Incluso el tiempo decidió añadir un poco más de tristeza a los rostros de los habitantes de la región de Hamelín, que el viernes acudieron a presenciar el último entrenamiento de la selección francesa. Entre ellos se encontraban los voluntarios del centro de prensa, que no dudaron en desafiar la persistente lluvia para despedirse de sus nuevos protegidos.

Antes de iniciar el viaje a Berlín para disputar la emocionante final, Raymond Domenech y sus hombres quisieron agradecer, a su manera, la excepcional acogida que desde el 8 de junio les han brindado los habitantes de Aerzen (el pequeño pueblo donde se alojaba el equipo, a 8 kilómetros de Hamelín, donde se entrenaba el combinado francés). De este modo, los 100 primeros en llegar al ayuntamiento recibieron un preciado pase para asistir a la última sesión de entrenamiento de los franceses en el campo de fútbol de la localidad.

"Para nosotros es un día muy triste", confesó con los ojos enrojecidos por el llanto Anna, voluntaria del centro de prensa de Hamelín que, como el resto de sus compañeros, ha estado cerca de los Bleus a lo largo de todo el campeonato. "Nunca antes había trabajado con los medios de comunicación, y mucho menos en el mundo del fútbol. Ha sido una experiencia excepcional, casi como un sueño".

Para Jan, matemático de profesión, los recuerdos se entremezclan en el momento de decir adiós a aquéllos que le han permitido vivir de cerca esta Copa Mundial de la FIFA. "Es difícil destacar un sólo momento de todo el mes que hemos pasado con ellos. De vez en cuando nos cruzábamos con los jugadores y siempre han sido muy agradables, siempre estaban disponibles para nosotros. Es una pena que se vayan". Mientras decía estas palabras, Jan se apresuró a guardar las fotografías que se había hecho con Thierry Henry y Lilian Thuram, para evitar que la lluvia las estropeara.

Sin embargo, una jornada en particular quedará grabada en la memoria de estos ocho voluntarios. "Para el partido de octavos de final frente a España, la asociación francesa nos invitó a viajar a Hanóver. Fuimos todos juntos, en tren. Nos vestimos y nos pintamos la cara con los colores de los Bleus. Cantamos durante todo el encuentro para animar a nuestros protegidos. Todo el mundo pensaba que éramos franceses (risas)".

El viernes, sólo cinco de ellos pudieron acudir al último entrenamiento, pero ya tienen previsto volver a verse el domingo para animar juntos a sus jugadores franceses hasta la victoria final. "Hasta ahora, hemos visto todos los partidos juntos". Aunque Jan confesó que por un momento temió que Francia y Alemania se vieran las caras en Berlín el 9 de julio ("No habría sabido a quién animar"), ahora no tiene ninguna duda de cuál será su equipo favorito: "Francia será campeona del mundo", aseguraron todos al unísono mostrando las pulseras tricolores que ellos mismos se han confeccionado.

Aunque los hombres de Domenech tuvieran que conformarse con la segunda plaza en Alemania 2006, por lo menos les quedaría el consuelo de haber conquistado algunos corazones