Llegaron a Múnich con esperanza. La esperanza de ganar el partido. La esperanza de llegar a la final de la Copa Mundial de la FIFA. La esperanza de alzar el ansiado trofeo el domingo 9 julio. Sin embargo, un grupo de seguidores estaba condenado a abandonar el estadio con los corazones rotos de dolor.
Un total de 66,000 espectadores abarrotaron el Estadio de la Copa Mundial de la FIFA para ver este encuentro entre dos de las potencias futbolísticas de Europa. Francia, campeona del mundo en 1998 y campeona de Europa en el año 2000, se enfrentaba a Portugal, finalista de la última Eurocopa y entrenada por Luiz Felipe Scolari, quien dirigió a Brasil al título de la Copa Mundial de la FIFA en 2002.
El estadio, una nueva catedral del fútbol, era un caleidoscopio de colores. El granate de Portugal, el azul de Francia, incluso el blanco de Alemania e Inglaterra. De hecho, durante unos momentos de la segunda parte, los cánticos más audibles procedían de los seguidores ingleses que habían visto a su equipo caer eliminado en la tanda de penales contra Portugal cuatro días antes.
Todo esto contribuyó a crear un ambiente estupendo durante los 90 minutos. El estadio esperaba con emoción el comienzo del encuentro y ambos grupos de seguidores cantaron los himnos nacionales con entusiasmo. El comienzo del partido fue recibido con miles de flashes de cámaras desde todos los ángulos del estadio y con un griterío ensordecedor.
Héroes y villanos
De la misma manera que hay vencedores y vencidos en una semifinal, hay jugadores con distinta suerte. En Múnich, los capitanes fueron los protagonistas principales. Zinédine Zidane gozó de buena fortuna cuando Ricardo no alcanzó a detener su lanzamiento de penal en el minuto 33. Por su parte, Luis Figo sufrió una decepción cuando su remate de cabeza a 12 minutos del final salió por encima del travesaño.
Cuando el árbitro, Jorge Larrionda, indicó el final del encuentro, los suplentes Sylvain Wiltord y Helger Postiga salieron al campo con emociones bien diferentes. Wiltord reflexionaba sobre sus posibilidades de jugar en la final más importante del fútbol mundial, mientras que los sueños de Postiga tendrán que esperar al menos otros cuatro años. Mientras Patrick Vieira y Claude Makelele se dirigían a la parte del estadio donde estaban los seguidores franceses, los compañeros de Cristiano Ronaldo trataban de consolarlo. Éste, al igual que Michael Ballack en Dortmund 24 horas antes, no pudo reprimir las lágrimas por la derrota.
Los seguidores franceses abandonaron el estadio a las 23:45, una hora después de su primera interpretación de La Marsellesa en honor a la victoria. Con el comienzo de la canción I will survive ("Sobreviviré") de Gloria Gaynor, les aguarda una noche de fiesta que se prolongará hasta la final de Berlín. Por su parte, los aficionados portugueses se sintieron más identificados con la canción que se oyó por megafonía al finalizar el encuentro:
"Walk on through the wind, walk on through the rain, though your dreams be tossed and blown" (Enfréntate al viento, enfréntate a la lluvia, aunque tus sueños queden rotos'), dice la canción que escribieron Richard Rodgers y Oscar Hammerstein para el musical Carousel y que el himno del Liverpool You'll Never Walk Alone (Nunca caminarás solo') ha hecho famosa.
Con la alegría de unos y la tristeza de otros, Les Bleus se enfrentarán a Italia en la gran final de Alemania 2006, que promete ser apasionante.