Cuando los componentes de la selección alemana regresaron el miércoles, en torno a las tres de la madrugada, a su cuartel general en el barrio berlinés de Grunewald, nadie tenía fuerzas para reflexionar sobre las consecuencias reales de lo sucedido unas horas antes sobre el césped del Estadio de la Copa Mundial de la FIFA de Dortmund. "Todos estaban hundidos, tristes y derrotados. Una profunda decepción y un inmenso vacío se respiraban en el ambiente", relató el director deportivo del equipo, Oliver Bierhoff.

Si los alemanes hubieran tenido tiempo para poner las cosas en perspectiva, habrían recorrido con más orgullo el solitario camino hacia sus habitaciones. Con la distancia que proporciona el paso del tiempo, el país anfitrión de la Copa Mundial de la FIFA 2006 comprenderá que, a pesar de la derrota por 2-0 en la prórroga de la semifinal contra los más astutos italianos, esta generación de grandes futbolistas ha conseguido algo histórico, excepcional y trascendente. En pocas palabras: los alemanes han logrado una revolución, tanto deportiva como en la mentalidad de su pueblo. "El país está orgulloso de ustedes", comunicó el Presidente Federal, Horst Koehler, a un Klinsmann inconsolable tras el partido.

El "Káiser" Franz Beckenbauer, impresionado
A nadie han dejado indiferente. El semblante lloroso del siempre orgulloso, imponente y casi arrogante capitán Michael Ballack, así como la mirada del completamente destrozado David Odonkor, ha transmitido a los seguidores alemanes unas emociones hasta ahora desconocidas. Cuando las 55,000 gargantas que entonaban el You'll never walk alone brindaron a sus ídolos una de las más maravillosas despedidas de la historia del deporte nacional, la emoción era ya indescriptible. "Algo así es irrepetible", afirmó Bierhoff, mientras Ballack aseguraba: "En estos momentos, ni siquiera eso nos consuela".

El once alemán también cuajó una gran actuación frente a los Azzurri, pero al final de 120 minutos de juego sucumbió prácticamente in extremis. Los hombres de Klinsmann, que parecían acusar todavía su prolongada lucha contra la selección de Argentina, fueron incapaces de igualar a su rival en picardía, experiencia y eficacia. Sin embargo, el "Káiser" Franz Beckenbauer opinó: "Ha sido el mejor partido que he visto en los últimos tiempos".

El derecho a sentirse orgullosos
Los alemanes no podían haber recibido una despedida más hermosa. Una derrota apuradísima en el partido de semifinales, contra los italianos (como ellos, tres veces campeones del mundo) y tras un increíble combate es para estar orgullosos. "El equipo ha jugado maravillosamente y ha apurado siempre los límites de sus posibilidades. Ha mostrado una gran capacidad de sufrimiento", ha manifestado Klinsmann con cierta satisfacción.

El antiguo campeón del mundo no ha conseguido el objetivo de convertir en campeones a sus pupilos, sin embargo ha silenciado a sus críticos con una auténtica lección de fútbol ofensivo y vistoso. "La selección nacional tiene futuro y puede llegar al certamen de 2010", ha declarado con total convencimiento el mediocampista Tim Borowski.

"Todos esperamos que Juergen Klinsmann continúe"
Per Mertesacker comparte su opinión: "El modelo ha demostrado su validez. El camino es el correcto y debemos seguir avanzando por él". Este central de 21 años (y no solo él) sabe perfectamente a quién debe su salto a la categoría mundial en esta fase final. "Todos esperamos que Jürgen Klinsmann continúe". El propio seleccionador ha pedido públicamente un poco más de tiempo para tomar una decisión.

A fin de cuentas, aún no se ha acabado todo. A Alemania le queda todavía un choque por disputar: el partido por el tercer puesto que se celebrará el próximo sábado en Stuttgart. "Queremos entusiasmar de nuevo al público. Queremos marcar el ritmo y concluir el campeonato con un triunfo", ha declarado Klinsmann. Con él podrá agradecer a los ochenta millones de aficionados de su país por haber ofrecido al mundo el más impresionante escenario que el fútbol alemán ha visto jamás.