El formato de competición fue más sencillo esta vez en la zona de Europa: seis grupos de cinco, en los que se clasificaban las dos primeras selecciones, y un grupo de tres, en el que sólo pasaba el vencedor (Polonia). En un grupo muy igualado, Inglaterra perdió en sus visitas a Rumania, Noruega y Suiza, pero aun así obtuvo el billete a España, con 1 punto menos que Hungría. De hecho, la clasificación de las cuatro selecciones británicas por primera vez desde 1958 parecía una posibilidad más que factible. Sólo Gales falló en su grupo, donde Checoslovaquia le arrebató el segundo puesto por la diferencia de goles, secundando a la dominante Unión Soviética. Escocia e Irlanda del Norte dejaron tras de sí a Suecia y Portugal. Yugoslavia e Italia no tuvieron muchos problemas, pero todo resultó más ajustado para Francia, que terminó por detrás de Bélgica y aventajó a la República de Irlanda sólo por la diferencia de goles. La trayectoria de la RFA fue impecable: ocho victorias y un balance goleador de 33-3 que le colocó con cinco puntos de ventaja sobre Austria.
De todas las selecciones que habían ganado alguna vez el torneo, la única que quedó fuera en esta ocasión fue Uruguay. Perú pasó y, junto con el invicto Brasil y Chile, completó la nómina de equipos sudamericanos.
La fase de clasificación en África situó a Camerún y Argelia en lo más alto. Camerún aseguró su plaza con un triunfo por 2-1 sobre Marruecos en Yaundé ante más de 100,000 aficionados que estallaron de júbilo. Además, se había impuesto también a domicilio en la ida del enfrentamiento. Argelia siguió el mismo camino, infringiendo dos derrotas a Nigeria. Ambos equipos estaban destinados a acaparar los titulares durante la fase final en España.
En la ronda final de la zona de la CONCACAF, en Honduras, la selección local se aseguró el primer puesto y privó al favorito, Méjico, de su plaza en la fase final con un empate sin goles en el último partido. El Salvador ganó un encuentro más y consiguió un punto más que Méjico, haciéndose con el segundo billete para España.
La República Popular China no había estado nunca tan cerca de clasificarse para una Copa Mundial de la FIFA como lo estuvo el 10 de enero de 1982. Pero el sueño se frustró en el último minuto: Nueva Zelanda ganó la eliminatoria entre las dos selecciones que estaban igualadas a puntos, y acompañó a Kuwait, campeón del grupo, en España.