Sydney Govou estaba dispuesto a ver por televisión a la selección de Francia en esta Copa Mundial de la FIFA 2006 desde su lugar de vacaciones. Pero, al igual que en la Eurocopa 2004, la lesión de Djibril Cissé abrió al mediocampista del Olympique de Lyón las puertas del equipo galo en el último minuto. A dos días de una final de ensueño frente a Italia, el suplente de lujo de los Bleus comenta el periplo de su equipo hasta la cita del domingo en Berlín.
¿Qué ambiente hay en la concentración en la víspera de la gran final?
Por el momento, la tensión no está subiendo. Nos encontramos en un periodo de relajación. Estamos recobrando las fuerzas empleadas en el último partido. Terminamos muy fatigados, y en lo primero que tenemos que pensar es en la recuperación. Se habla más de lo que ha pasado que de lo que va a pasar. Desde el inicio de la competición, vivimos en una atmósfera de continuidad. Después de cada partido, pensamos sobre todo en relajar los ánimos. Creo que la presión empezará a subir suavemente a partir de ahora. No sirve de nada que empiece antes.
Precisamente se han dicho muchas cosas sobre el ambiente en el seno de la selección francesa. ¿Cómo ha vivido usted su integración tardía?
Como llegué el último, sin duda he pasado por un periodo de observación un poco más largo. Pero al mismo tiempo, eso también me ha permitido ver cómo convivían mis compañeros. Tal y como sospechaba, enseguida me di cuenta de que todo lo que se decía era falso. Ya hacía tiempo que el equipo recibía críticas de personas totalmente ajenas a él. Cuando los resultados no son buenos, se puede decir de todo, se puede escribir de todo. Pero puedo asegurarle que, por lo que respecta al ambiente, el juicio exterior no se correspondía con la realidad.
Usted ha entrado en acción en los cuatro últimos encuentros. ¿Qué le ha parecido esta experiencia?
Ante todo, estoy muy contento de haber sido convocado en el último minuto para esta Copa Mundial. Estoy entusiasmado de formar parte de esta bonita aventura. A finales de mayo, después del anuncio de la lista de 23, no me imaginé que fuera a participar. Y luego, cuando fui convocado, no me figuré que iba a jugar. En fin, todo parecía indicar que no intervendría. Pero en cuanto he tocado el balón, he sentido que no había perdido el ritmo. Y entonces me he dicho: "¿Por qué no?" Y por eso me he sentido muy bien desde mi primera aparición.
Cuando usted saltó al campo, ¿cuáles fueron las consignas de Raymond Domenech?
Ante todo, defender bien y recuperar bien la posición. Él sabe que puedo pasar rápidamente de una función defensiva a una función ofensiva. Y una de mis cualidades es mi capacidad para entrar pronto en el partido. Enseguida sé lo que tengo que hacer.
¿Cuál es la fuerza de este equipo de Francia?
Sin duda, la mentalidad. Hemos sabido marcar la diferencia aceptando las consignas del entrenador, cuya prioridad era defender bien. Y hacerlo juntos. En nuestros primeros partidos, hay que admitir que no teníamos esta consistencia defensiva. Pero hemos acabado por integrar este parámetro para formar hoy un bloque sólido. A fuerza de recalcarlo, el entrenador nos lo ha inculcado en la cabeza. Había que hacer comprender a los atacantes que defender bien también es una forma de atacar.
Como jugador ofensivo, ¿le gusta jugar en un equipo tan defensivo?
Francamente, no me supone ningún problema. No es un catenaccio a la francesa. Es sólo una forma de ver el fútbol. En el Lyón jugamos un poco de la misma manera, son prácticamente las mismas consignas. Puede hacerle la misma pregunta a Flo (Florent Malouda), seguro que le responderá lo mismo. Yo prefiero atacar, pero no me molesta defender.
¿Cómo viven ustedes estos momentos de calma, estos días antes o después de un partido?
Desde los cuartos de final, hemos empezado a mirar un poco la televisión. Es un placer ver lo que está pasando en Francia. Entre los jugadores comentamos el tema, y eso nos da mucha moral.
Hoy, los mismos que expresaban sus dudas sobre la calidad de la selección en los dos primeros partidos, la apoyan eufóricos. ¿Qué le parece a usted este giro?
Así es el fútbol, es normal. Cuando se atrae a tantos seguidores, los sentimientos van de un extremo al otro con gran facilidad. Tienen derecho a hacer un juicio y a cambiarlo al día siguiente. Así es la vida. Cuando no nos encontrábamos bien sobre el campo, las críticas podrían habernos afectado. Pero ahora el apoyo nos ayuda a liberarnos aún más.
Oyéndole hablar, se diría que usted nunca ha dudado del éxito...
Llegamos a Alemania con el objetivo de llegar a esta final del 9 de julio. Es cierto que no lo hemos proclamado a los cuatro vientos cuando atravesábamos dificultades en la primera ronda. Pero el objetivo siempre estuvo ahí, en el fondo de cada uno de nosotros. Jamás hemos contemplado el fracaso.
¿Vio la semifinal Alemania-Italia? ¿Qué piensa de su próximo adversario?
Sí, unos cuantos vimos este partido en nuestro hotel de Múnich. Italia ya la conocemos. Es un equipo que defiende muy bien, que absorbe a su adversario y trata de pillarle a la contra. Físicamente, los italianos están sin duda por encima de los demás. Puede que no de Francia, pero en todo caso ése es uno de sus puntos fuertes.
¿Sueña usted con un destino como el de Wiltord y Trezeguet en la final del Campeonato Europeo de 2000?
No soy de natural soñador, pero si tengo que entrar a influir en el resultado, no me haría de rogar. Quiero que la selección de Francia gane la final. Si yo puedo contribuir, será con un inmenso placer. ¡Aunque sea con una última entrada defensiva!
¿Teme usted un marcaje mucho más riguroso por parte de los italianos que en sus últimos encuentros?
Preferimos concentrarnos en nuestro juego que pensar en lo que puede hacer Italia para neutralizarnos. Lo importante será jugar como lo hemos hecho desde el principio, con nuestras fuerzas. Es cierto que nos adaptaremos un poco al rival. Pero temer a algo o a alguien en particular
¡eso nunca!
¿Se puede decir que Francia ya ha alcanzado el éxito en la Copa Mundial de la FIFA 2006?
Cuando se llega a la final, no es para detenerse ahí. Queremos ganar este trofeo. De ahí a decir que la Copa Mundial sería un fracaso para nosotros si no la ganáramos... Vuelva a hacerme la pregunta después del partido (ríe).
¿Cree usted que el final de la carrera de Zinédine Zidane y las retiradas como jugadores internacionales de Lilian Thuram y Claude Makélélé pueden influir psicológicamente en esta final?
Es cierto que por el momento tratamos de no pensar demasiado en ello. Pero es posible que eso nos ayude a superarnos. Sería simplista decir que sólo jugamos para ellos. Pero pensar en ellos en este partido podría impulsarnos a correr los diez últimos metros necesarios para hacer esa entrada o ese disparo providencial.