Brasil e Inglaterra acudían a la Copa Mundial de la FIFA México 1970 en un momento de pleno apogeo. Los europeos eran los vigentes campeones del mundo, y todos coincidían en que poseían un equipo incluso mejor que el que había conquistado el título cuatro años atrás, con Alan Mullery y Francis Lee ahora como complemento del guardameta Gordon Banks, el central Bobby Moore y el centrocampista ofensivo Bobby Charlton, tres hombres considerados como los mejores futbolistas del planeta en sus respectivas posiciones. El conjunto sudamericano, que se había adjudicado las ediciones de 1958 y 1962, contaba en su plantel con los geniales Rivelino, Jairzinho, Pelé y Tostão.

Una final entre la Seleção y los Tres Leones hubiera sido de ensueño. Sin embargo, el destino quiso que se cruzasen en su segundo partido del Grupo 3, un duelo de titanes cuyo vencedor tendría prácticamente garantizado un puesto en cuartos de final.

El país en el que había nacido el fútbol se medía con el que cultivaba su propio e inimitable estilo de jeugo. Era Europa contra Sudamérica. El equipo más infranqueable del globo contra el más prolífico.

Dicho esto, como era previsible, el choque acabó deparando innumerables momentos excepcionales, como una de las mejores recuperaciones de balón que se hayan visto nunca, una parada designada por aclamación la mejor de la historia, todo tipo de jugadas que levantaron a los espectadores de sus asientos, un sublime y solitario gol y un tan inconcebible como fatídico fallo...

El contexto
Un gol de Geoff Hurst bastó a Inglaterra para derrotar a Rumania en su estreno, a la vez que Brasil goleaba por 4-1 a Checoslovaquia. Estos resultados implicaban que quien ganase la contienda tendría casi asegurada la clasificación para la fase de eliminatorias.

El partido
Los equipos saltaron al campo en medio de un calor abrasador, y ante 66.843 espectadores convencidos de ir a presenciar un clásico. Los primeros compases lo refrendaron.

Inglaterra empezó con gran intensidad, y tanto Mullery como Charlton exhibieron una visión de juego impresionante. El primero combinó con Geoff Hurst para habilitar a Martin Peters, y el potente lanzamiento de éste desde el borde del área fue atrapado por Félix. Poco después, un centro desde la línea de banda derecha de Tommy Wright estuvo a punto de sorprender al arquero brasileño, que no estaba colocado en una posición idónea.

Minutos más tarde, el cuadro de Mário Zagallo casi inaugura el marcador. Un espléndido pase entre líneas de Carlos Alberto permitió internarse por el flanco derecho a Jairzinho, quien, después de salvar el obstáculo de Terry Cooper, dirigió un centro milimétrico hacia Pelé, a siete metros de la puerta.

El número 10 brasileño conectó un fuerte y preciso testarazo en plancha, y en el Estadio Jalisco todos creyeron que había perforado la meta. Todos, menos Gordon Banks, claro. El inglés se lanzó hacia la derecha y de algún modo consiguió rozar el balón con el brazo extendido para despejarlo a saque de esquina.

Paulo César, que ocupaba el lugar en el once del lesionado Gérson, fue el siguiente en probar suerte, al recortar desde la izquierda y realizar una pared con Tostão y estrellar la pelota contra el travesaño. Luego el dinámico Francis Lee desperdició una ocasión inmejorable de adelantar a los ingleses, en un remate de cabeza agachado desde siete metros que detuvo Félix. Aún quedaría tiempo para que Charlton ensayara un tiro raso que rozó el poste antes de que el árbitro señalase el final de unos primeros 45 minutos fascinantes.

Tras la reanudación, Brasil se apoderó de la iniciativa de inmediato. Un lanzamiento lejano de Paulo César provocó una hábil parada de Banks. A continuación Rivelino regateó a dos rivales y, mediante uno de sus característicos cañonazos, obligó al portero del Stoke City a emplearse a fondo para evitar el tanto.

Justo cuando parecía que Banks era inexpugnable, la Seleção inclinó la balanza a su favor a través de una magistral acción combinativa al filo de la hora de juego. Tostão intercambió pases con Paulo César, se deshizo de Alan Ball, superó a Moore con un caño, eclipsó a Wright, se giró y envió un suave balón bombeado a los pies de Pelé, ubicado en el centro de un área abarrotada. Tres ingleses arremetieron contra el número 10, quien, con una gran sangre fría, puso el balón en la trayectoria de Jairzinho, que llegaba en carrera. Banks se lanzó a sus pies, pero O Furacão efectuó un toque y lo batió por alto.

Inglaterra se negó a aceptar la derrota, y únicamente un inteligente corte de Wilson Piazza impidió que Hurst quedase solo ante el arco. Charlton no acertó luego un disparo desde la frontal. No obstante, el peligro se sintió cuando Jairzinho capturó el cuero en la línea de banda derecha y acometió a la meta contraria. El explosivo 7 aceleró hasta el área penal, pero Moore, corriendo hacia atrás, se tiró al césped para interceptar de manera impecable la pelota.

Los europeos andaban escasos de suerte, y la encontraron cuando Everaldo calculó mal un despeje y la pelota cayó en boca de gol a los pies de Jeff Astle, que había comenzado como suplente. Aunque el empate parecía un mero formalismo, lo que se produjo fue un fallo del delantero del West Bromwich Albion, tan clamoroso que sus imágenes serán repetidas a perpetuidad.

Las oportunidades siguieron llegando a raudales en los diez últimos minutos. Un buen disparo de Alan Ball rebasó a Félix, pero se estampó en el larguero. Momentos más tarde, la serenidad de ese mismo jugador actuaría en su contra cuando Félix se alejó demasiado. En el otro extremo del campo, Paulo César y Roberto Miranda forzaron otra excelente intervención de Banks, antes de que una atrevida vaselina de Pelé se marchase ligeramente alta.

Fue el último de varios intentos infructuosos en un partido inolvidable, que pasaría a la historia por derecho propio.

¿Qué sucedió luego?
Inglaterra se impuso 1-0 a Checoslovaquia y terminó la primera fase como segunda de su liguilla, pero sufrió un revés antes del inicio de su eliminatoria de cuartos de final ante Alemania Occidental, al quedar descartado Banks por una intoxicación alimentaria. Pese a todo, los ingleses dominaron durante una hora, situándose con un 2-0 a favor hasta que, conducido por Franz Beckenbauer, el equipo de Helmut Schön —con la ayuda de un error del guardameta sustituto, Peter Bonetti—, se alzó con un triunfo por 3-2 tras la prórroga.

Brasil ganó 3-2 a Rumania en su último compromiso del grupo, para luego endosarle un 4-2 a un formidable Perú en cuartos. La Seleção eliminó luego a Uruguay por 3-1, y accedió así al choque por el título, en el que derrotó 4-1 a Italia, ofreciendo la actuación más vibrante de una final de la Copa Mundial de la FIFA que se haya visto jamás.

“El partido de Inglaterra fue nuestra prueba más dura”, señaló posteriormente Zagallo. “Fue la verdadera final”. Si Brasil hubiera perdido, quizás nunca habría llegado a consagrarse como el equipo de O Jogo Bonito ni a ser considerado popularmente como el más grande de la historia.