Cuando el pasado 14 de marzo Roberto Baggio anotaba su gol número 200 en la Serie A italiana ponía un broche de oro al penúltimo capítulo de una historia de 20 años de pasión.

El mejor jugador italiano de la década de los 90 cuelga las botas dejando para el recuerdo regates, goles y partidos dignos de figurar en el libro de oro del calcio. Pero, aunque su historia está llena de éxitos, la injusticia del fútbol hace que su nombre esté ineludiblemente ligado al penal fallado en la final con Brasil de la Copa Mundial de la FIFA EEUU 1994. Recordamos los momentos más destacados de la larga carrera de un genio del balón.

Baggio se presentó en la sociedad del fútbol con tan sólo 15 años en el Vicenza, equipo de la Serie C. En 1985 llegó al Fiorentina y destapó el tarro de las esencias dos años más tarde con su primer gol en la Seria A ante el Nápoles. Fue precisamente a este equipo, y con el astro argentino Diego Armando Maradona como testigo, a quien marcó el que él mismo considera el gol más bonito de su carrera, arrancando desde el medio campo y superando a toda la defensa rival. Era septiembre de 1989. Un año más tarde, el joven jugador que ya asombraba a los aficionados con su toque, debutaba con la camiseta azzurra ante Holanda en Roma.

Los 90 fueron, sin duda, su década. Después de cinco exitosas temporadas en la Fiorentina, período en el que sufrió sus primeros problemas de rodilla, se convirtió al Budismo y se casó, el jugador fue vendido al Juventus de Turín por una cantidad récord en aquel momento, 17 millones de dólares. La marcha de su ídolo no fue bien acogida por los aficionados que se manifestaron durante dos días en las calles de Florencia.

Su talento con el balón le llevó a los vestuarios de los principales clubes italianos. Los hinchas de AC Milan, Bologna, Inter de Milan y, actualmente, Brescia han tenido la oportunidad de disfrutar con la calidad técnica del genial delantero.

Tres Copas Mundiales
La carrera mundialista de Roby Baggio comenzó en su propia casa, cuando Azeglio Vicini lo llamó para formar parte del equipo nacional en la Copa Mundial de la FIFA Italia 90 que conseguiría la medalla de bronce. El delantero, además de la medalla de bronce, logró el que muchos consideran el mejor gol de torneo. En el partido de la primera fase ante Checoslovaquia, Il Divino Codino recibió un balón en el centro del campo y en una fantástica carrera superó a todos los rivales que se cruzaron en su camino hacia la portería.

En 1993, Baggio alcanzó el cenit de su carrera. Ganó la Copa de la UEFA con el Juventus de Turín, (con quien también sería campeón de Liga y de la Copa de Italia en 1995) y fue premiado con el Balón de Oro, como mejor jugador europeo, el último transalpino en conseguir tal galardón hasta el momento. Ese año, además, fue distinguido como Mejor Jugador Mundial, derrotando en las votaciones a Romario, quien merecería ese honor un año después, sólo porque un penal no quiso entrar.

Y es que en la Copa Mundial de la FIFA EEUU 1994, Baggio saboreó los momentos más dulces pero también los más amargos de su trayectoria con la selección italiana. Fue el líder de un equipo construido a su medida, y aumentó el número de admiradores de su fútbol gracias a sus brillantes actuaciones y a sus goles decisivos.

Guió a los azzurri hasta la final, que jugó pese a las indicaciones del médico por su lesión en el muslo. Allí el héroe cometió un error trágico. En la tanda de penales que decidía la corona mundial, el capitán asumió el reto pero en esa ocasión el balón no le obedeció e Italia se quedó a las puertas de la gloria.

Cuatro años después de fallar el disparo más importante de su carrera, volvió a enfrentarse al fantasma de los 11 metros. En su primer partido de la Copa Mundial de Francia, Baggio asumió el reto y redimió, en cierta medida su culpa, marcando el gol del empate ante Chile a tan sólo 5 minutos para la conclusión del encuentro. Parecía que volvía con fuerza el gran jugador de los 90. Pero la suerte de Italia acabó en los cuartos, de nuevo en el punto de penal, ante el anfitrión y a la postre campeón, Francia. Fue la última Copa Mundial de Baggio, que con 9 tantos figura en las estadísticas como el máximo goleador italiano de esta competición.

Cuando echa la vista atrás, Baggio lamenta, sobre todo, los largos períodos en dique seco que tuvo que aguantar. “Mi trayectoria estuvo siempre condicionada por las lesiones. Me forzaron a llevar una carrera desequilibrada y me causaron muchos contratiempos difíciles de combatir a mi edad”

Para la historia quedarán sus 27 goles con la selección, los más de 200 en la Liga italiana, que lo convierten en el quinto máximo goleador de la historia de la competición. En el recuerdo de los aficionados queda la magia del mejor jugador azzurrode los últimos 20 años.