Según los registros oficiales, que no incluyen los miles de personas que habrían entrado al estadio de forma improvisada en el último momento, 152.772 aficionados llenaron las gradas de Maracaná aquel 13 de julio de 1950. A los diez minutos del segundo tiempo del partido entre Brasil y España, 152.771 de aquellos espectadores se arrancaron con una de las canciones más multitudinarias que se recuerdan, mientras que uno de ellos lloraba de emoción.

Cuando Brasil marcó el 4-0, la afición quiso homenajear a los jugadores agitando pañuelos blancos y entonando la canción ‘Touradas em Madri’ (‘Toros en Madrid’, en español), que había sido todo un éxito en el carnaval de 1938 y que decía así:

“Eu fui às touradas em Madri/ Para tim, bum, bum, bum/ Para tim, bum, bum, bum/ E quase não volto mais aqui/ Para ver Peri beijar Ceci / Eu conheci uma espanhola / natural da Catalunha / Queria que eu tocasse castanhola / que pegasse touro à unha.”

Todos los presentes cantaron al unísono... Todos menos uno: Carlos Alberto Ferreira Braga. Emocionado al oír una composición suya y de su compañero Alberto Ribeiro en la voz de tanta gente, el músico –conocido popularmente como Braguinha y profesionalmente con el seudónimo João de Barro– no pudo reprimir las lágrimas.

Todo era demasiado perfecto aquella tarde en Maracaná. Era como si, en cierta forma, el estadio reclamase una gran muestra de alegría colectiva para compensar la inmensa tristeza que embargaría al coliseo carioca tres días después.

El contexto
La selección brasileña afrontaba su quinto partido en aquella Copa Mundial de la FIFA, que se encontraba ya en su fase cuadrangular final. El equipo anfitrión llegaba a Maracaná después de sumar tres victorias y un único pinchazo, un 2-2 que había cedido ante Suiza en el estadio Pacaembu de São Paulo. Por lo demás, la trayectoria del conjunto auriverde en el certamen había sido inmaculada, con quince goles a favor y tres en contra.

Por su parte, la selección española se presentaba como el adversario más temido por los brasileños en la ronda final. Aquella era la Furia de Antonio Ramallets, Agustín “Piru” Gaínza y Telmo Zarra. España había hecho una primera fase excelente, con tres triunfos –frente a Estados Unidos, Chile e Inglaterra– y un empate 2-2 con Uruguay.

El partido
Sin embargo, el buen papel realizado hasta entonces no le serviría de nada al combinado español. Brasil no se amilanó ante la talla del conjunto rival y desplegó un fútbol de altísimo nivel. Tras empezar la fase cuadrangular final vapuleando a Suecia por 7-1, el equipo liderado por Flávio Costa hizo lo propio con España y le infligió un incontestable 6-1.

El abultado resultado final no hizo sino reflejar lo que se había visto sobre el terreno de juego. El cuadro brasileño dominó el partido de cabo a rabo y ya ganaba por 3-0 al descanso, después de adelantarse a los 15 minutos gracias a un gol en propia meta. Por su parte, España alcanzó el gol del honor a través de Silvestre Igoa en el minuto 71, cuando ya había recibido seis tantos.

Aquel partido desató definitivamente la euforia que se había ido adueñando del país a lo largo de la cita mundialista. Si el equipo de Jair, Zizinho, Chico y el goleador Ademir era capaz de arrollar de aquella manera a un rival como España, no iba a ser Uruguay quien arruinase la fiesta en Maracaná en el partido decisivo. ¿O sí?

Se dijo
“Creo que Brasil perdió el partido el día anterior, porque el país entero festejaba como si el Mundial ya estuviese ganado. Y un partido no se gana el día antes”.
Mário Jorge Lobo Zagallo, en declaraciones a FIFA.com.

Antes de proclamarse campeón del mundo en dos ocasiones como jugador y de entrenar a la mítica selección brasileña de 1970, Zagallo estuvo aquel día en Maracaná en el papel de joven soldado del ejército brasileño, trabajando en el servicio de seguridad del estadio. ¿Qué sucedió luego?

Zagallo también estuvo en el estadio el día 16 de julio, pendiente de nuevo de garantizar la seguridad en el recinto, aunque esta vez, como relata el propio Zagallo, no hubo que contener ningún tipo de euforia. El ex jugador y entrenador fue testigo del famoso 'Maracanazo', en el que Brasil perdió por 1-2 pese a haber empezado ganando. “Aquello parecía otro estadio. El panorama era desolador. Pensé para mí que todos aquellos pañuelos blancos se habían transformado en uno solo y gigantesco que serviría para enjugar las lágrimas de la derrota”, declaró Zagallo a FIFA.com.