El 4 de julio es una fecha muy señalada, y no solo en Estados Unidos, sino también en los anales del fútbol alemán, tanto en sentido positivo como negativo. ¿Cómo no acordarse, por ejemplo, del milagro de Berna en 1954, o de la tanda de penales ante Inglaterra en Italia 1990?

En esa misma fecha, sin embargo, Alemania se despedía también de "su" Mundial en 2006 al caer ante Italia en la prórroga. Y no menos dramático es el recuerdo del 4 de julio de 1998: aquel día, los alemanes sufrieron en Lyon la derrota mundialista por mayor diferencia de goles a manos de una selección debutante en el torneo con la que nadie contaba: Croacia.

El contexto
Unos 40.000 espectadores se habían dado cita en el estadio de Gerland para presenciar el encuentro entre la tricampeona Alemania y Croacia. Los caminos de uno y otro equipo se habían cruzado ya durante la Eurocopa 1996: en aquella ocasión, los alemanes (que posteriormente ganarían el torneo) se deshicieron de sus contrincantes por un apretado 2-1, pese al buen juego desplegado por los balcánicos.

Había llegado la hora del desquite. Alemania no era la de otras ocasiones: en el segundo partido de la fase de grupos, por ejemplo, pudo empatar con mucha fortuna ante Yugoslavia tras ir perdiendo por 0-2, y en octavos de final solo consiguió doblegar a México a cinco minutos de la conclusión, mediante un gol de Oliver Bierhoff (2-1).

Croacia llegaba al partido habiendo superado la primera fase como segunda de grupo, tras dos victorias ante Japón y Jamaica y una derrota ante Argentina. En octavos había eliminado a Rumania por un escueto 1-0.

El encuentro entre ambas selecciones tenía cuatro precedentes, todos resueltos a favor del conjunto alemán (con una ventaja en goles de 14-3, además), y se daba por seguro que en Francia los germanos se harían de nuevo con la victoria. Y sin embargo...

El partido
Hasta el minuto 40 del encuentro, el cuadro alemán desplegó el mejor juego de todo el campeonato. Oliver Bierhoff bien podría haber puesto a los suyos por delante en el marcador, pero Drazen Ladic detuvo su remate de cabeza y consiguió desviar con el pie ante la llegada de Juergen Klinsmann. Poco después, el defensa Christian Wörns veía la cartulina roja tras una fea entrada a Davor Suker y dejaba a su equipo en inferioridad numérica.

Los croatas aprovecharon el breve desconcierto de la zaga alemana y tomaron ventaja con un gol de Robert Jarni, cuyo seco disparo a pase de Mario Stanic se clavó en la cepa del poste derecho.

Tras el descanso, Berti Vogts quiso dotar de mayor mordiente a su equipo, pero la entrada al campo de Olaf Marschall y Ulf Kirsten, dos jugadores de claro corte ofensivo, no se tradujo en resultados tangibles. Bierhoff se estrelló dos veces contra un Ladic en estado de gracia. En los compases finales del partido, Goran Vlaovic y Davor Suker aprovecharon sendos contraataques para dar la puntilla a Alemania, tres veces campeona del torneo, e infligirle su derrota más abultada en un Mundial desde 1958 (6-3 ante Francia).

La tristeza de los alemanes contrastaba con el eufórico estado de ánimo de los jugadores balcánicos en el debut de su selección en una fase final mundialista. Las imágenes de "Sukermán" envuelto en la bandera croata y con los brazos abiertos a modo de alas dieron la vuelta al mundo. El jefe de Estado croata, Franjo Tudjman, improvisó un baile en la tribuna de autoridades, y sobre el terreno de juego los futbolistas saltaron unos encima de otros como niños pequeños.

Al día siguiente, el titular del diario italiano Gazzetta dello Sport no podía ser más elocuente: "Croacia jubila a Alemania. El conjunto germano cavó su propia tumba con un fútbol anticuado". El rotativo checo Nedelni Blesk, por su parte, escribía: "La envejecida selección alemana pensó que la terquedad e insistencia de su estilo serían suficientes para imponerse a los croatas. Se equivocaba. Una Croacia más que admirable acabó sepultándola".

Las estrellas
La media de edad de los jugadores alemanes rondaba los 30 años y superaba la de anteriores combinados nacionales en unos Mundiales. Ante la falta de recambios adecuados entre las nuevas generaciones, el peso del equipo recayó una vez más sobre los veteranos hombros de Lothar Matthaeus (37 años), Andreas Koepke (36), Juergen Klinsmann (34), Juergen Kohler (33) y hasta ocho jugadores más ya entrados en la treintena.

Croacia, por su parte, contaba con un equipo plagado de estrellas (Suker, Slaven Bilic, Zvonimir Boban...), y en su primera participación en una Copa Mundial logró un resultado histórico. Ni siquiera los más optimistas se habían atrevido a pronosticar un éxito tan rotundo para Croacia. No hay que olvidar que se había clasificado de puntillas para el Mundial al imponerse a Ucrania en una eliminatoria a doble partido; ya con el billete mundialista en el bolsillo, la nación entera siguió el torneo con un entusiasmo que derivó en alegría incontenible con el sensacional paso a semifinales de los suyos.

Se dijo
"Este es un momento histórico en la historia del fútbol croata".
Miroslav Blazevic, seleccionador de Croacia

"Para un país pequeño como el nuestro es una gran satisfacción. Hemos puesto todo el corazón en el partido".
Davor Suker, delantero de Croacia

"Ha sido el partido de nuestras vidas, no lo olvidaremos nunca".
Zvonimir Boban, centrocampista de Croacia

¿Qué sucedió luego?
Berti Vogts permaneció tan solo dos partidos más en el cargo y anunció su renuncia tras ocho años al frente del combinado nacional (102 partidos: 67 victorias, 23 empates, 12 derrotas). "No puedo más", dijo. Tras la Copa Mundial, tres pesos pesados del equipo (Juergen Kohler, Juergen Klinsmann y Andreas Koepke) anunciaron igualmente que no volverían a competir con la selección.

Pese a adelantarse en el marcador, Croacia acabaría perdiendo por 2-1 en semifinales frente a Francia, anfitriona y a la postre campeona del torneo. En el partido por el tercer puesto se impondría luego a Países Bajos (2-1).

Los seis goles anotados le valieron a Suker la Bota de Oro adidas. El croata guarda un grato recuerdo del torneo: "Hicimos historia. Acabamos terceros, algo impensable para un país de cuatro millones de habitantes que tanto había sufrido durante la guerra de los Balcanes. A todos nos enorgullece haber formado parte de aquel equipo. A mí, en concreto, me permitió hacer realidad el sueño de cualquier futbolista: participar en un Mundial y coronarme como máximo goleador".

Para el país balcánico, aquel éxito tuvo una importancia equiparable a la que supuso para Alemania el título mundialista de 1954. "No habíamos contado con llegar tan lejos", reconocía Zvonimir Soldo. "Era nuestra primera Copa Mundial. Ni se nos ocurría pensar que podíamos ser terceros. Pero Blazevic, el seleccionador, nos repetía que podíamos llegar a la final". Pese a tocar techo en la final de consolación, la de Suker, Soldo y compañía sigue siendo la "generación de oro" del fútbol croata.