El Italia-Francia es "sólo" una final de Copa Mundial de la FIFA entre dos países vecinos con muchas cosas en común, que se conocen a la perfección y que, por supuesto, se aman y odian quizá como nadie en el mundo... Siempre ha sido así entre italianos y franceses y, probablemente, siempre lo será: "Oh, les italiens", suspiran en París y en toda Francia; "ah, i francesi", se escucha en Roma y en el resto de Italia. Y al final, se abrazan y se llaman recíprocamente "primos transalpinos" y juntos se toman una copa de Chianti toscano o de Burdeos, que, al fin y al cabo, lo mismo da.

Fabio Cannavaro y Lilian Thuram son compañeros de equipo desde hace mucho tiempo, aunque aparentemente son totalmente opuestos. El primero es un auténtico napolitano; y el segundo, de Guadalupe. El primero tiene cara de niño, ojos azules y músculos de acero, y el segundo es una imponente torre de ébano que se alza firme y abarca el horizonte con su mirada. Para ambos, la gran final del domingo será incluso más especial de lo que pueda ser este nuevo enfrentamiento entre Italia y Francia, ya de por sí el partido más importante de la historia entre bleus y azzurri.

Pase lo que pase el domingo por la tarde en el Olympiastadion, Lilian y Fabio tendrán algo que festejar juntos: el primero, el nuevo récord absoluto de partidos internacionales con la selección francesa (121), y el segundo, su partido número 100 con la camiseta de Italia. Cifras extraordinarias que, por donde se mire, tienen que ver con dos jugadores que, más que primos, podrían considerarse hermanos.

Símbolos de la historia
Las carreras de los dos pilares de sus respectivas selecciones son totalmente paralelas: Lilian llegó a Italia con el cartel de gran jugador joven, y en el Parma encontró el ambiente (y al compañero, Fabio Cannavaro) ideal para poder madurar y convertirse en la estrella que todos conocemos. En el equipo emiliano, Lilian jugó en el centro de la defensa junto al capitán italiano durante 5 temporadas, en las que ambos consiguieron, entre otros títulos, una Copa de la UEFA (1999) contra el Olympique de Marsella.

Posteriormente, y tras una breve separación, los dos jugadores se reencontraron en el Juventus en 2004, para repetir la pareja de centrales más sólida de la Serie A italiana, que ha hecho del equipo turinés un equipo prácticamente infranqueable. El destino ha querido ahora que los dos compañeros de toda una vida se separen y se conviertan en enemigos acérrimos en una gran final, tal como ocurrió en los cuartos de final de Francia 1998 y en la final de la Eurocopa de 2000 (con sendas victorias para Lilian). Esta vez, el partido vale realmente toda una carrera: el triunfo en la Copa Mundial de la FIFA, el trofeo más importante del firmamento futbolístico mundial.

Para la ocasión, y aunque probablemente no se crucen muy a menudo sobre la hierba del Olympiastadion, ninguno de los dos hará ningún tipo de concesión. El premio es demasiado sabroso para ello: Fabio y sus compañeros quieren la revancha contra Francia en el partido más importante que existe; y Lilian y compañía ansían vivir la apoteosis final.

Los mejores de la Copa Mundial
Más que Zinédine Zidane o Francesco Totti, las grades estrellas del choque a priori, Cannavaro y Thuram son, posiblemente, los jugadores más importantes de los dos finalistas de Alemania 2006. "Imperial", así definió L'Equipe al central francés después de que, una y otra vez en la semifinal del miércoles contra Portugal, les cerrara la puerta en plena la cara a Cristiano Ronaldo, Luis Figo y compañía, que se toparon contra el muro infranqueable que formaban Lilian y su compañero William Gallas en el centro de la defensa francesa.

Lo mismo se podría decir del "mejor jugador de la Copa Mundial", como definió a Fabio Cannavaro uno que de fútbol sabe un rato, un tal Diego Armando Maradona, tras su partidazo contra Alemania. En el choque de semifinales, Cannavaro secó implacablemente el ataque de la peligrosísima pareja ofensiva alemana, formada por Klose y Podolski (posiblemente, la mejor de esta fase final), una gesta que le reportó la candidatura al Balón de Oro adidas, el premio al mejor jugador de la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006.

Por desgracia, el domingo por la noche uno habrá ganado y el otro habrá perdido... El fútbol es así. Pero Fabio y Lilian se fundirán en un abrazo y se mirarán a los ojos sabiendo que son los mejores y más gloriosos defensas nunca vistos en Alemania desde los tiempos del Káiser Franz Beckenbauer, allá por el año 1974...