De nuevo hubo récord de selecciones inscritas, y casi una decena de renuncias en esta ocasión. En los cuatro grupos de cinco de la zona de Europa, pasaban los dos primeros, y entre los equipos importantes eliminados estuvieron Suecia, Checoslovaquia y Rumania. En los restantes tres grupos, de cuatro equipos, sólo el primero se clasificaba directamente. Escocia fue uno de los segundos y tuvo que jugar una eliminatoria contra el campeón de Oceanía, Australia. Un triunfo por 2-0 en Hampden Park y un empate sin goles en tierras australianas dieron el pase a los escoceses. Se concedía una última plaza en la fase final al ganador de la eliminatoria entre los otros dos segundos clasificados en los grupos de cuatro. Esto provocó una vez más que Bélgica y Holanda se vieran las caras y, en una eliminatoria muy combatida, fue la excepcional selección belga de la década de los 80, con Gerets, Scifo, Ceulemans y Vandenbergh, la que se impuso gracias al mayor valor de los goles fuera de casa. Nueve meses después volvería a impresionar en Méjico. Inglaterra fue el único equipo que terminó invicto en la zona europea, siendo su triunfo más claro una goleada a Turquía (0-8) en Estambul.
Las selecciones clasificadas en Sudamérica incluyeron a tres campeones de la Copa Mundial de la FIFA: Uruguay, Brasil y Argentina. Dichas selecciones se impusieron en sus grupos y se clasificaron directamente. Paraguay se ganó el puesto merced a una clara victoria en casa en su eliminatoria contra Chile, en el que fue su primer éxito desde 1958. La única plaza disponible en la CONCACAF (amén de la del anfitrión, Méjico) fue a parar merecidamente a Canadá, que no conoció la derrota en ninguno de sus ocho partidos.
En la zona de África, el formato de competición consistió esta vez en una serie de eliminatorias a doble partido (en casa y fuera). Marruecos y Argelia se clasificaron ganando todos sus encuentros como locales, ambos ya con una experiencia considerable en la Copa Mundial de la FIFA a sus espaldas (de lo que luego darían fe algunas otras naciones futbolísticas muy respetadas).
En Asia, las selecciones que accedieron a las semifinales de la competición de la zona, además de Japón y la República de Corea, fueron sorprendentemente Irak y Siria. Japón perdió los dos partidos contra sus vecinos, mientras que Irak obtuvo un empate en Damasco y derrotó en su feudo a los sirios, consiguiendo por primera vez para su país un puesto en la fase final del torneo. El adiós de China fue casi trágico: pese a llevar cuatro victorias en seis partidos y un balance goleador de 23-2, una derrota totalmente inesperada en casa contra Hong Kong, le privó de tener la oportunidad de medirse a Japón en la segunda ronda.