Portugal 5-3 RDP de Corea
Eusebio (27', 43' pen., 56', 59' pen.) José Augusto (80'); Pak Seung Zin (1'), Li Dong Woon (22'), Yang Sung Kook (25')

Inglaterra se proclamó campeona de la Copa Mundial de la FIFA 1966, pero fue Portugal la selección que presentó al mundo el jugador más sobresaliente del certamen. El combinado de Otto Gloria se metió en las semifinales durante su debut en una fase final propulsado por la brillantez de Eusebio. El partido de cuartos contra RDP de Corea ejemplifica mejor que ningún otro la excelencia del delantero del Benfica, a la sazón vigente Jugador Europeo del año, que contribuyó con cuatro goles a la espectacular remontada de Portugal y salvó a su equipo de la derrota prácticamente en solitario.

El choque de cuartos de final celebrado en Goodison Park enfrentó a dos de los equipos que más simpatizantes se granjearon en aquella Copa Mundial de la FIFA disputada en Inglaterra, aparte del anfitrión, por supuesto. Los portugueses, en el que figuraban las estrellas del Benfica triunfal de la década de 1960, se había ganado un lugar en los corazones del público de Liverpool con electrizantes victorias ante Hungría y el defensor del título, a la postre destronado, Brasil. Los norcoreanos, desconocidos representantes de un país envuelto en el secretismo y el misterio, habían dado la campanada contra Italia en su partido anterior, celebrado en Ayresome Park. Un gol de Pak Doo Ik los catapultó hasta cuartos de final y condenó a los Azzurri a aquella lluvia de tomates podridos que los aficionados italianos les dispensaron como bienvenida a su llegada al país.

La victoria contra Italia había abierto los ojos del mundo a la calidad de los norcoreanos, aunque, al parecer, algunos de los jugadores portugueses no se habían dado por aludidos hasta el primer minuto de partido, en el que encajaron un gol sensacional. Después de una rápida jugada por la derecha, el balón acabó en la frontal, donde Pak Seung Zin lo remató a puerta. Para sorpresa de todos, el balón cobró velocidad, pasó por encima de José Pereira y se coló lamiendo el larguero. Los norcoreanos se abrazaron en una piña para celebrar el gol.

La selección de Corea del Norte, que se había granjeado las simpatías del público de Middlesbrough durante la fase de grupos con su fútbol veloz y efectivo, acababa de conquistar el respaldo de la gran mayoría de los espectadores congregados en Goodison Park. "En el partido contra Portugal, el público nos aupó con pasión", recordaría Pak Doo Ik muchos años después. Portugal pasó el primer cuarto de hora sin encontrar el rumbo y, tras un fallo de Eusebio en el área, los norcoreanos organizaron un rápido contragolpe. Pereira calculó mal la trayectoria de un balón lanzado con mucho efecto desde la banda derecha, que llegó al segundo poste a los pies de Yang Sung Kook, cuyo centro raso remató Li Dong Woon con una media volea desde la boca de gol.

Una ventaja de dos goles en el minuto 22. La letra de la canción que sustituía al himno nacional norcoreano (los asiáticos no podían utilizarlo por razones políticas) se antojaba profética a esas alturas: "Podemos vencer a cualquier equipo, incluso al mejor". A continuación, un tiro libre que Eusebio había lanzado con mucha rabia pasó rozando el poste. Tres minutos más tarde, llegó el 0-3. Yang Sung Kook, en plena carrera por la izquierda, envió un pase para Pak Doo Ik, que disparó a puerta sin demasiada convicción. El balón llegó rebotado al paso de Yang Sung Kook, quien para entonces se había internado en el área y, tras buscar un buen ángulo de tiro, cruzó un trallazo que se coló por el segundo palo.

Con tres goles encajados, José Pereira, el guardameta portugués, hundió la cabeza entre las manos mientras sus compañeros se lanzaban miradas acusadoras. Tan sólo dos minutos después, Antonio Simoes vio que Eusebio se desmarcaba y le cedió un balón. El as del Benfica irrumpió en el área y coló su disparo por la parte superior de la portería. A Portugal se le abría un resquicio de esperanza. El propio dorsal 13 portugués, que no estaba para celebraciones, recogió el balón del fondo de las mallas y se lo llevó a toda prisa al centro del campo.

De repente, la tónica del encuentro había cambiado radicalmente. Sólo en una ocasión anterior en la historia de la Copa Mundial de la FIFA, un equipo había ganado un partido tras remontar un 3-0 en contra. No obstante, la defensa de Corea del Norte empezaba a pasar apuros para mantener a raya al hombre llamado la "Perla Negra". El reloj avanzaba imparable hacia el descanso cuando el delantero centro José Torres se internó limpiamente en el área, pero un defensa segó su avance. El árbitro israelí Menachem Ashkenazi señaló el punto de castigo. Eusebio se encargó de lanzar el penal y, sin dudarlo, colocó el balón por la parte superior del arco. De nuevo, él mismo recogió la pelota y se la llevó a la carrera al círculo central.

Portugal, que perdía por 2-3 al final de la primera parte, igualó la contienda en el minuto 56. Eusebio, a partir de una jugada iniciada en campo propio, se lanzó en una carrera hacia la meta, durante la que se libró de su marcador justo a tiempo para recibir un pase de Simoes y, con su remate, batir a Li Chan Myong. Tres minutos más tarde, la "Perla Negra" convirtió el 4-3 con la transformación desde el punto de castigo de un penal que él mismo había provocado cuando una de sus desbocadas carreras concluyó ilegalmente en el interior del área rival. Para entonces, a los norcoreanos se les habían agotado las ideas. Un saque de esquina de Eusebio propició el último gol de la tarde y concedió a José Augusto el honor de compartir con el genio la lista de goleadores del partido.

Al final del encuentro, un joven espontáneo inglés con un periódico en la mano persiguió a Eusebio por el campo para pedirle un autógrafo. Su gesta había metido a la selección portuguesa en semifinales, donde cayó derrotada ante Inglaterra. Sin embargo, el astro terminó la fase final con nueve goles y la Bota de Oro en el bolsillo, y los portugueses se hicieron con el tercer puesto. También los norcoreanos partieron como héroes, y las proezas de la primera nación asiática que alcanzaba los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA serán por siempre recordadas. Desde entonces, sólo su vecina del sur, la República de Corea, ha superado esa hazaña al meterse en las semifinales de la edición celebrada en su país en 2002.