En 1954, se celebró la primera competición preliminar de Asia en la historia de la Copa Mundial de la FIFA. Como Israel decidió ingresar en la ronda de clasificación europea y China Taipei se retiró tras el sorteo, en el Grupo 13 sólo quedaron Japón y la República de Corea para competir por el derecho a representar al continente.

Estaba previsto que el duelo de Extremo Oriente se jugara a dos partidos, uno en cada país, pero el entonces Presidente de la República de Corea, Syngman Rhee, se oponía por principio a competir contra "antiguos invasores", y se mantuvo inflexible en su decisión de no permitir la entrada de los futbolistas japoneses en territorio coreano. En última instancia, sin embargo, Rhee dio su consentimiento a que la selección surcoreana disputara los dos encuentros en Japón, pero con una condición: "Prepárense para saltar al mar si pierden".

Así fue cómo el primer duelo de fútbol entre Japón y la República de Corea se libró en Tokio el 7 de marzo de 1954, con un desenlace de 1-5 favorable a los visitantes. FIFA.com rememora su segundo enfrentamiento en el mismo estadio.

Los detalles
14 de marzo de 1954, estadio Meiji Jingu, Tokio.
Japón 2-2 República de Corea (la República de Corea ganó 7-3 en el balance agregado)
Goleadores: Iwatani (JPN) 16', Chung Nam-Sick (KOR) 25', Choi Jung-Min (KOR) 42', Iwatani (JPN) 60'.
Japón: Hidema Watabe, Ryuzo Hiraki, Yoshio Okada, Takashi Wakabayashi, Nobuo Matsunaga, Masao Ohwa, Masanori Kamota, Taro Kagawa, Taizo Kawamoto, Toshio Iwatani, Takashi Kano.
República de Corea: Hong Duk-Young, Park Kyu-Jong, Lee Jong-Kap, Lee Sang-Yi, Min Byung-Dae, Kim Ji-Sung, Choi Gwang-Suk, Sung Nak-Woon, Choi Jung-Min, Chung Nam-Sick, Park Il-Kap.

El contexto
Habiendo perdido el encuentro de ida por 5-1 bajo una tormenta de aguanieve una semana antes, Japón necesitaba desesperadamente el triunfo para mantener vivas sus esperanzas. Como en aquel entonces no existía la regla de la diferencia de goles, los anfitriones sólo necesitaban ganar el segundo compromiso aunque fuera por un único gol de ventaja para alargar la serie hasta el decisivo tercer choque.

La misión de la República de Corea estaba lejos de haberse cumplido pese a su contundente victoria en la primera disputa. Y habida cuenta de la severa advertencia del Presidente de su país, los jugadores surcoreanos sabían que sus futuros, acaso sus vidas, pendían por completo de evitar una derrota.

El partido
El seleccionador japonés, Shigemaru Takekoshi, realizó no menos de ocho cambios respecto al equipo que había perdido el primer choque. El influyente trío compuesto por Yoshio Okada, Taro Kagawa y Takashi Kano fue lo único que quedó del elenco derrotado. Animados por cerca de 13.000 espectadores, el remozado cuadro local tomó la iniciativa con ese juego de pases rápidos que se ha convertido en su sello distintivo. Y no tardó mucho en cobrar ventaja. Tras recibir un buen pase de Kawamoto, Kano envió un espléndido centro que Iwatani remató a bocajarro a la red en el minuto 16.

Los visitantes, sin embargo, estaban más que dispuestos a resolver el problema. En el minuto 25, Chung Nam-Sick, autor de un doblete en el choque de ida, empató la contienda con un audaz vaselina. Cinco minutos más tarde, Choi Jung-Min vio cómo Hidema Watabe detenía su hábil remate entre los tres palos. Pero Choi no se dio por vencido y, en el minuto 42, el guardameta japónes tuvo que ir a recoger el balón al fondo de las mallas porque Choi no perdonó la segunda vez y asestó una diana imposible de parar.

Japón tenía que marcar y, al filo de la hora de juego, lo consiguió. Okada se escapó por la banda izquierda y sirvió un centro perfecto a Iwatani, que recibió el balón con mucha sangre fría y lo clavó entre los tres palos fuera del alcance de Hong Duk-Young. Este empate deparó un final agónico, en el que Hong fue llamado a convertirse en el héroe de los suyos a 15 minutos para el final, al frustrar una peligrosísima ocasión de Kawamoto cuando los japoneses se lanzaron al ataque en busca del tanto decisivo.

Pero aún quedaba tiempo para más emoción. A falta de cinco minutos, Kawamoto se adelantó al guardameta para empujar la pelota hacia una portería aparentemente vacía. Pero cuando ya los japoneses se disponían a cantar el gol, el defensa Lee Jong-Kap apareció de la nada y rescató a la República de Corea despejando el esférico sobre la misma línea de meta en unos momentos de infarto.

La figura
Conocido como "Piernas de Oro" entre sus seguidores, Choi Jung-Min, ya fallecido, era uno de los mejores delanteros de Asia en aquel entonces. Se imponía en el área rival a fuerza de tenacidad y representaba una amenaza constante para los rivales a los que se enfrentó por todo el continente. También fue un miembro destacado de la selección de la República de Corea que conquistó las dos primeras ediciones de la Copa Asiática, en 1956 y 1960.

Se dijo...
"Choi Jung-Min era un jugador tan bueno, tenía tal equilibrio y velocidad, que no podíamos pararlo. Nos sentíamos como un grupo de niños jugando contra un mayor". Ryuzo Hiraki, defensa de Japón.

"Después del primer partido, tuvimos la sensación de que Japón no era tan fuerte como habíamos supuesto. Además, recibimos una cálida bienvenida por parte de la comunidad coreana que vivía allí, que nos trató muy bien todas las noches. Tan bien que seguramente afectó nuestro rendimiento en el siguiente partido". Lee You-Hyung, seleccionador de la República de Corea.

¿Qué sucedió luego?
La República de Corea tomó parte en la fase final de Suiza 1954, donde cayó eliminada en la liguilla de grupos tras sufrir humillantes derrotas ante Hungría (9-0) y Turquía (7-0). Japón, por su parte, tuvo que esperar otros 44 años para ingresar por fin en la escena mundial: se clasificó para Francia 1998 gracias a una vibrante victoria por 3-2 en la eliminatoria asiática disputada contra Irán el 16 de noviembre de 1997.