Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, estuvo el viernes en Berlín para asistir a la presentación del emblema oficial de la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010. En estas líneas, analiza por qué observar la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006 ha provocado la envidia de la ONU.

Hoy es un día emocionante para todos los hablantes del idioma universal del fútbol, ya que el emblema de la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010 ha sido presentado. Las Naciones Unidas confían plenamente en este lenguaje, ya que promueve el juego limpio, que es el prototipo para construir un mundo mejor. Al fin y al cabo, en la Cumbre Mundial de 2005, el deporte fue descrito como un medio para fomentar la paz y el desarrollo.

La Copa Mundial nos llena de envidia en las Naciones Unidas. Como la cúspide del único deporte realmente global, jugado en todos los países por todas las razas y religiones, es uno de los pocos fenómenos tan universales como las Naciones Unidas. Se podría decir incluso que es más universal. La FIFA tiene 207 miembros; nosotros sólo tenemos 191. Pero existen motivos mucho más importantes para tener envidia.

En primer lugar, la Copa Mundial es un acontecimiento en el que todo el mundo sabe dónde se encuentra su selección, y qué hizo para llegar hasta allí. Todos saben quién metió un gol y cómo, y en qué minuto del encuentro; saben quién falló un gol a puerta vacía; saben quién detuvo el penal. Ojalá tuviéramos más competencia de ese tipo en la familia de las naciones; que los países compitieran abiertamente por la mejor posición en la tabla del respeto a los derechos humanos, e intentaran superarse el uno al otro en los índices de supervivencia infantil o en las matriculaciones en la educación secundaria.

En segundo lugar, la Copa Mundial es un acontecimiento del que a todo el mundo le gusta hablar. La gente sentada en los bares de todas partes, desde Buenos Aires a Pekín, con discusiones interminables sobre los mejores momentos de los encuentros y expresándose sobre el particular con tanta claridad como pasión… Incluso los adolescentes más tímidos se convierten de repente en expertos oradores, seguros de sí mismos y deslumbrantemente analíticos.

Ojalá tuviéramos más conversaciones de este tipo en el mundo en general; que los ciudadanos se enfrascaran en el tema de cómo su país podría mejorar en el Índice de Desarrollo Humano, o en cómo reducir la cantidad de emisiones de dióxido de carbono o la de nuevos contagios por el VIH.

En tercer lugar, la Copa Mundial es un acontecimiento que tiene lugar en un campo de juego nivelado, en el que todos los países tienen la oportunidad de participar en igualdad de condiciones. Sólo dos bienes importan en este juego: el talento y el trabajo en equipo. Ojalá tuviéramos más instrumentos de igualdad de ese tipo en la escena mundial; que hubiera intercambios libres y justos sin la intromisión de subvenciones, barreras o aranceles; y que cada país recibiera una auténtica oportunidad de presentar sus cualidades y virtudes en el panorama mundial.

En cuarto lugar, la Copa Mundial es un acontecimiento que refleja los beneficios de la simbiosis entre pueblos y países. Actualmente, cada vez más selecciones nacionales reciben a entrenadores de otros países, que aportan nuevas formas de pensar y de jugar. Eso mismo es aplicable a la cantidad creciente de jugadores que, entre las Copas Mundiales, representan a clubes de fuera de su país. Estos futbolistas aportan nuevas cualidades a su nuevo equipo, se enriquecen con la experiencia y son capaces de contribuir aún más a su selección cuando regresan. Desearía que todo el mundo viera con la misma claridad que la migración humana en general puede crear triples victorias: para los emigrantes, para sus países de origen y para las sociedades que los reciben.

Para cualquier país, jugar en la Copa Mundial es una cuestión de profundo orgullo nacional. Para los países que se clasifican por primera vez, como mi Ghana natal, es una insignia de honor. Para los que lo han hecho después de años de desgracias, como Angola, proporciona un sentimiento de renovación nacional. Y para los que actualmente están divididos por un conflicto, como Costa de Marfil, cuya selección para la Copa Mundial, no obstante, es un símbolo poderoso y único de unidad nacional, inspira nada menos que la esperanza de un renacimiento nacional.

Pero el auténtico ganador de esta Copa Mundial es Alemania. Aunque el equipo no ha llegado a la final, ya ha vencido, pues ésta ha sido la mejor Copa Mundial de la historia y ha unido a la nación germana en pos de un esfuerzo glorioso. Ciertamente, Alemania sabe hablar el idioma del fútbol.