Faltaban unos pocos segundos para el final. Portugal tenía un tiro de esquina. El portero Ricardo subió al área para rematar. El estadio entero estaba de pie, y la tensión hacía el aire casi irrespirable. La pelota voló por los aires y, entre muchos otros, tres aficionados contuvieron la respiración, cada uno por sus propias razones…

"Cantar la marsellesa es lo mejor en la vida"
Patrick tiene 25 años, es ingeniero en sistemas y pidió permiso en su trabajo para ver la semifinal Francia-Portugal. Consiguió su boleto en una agencia de viajes "por pura suerte" y, vestido con su camiseta blanca "porque da fortuna" cruzó la frontera para apoyar a los azules.

El número de su camiseta es el 20, y el nombre, el de David Trézeguet. La compró antes del Mundial, porque pensaba que el ariete de la Juventus sería fundamental en la campaña de Domenech. No lo fue, "pero no importa, lo sigo queriendo, aunque si la comprara ahora, le pondría el 10 de Zidane".

Cuando los dos equipos se alinearon en la cancha, Patrick empotrado en la porra francesa entonó el himno con emoción desbordada. "Cantar la marsellesa en un estadio es lo mejor que hay en la vida". Después, se comportó como el mejor de los aficionados. Varias veces empezó con "el que no salte no es francés", seguido por la tribuna, y no pudo evitar gritar de alegría con el gol de Zidane.

En el segundo tiempo, la cosa no fue tan fácil. El 20 francés de la tribuna cantaba y gritaba, pero la tensión era evidente. Portugal apretaba. "Se la tienen que dar a Zidane, todas a Zidane" repetía constantemente. Se enojó cuando salió Franck Ribéry, y se levantó, junto con todos los demás, cuando llegó el último corner del partido...

"Lo que han hecho es un orgullo"
Nuno Enrique es un portugués de 50 años. Sentado entre todos los franceses, no dudaba en mostrar su camiseta color vino y en apoyar a su equipo. Mucho menos ruidoso que sus vecinos, sufría tanto o más que ellos.

Su enfoque era mucho más analítico. "No me gusta Cristiano Ronaldo, no pasa la pelota y se tira todo el tiempo, mira ¡ahí está otra vez!" decía enojado cuando el 17 cayó en el área. "Después del partido ante Inglaterra será difícil que el árbitro señale una jugada así".

Sus palabras cambian cuando habla de Figo. "Qué gran jugador, es un gusto que se retire con esta actuación histórica. Lo que han hecho él y sus compañeros es un orgullo para el país. Ahora sólo nos falta llegar a la final." Tras el gol de Zidane, su ánimo se volvió más sombrío. Y la angustia lo traicionaba en el segundo tiempo. "¡Tira, tira!" Decía por la bajo, y maldecía cuando no pasaba.

En el momento en que Portugal ganó ese último tiro de esquina, como todo el estadio, Nuno se levantó de su asiento. "Tiene que ser ésta" dijo con esperanza, por primera vez en el juego...

"Quiero disfrutar el espectáculo"
Ian es un inglés de 35 años. Confiado en el buen plantel de su selección, había comprado boletos para toda la serie hasta la final. Derrotado el equipo de Sven Goran Eriksson, decidió seguir con su itinerario planeado, y asistir al Portugal-Francia. "Claro que me duele, pero quiero disfrutar el espectáculo. Pasa sólo cada cuatro años".

No apoyaba a ninguno de los dos equipos, pero su objetivo en el partido era Zinedine Zidane. Cada vez que el 10 francés tenía la pelota, no podía evitar hacerle un elogio. "¡Qué pase!", "¡gran jugada!". Al medio tiempo, lo único que quería era un triunfo francés para ver al genio en la final. "Es simplemente impresionante. Ojalá Inglaterra tuviera un jugador así, aunque no lo digas, porque me pueden matar" decía entre risas.

Al final, se levantó como todos en el último tiro de esquina pero, a diferencia de los otros dos, lo hizo por pura emoción. La pelota voló, y terminó en las manos de Fabien Barthez. Y, mientras, a unos asientos del suyo, Patrick levantaba los brazos y Nuno se agarraba la cabeza, Ian reflexionaba, "lástima que Ricardo no remató, hubiera puesto más emoción al juego, pero me da gusto por Zidane"