En la historia de la Copa de Europa han quedado grabadas algunas hazañas de los nombres más importantes del fútbol y, entre ellas, pocas superan las logradas por Ferenc Puskas, el mejor jugador de la historia del fútbol húngaro.
Campeón europeo en tres ocasiones con el Real Madrid, ayudó a afianzar el prestigio de la Copa de Europa en los primeros años de la competición y desempeñó una labor primordial en un equipo que sacó lustre a un trofeo que volverá a brillar como nuevo esta semana en Estambul, donde se enfrentarán el Milan y el Liverpool en la final de la Liga de Campeones de la UEFA.
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Sin embargo, aunque Puskas alcanzó la gloria con el Real Madrid, sus esperanzas de alzar el trofeo más importante, el de la Copa Mundial de la FIFA, se desvanecieron en una de los mayores reveses que ha sufrido el fútbol húngaro: su derrota en la gran final de 1954 ante la República Federal de Alemania. Aquel partido, que terminó con el resultado de 3-2, debería haber concluido con la definitiva coronación de una selección que no había conocido la derrota en cuatro años y cuya inspiración manaba de la bota izquierda del genial Puskas.
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Nacido en Budapest en 1927, Puskas comenzó a jugar en el antiguo equipo de su padre, el Kispest de Budapest. De corta estatura y fornido, su físico distaba mucho de lo que se considera un deportista en nuestros días, aunque su prodigiosa capacidad goleadora le habría hecho ganar muchos millones en el fútbol actual. Titular a la temprana edad de 16 años, Puskas debutó con la selección húngara a los 18 años y, tras el renacimiento del Kispest como equipo del ejército de su país, con el nombre de Honved, se convirtió en el jugador más importante del club que dominaba aquellos años el panorama futbolístico húngaro.
El comandante galopante'
La relación que el Honved mantenía con el ejército dio lugar al apodo que recibió Puskas, el comandante galopante', pero fueron sus proezas con la selección húngara, compuesta en su mayor parte por jugadores del Honved, las que le reportaron fama en Europa y fuera de ella. Puskas ganó con Hungría la medalla de oro de los Juegos Olímpicos celebrados en Helsinki en 1952 y, al año siguiente, lideró a los Magiares Mágicos' en uno de sus triunfos más importantes, la victoria por 6-3 sobre Inglaterra, con la que Hungría se convirtió en la primera selección del continente europeo que se imponía a los británicos en Wembley
La historia cuenta que un jugador de la selección inglesa echó una ojeada a Puskas antes del inicio del partido y dijo: "Mirad a ese gordinflón. A éstos nos los cargamos". Hungría eclipsó totalmente a la selección anfitriona y el propio Puskas marcó el tercer gol, que más tarde describiría como "mi favorito de toda mi carrera".
Antes de batir al guardameta Gil Merrick con un disparo ajustado al poste, Puskas se evadió de la embestida del capitán inglés Billy Wright con una finta que el periódico The Times describía del siguiente modo; "Wright se fue hacia él como un camión de bomberos que se dirige al incendio equivocado". Puskas fue más prosaico: "Si no hubiera hecho ese amago", recordaba, "Wright nos habría enviado, tanto a mí como al balón, a las gradas".
Reviva la Copa Mundial de la FIFA 1954
A nadie sorprendió que Hungría acudiera a la Copa Mundial de la FIFA 1954 con la etiqueta de favorita. Y justificó tanta expectación en sus primeros partidos, con la derrota de Corea por 9-0 y de Alemania Occidental por 8-3 en la fase de grupos. Puskas marcó dos goles en el primer partido y también logró anotar contra los alemanes.
Sin embargo, en el segundo partido, una entrada de Werner Liebrich dejó a Puskas lesionado, con terribles consecuencias para su selección. Según destaca el periodista Brian Glanville en La Historia de la Copa Mundial: "Mirando atrás, aquélla fue la patada que decidió la Copa Mundial. Puskas afirmó más adelante que la entrada había sido deliberada".
La lesión en el tobillo hizo que Puskas se perdiera el partido de victoria húngara ante Brasil en cuartos de final (que pasó a la historia con el nombre de la Batalla de Berna' por la pelea en que se enzarzaron ambos equipos al final del encuentro), y también la derrota de Uruguay en semifinales. La gran pregunta antes de la final era si Puskas podría recuperarse a tiempo. Puskas comenzó el partido y marcó el primer gol pero, según cuenta Glanville, "eran evidentes sus problemas con el tobillo lesionado". Pese a todo, cuando Alemania Occidental remontó el marcador adverso y logró empatar a 2-2 el partido, Puskas volvió a marcar, pero el gol quedó anulado por fuera de juego. Hungría encajo posteriormente otro gol que supuso el final del sueño.
Como orgullosamente resalta la Federación Húngara de Fútbol, Puskas marcó 84 goles con la selección en 85 partidos, y podrían haber sido muchos más, ya que abandonó el equipo nacional en 1956, con 29 años de edad. La razón fue su huída a Europa Occidental, tras el golpe de estado en Hungría, mientras se encontraba en España jugando un partido de Copa de Europa con el Honved.
Segundo capítulo glorioso
En occidente, pasó su primer año en Austria, pero no pudo encontrar equipo. Su antiguo entrenador en el Honved, Emil Oestreicher, se lo llevó al Real Madrid, donde vivió una segunda etapa gloriosa en su carrera. Fichó por un club que llevaba cuatro años triunfando ininterrumpidamente en la Copa de Europa e, inmediatamente, logró compenetrarse con Alfredo Di Stéfano. Con él formó la pareja atacante que dio al Real Madrid su quinta Copa de Europa consecutiva. Aquella inolvidable noche en Hampden Park, Di Stéfano marcó tres goles, pero Puskas lo superó con cuatro.
Antes de su retirada en 1966, Puskas había marcado más de 300 goles con el Real Madrid y se había proclamado pichichi de la liga española en cuatro ocasiones. Terminó sufriendo una derrota en la final de la Copa de Europa de 1962, que enfrentó al Real Madrid con el Benfica, aunque logró tres goles en aquel partido, lo cual no estuvo nada mal para un jugador de 35 años. Aquel mismo año jugó con la selección de España, su país de adopción, en la Copa Mundial de la FIFA disputada en Chile.
En 1971, Puskas participó en otra final de la Copa de Europa, como entrenador del Panathinaikos griego. El partido se disputó en Wembley, el estadio en el que había vivido uno de sus momentos de gloria, pero en esta ocasión el Panathinaikos perdió por 2-0 ante el Ajax. También entrenó al AEK de Atenas, al Colo Colo chileno, al Al-Maszri de Egipto y al Panhellic Melbourne de Australia antes de volver a Hungría en 1993. Incluso entonces, a los 66 años de edad, su popularidad era tal que ejerció de seleccionador nacional durante un breve periodo de tiempo. En la actualidad, vive en Budapest, donde el estadio nacional fue bautizado con su nombre en 2001.