Sólo ha podido dormir unas horas, ya que, durante la noche, el equipo ha realizado el viaje de Múnich a Aerzen, la localidad donde los Bleus están concentrados. Aún así, Raymond Domenech luce una sonrisa radiante. Satisfecho por haber logrado el objetivo mínimo que se marcó tras su nombramiento, el seleccionador nacional de Francia saborea este momento especial. Aunque una cosa es segura: no quiere detenerse ahí.
Señor Domenech, ¿cómo se siente ahora, una vez que su equipo ha logrado la clasificación para la final de Alemania 2006?
Cuando se alcanza la final de una competición como ésta, el sentimiento dominante es el entusiasmo. Ésa era nuestra idea al comienzo, y estamos muy contentos de que se haya hecho realidad. Es el partido más bonito, porque es el último. Después de nuestras victorias frente a España y Brasil, no queríamos hacer pronósticos. Pero ahora, ya estamos ahí.
¿Ya está estudiando al equipo italiano?
En este momento, me invade un sentimiento extraño. Siempre he admirado profundamente a la selección italiana, en todas las épocas. Sus equipos han sido muy luchadores y siempre han hecho gala de una gran fortaleza anímica. Todos tenemos nuestros recuerdos de cada Squadra Azzurra. Voy a afrontar este partido con una emoción muy especial.
¿Cómo están sus jugadores?
Muy cansados, pero es normal. Se trata de desgaste físico, en ningún caso psicológico, lo que es una excelente noticia. Ya se sabe que la final la gana el equipo que está más fuerte mentalmente.
A pesar de la excelente forma física que ha demostrado su equipo, algunos siguen considerándolo demasiado mayor
No paro de repetirlo, ¡mis jugadores no están mayores! Es cierto que algunos tienen una edad respetable, pero con una buena preparación, todavía pueden correr (risas). No, en serio. Mis hombres tienen confianza, y eso es lo más importante. La edad puede suponer un problema en competiciones en las que hay que realizar esfuerzos intensos durante seis meses, pero no en un torneo tan "corto".
De hecho, parece que la presencia de estos jugadores es crucial, debido a su experiencia
Los veteranos saben de qué va esto y contagian su seguridad al resto del equipo. Nunca les asaltan las dudas y no especulan sobre el partido antes de que se dispute. Puedo asegurarle que el domingo a las ocho en punto de la tarde estarán listos.
¿En qué consiste su trabajo ahora?
Llegados a este punto, todo es mucho más sencillo que al comienzo del campeonato. Ahora me limito a darles algunos discursos, la charla previa al partido y una sesión de vídeo. Sinceramente, cuando salimos a entrenar, me pongo las zapatillas de deporte por ponérmelas (risas).
¿Se siente aliviado con respecto a su futuro al frente de la selección francesa?
No pienso en eso. De todas formas, ahora mismo no tengo la perspectiva necesaria. Estoy demasiado inmerso en esta competición. Siempre he dicho que nuestra tarea consiste en ganar los siete partidos. Sólo puedo decir que el último se disputará el domingo en Berlín. De todas formas, no creo que apreciar nuestra actuación en su justa medida consista en leer los periódicos mientras uno se rasca el ombligo. Yo no soy así.
Se le ha criticado mucho en los dos últimos años, ¿vive este éxito de una manera especial?
No se crea que esto es una revancha personal. Yo no pienso en esos términos. Nunca le he guardado rencor a nadie. Sigo pensando que hice lo que tenía que hacer, a lo mejor las críticas estaban tan fundadas como mis objetivos.
Ahora sólo queda un partido por ganar
Necesitaremos reunir todo lo que hemos hecho bien en nuestros partidos anteriores. Estoy orgulloso de haber conducido al equipo hasta aquí, y del efecto que todo esto está teniendo en Francia. Pero hace mucho que olvidé las palabras del Barón Pierre de Coubertin. Yo no me conformo sólo con participar