Sven-Göran Eriksson, el sucesor de Vahid Halilhodzic al frente de los Elefantes, va a disputar su tercera Copa Mundial de la FIFA en calidad de seleccionador, tras dos ediciones al timón de la selección inglesa (2002 y 2006).
Desde su marcha de Inglaterra, el sueco no ha llevado a término ninguna de las tres aventuras que ha acometido, y su reputación de ganador y gran estratega ha quedado en entredicho. Pero la Asociación Marfileña de Fútbol confía en su dilatada experiencia en las grandes citas, en su profundo conocimiento del fútbol inglés (donde ejercen su oficio la mayor parte de las figuras del combinado nacional) y en sus credenciales para guiar a su selección hasta los éxitos que todo el país espera con ansiedad.
Una lesión de rodilla obligó a Eriksson a abandonar su modesta carrera como jugador a los 27 años. Entonces emprendió una nueva andadura como entrenador, que a la postre le reportaría grandes éxitos. La empezó en el banquillo del Degerfors IF, donde se hizo un nombre. En tres años, el equipo pasó de la tercera división a la primera del campeonato sueco. En 1979, tomó las riendas de un grande, el IFK Göteborg, con el que conquistó la Copa de la UEFA en 1982. Durante ese tiempo también ganó dos ligas y una Copa, un palmarés que le sirvió de trampolín para ejercer fuera de su país.
Su carrera internacional comenzó en el Benfica en 1982. Desde ese momento, y hasta su nombramiento como el primer seleccionador extranjero del combinado inglés en 2001, Eriksson sumó un título tras otro y se forjó una excelente reputación en Europa: dos ligas (1983 y 1984) y una final de la Liga de Campeones de la UEFA (1990) con el Benfica, además de otro título del campeonato nacional en 1991, durante su segunda estancia en el conjunto portugués (de 1989 a 1992); una Copa de Italia con el AS Roma (1986), otra con el Sampdoria (1994) y una tercera con el Lazio (1998). Con los Biancocelesti alcanzó su cénit como técnico, con la Recopa de Europa (1999) y el doblete Liga/Copa en 2000.
En 2001, la Asociación Inglesa de Fútbol le hizo una jugosa oferta que no pudo rechazar, pero el hecho de tener a un extranjero al frente del equipo nacional no sentó muy bien a la opinión pública. Durante cinco años, Eriksson sufrió un aluvión de críticas, y nunca pasó de los cuartos de final en ninguna de las tres competiciones internacionales en las que participó.
Con el Manchester City, el idilio terminó un año después en dolorosa separación. La historia se repitió en el Notts County FC, de la cuarta división del campeonato inglés, justo antes su paso por la selección mexicana, donde no duró ni un año. Los Elefantes le brindan ahora la posibilidad de acallar a sus detractores y de hacer olvidar su pasado reciente.



