando gané el título con el Ajax la primera vez, teníamos un presupuesto pequeño. Aquí se puede hacer lo mismo. Si no lo creyera, no habría venido.

¿Lamenta algo de sus dos años en Barcelona?
Siempre hay que situar las cosas en su contexto. No lamento ninguna de mis decisiones, porque mi filosofía de hoy no es diferente a la de entonces. No quiero hacer teatro. Como ya le he dicho, quiero ser yo mismo. No voy a cambiar mi carácter. Aunque es una vida difícil, me gusta ser entrenador. Y luego no hay que olvidar que gané dos títulos: una Copa del Rey y una Supercopa. No hay muchos entrenadores que puedan decir lo mismo. Cuando estaba Núñez, el club no gastaba tanto en fichajes, no se compraban jugadores a precio de oro.

¿Qué opinión le merece Frank Rijkaard, tan criticado hoy después de haber conducido al club a la cima de Europa?
La historia se repite con él. Es un hombre amable, abierto, pero todos los entrenadores del Barça atraviesan periodos difíciles. Hay que pasar por eso.

A propósito, ¿no es perjudicial triunfar tan pronto, como le pasó a usted en el Ajax en su debut como entrenador, por lo alto que le colocan luego el listón?
Cuando se tiene éxito tan pronto, por supuesto que las expectativas son mucho mayores. Y no puedes cumplirlas. Y entonces te critican. A veces sin motivos justificados. Pero es así. Yo lo acepto porque lo sé. Desde mi llegada al AZ, hemos quedado segundos y terceros de liga. Ahora las expectativas son cada vez mayores, porque el club se gastó una pasta. Y en estos momentos los resultados no están siendo tan buenos.

¿Cómo se explica que esta temporada les esté resultando tan cuesta arriba hasta la fecha?
Hemos vendido a dos jugadores, Arveladze y Koevermans, que marcaron entre los dos 55 tantos la temporada pasada. No hemos encontrado sustitutos, y nos falta una máquina de hacer goles. Jugamos bien, pero el balón no llega a la red.

¿Cuál es su mejor recuerdo como entrenador?

El primer título de campeón con el Ajax en 1994. Aquel año murió mi mujer. Ella murió en enero, y nosotros nos coronamos campeones en mayo. Emocionamente, fue muy intenso.

La pérdida de un ser tan cercano, ¿cambió su forma de ver su oficio?
No, porque yo nunca he sido de los que cambian de humor en función de los resultados de mi equipo. Jamás he exagerado. Al contrario, siempre he tratado de relativizar.

Desde sus comienzos, usted ha conocido a un sinfín de grandes jugadores. ¿Quién le ha impresionado más?
No quiero destacar un nombre. Un jugador no es nada, el equipo lo es todo. Como sabe, yo le doy más importancia a la personalidad de un jugador que a sus cualidades sobre el campo, especialmente su capacidad de darlo todo. Hay talentos extraordinarios que no tienen la mentalidad o el carácter que se necesitan para encajar en mi concepción. Litmanen, por ejemplo, era un jugador diferente en el Barça que en el Ajax. Cuando se desembarca en un club nuevo, hay que adaptarse a la nueva cultura, y no todos los jugadores son capaces de hacer eso.

Por último, ¿cuál es el recuerdo del año 2007 que más huella le ha dejado? ¿Y cuál es su primer deseo para 2008?
El recuerdo es el partido contra el Excelsior de Rotterdam en la última jornada, cuando perdimos el título. Para 2008, deseo la clasificación para la Liga de Campeones.