La clasificación de Australia para la Copa Mundial de la FIFA™ a expensas de Uruguay, bicampeona del mundo, en 2005 fue uno de los momentos decisivos de la historia de la selección. Desde entonces, el fútbol australiano ha crecido sin cesar. Aun así, el combinado nacional de 1973 obtuvo para Australia un éxito inimaginable, en unas circunstancias que difícilmente volverán a repetirse.

Los detalles
Australia 1-0 República de Corea
Goleadores: Jim Mackay 70’
13 de noviembre de 1973, estadio de Hong Kong (Hong Kong)

Australia: Jim Fraser, Doug Utjesenovic, Peter Wilson, Manfred Schaefer, Col Curran, Ray Richards, Jim Mackay, Jim Rooney, Atti Abonyi (Adrian Alston 56’), Ray Baartz, Branko Buljevic
Seleccionador: Rale Rasic

República de Corea: Lee Sae Yun, Kim Ho Kon, Yoo Kae Heung, Kang Kee Wook Park Yung Tae, Cha Bum Keun, Ko Jae Wook, Park Byung Chul, Kim Jin Kook (Chung Kyu Poong 59’), Kim Jae Han, Kang Tae Hyun
Seleccionador: Min Byoung Dae

El contexto
Poco, muy poco le faltó a Australia para clasificarse para la Copa Mundial de 1970 tras una larga y complicada fase preliminar. Cuatro años más tarde, un aguerrido combinado nacional aspiraba a estrenarse por fin en una fase final en Alemania 1974. La selección de la República de Corea, por su parte, contaba también con poner fin a 20 años de ausencia de la primera fila del fútbol mundial, tras su primera y hasta entonces única aparición en el Mundial, en 1954. Los surcoreanos se habían impuesto a Israel, que sí había participado en la competición, en México 1970, para alcanzar la repesca intercontinental entre Asia y Oceanía. Anteriormente se habían desecho, entre otros, de Japón. Australia comparecía con la moral muy alta tras haberse impuesto a Irán en una eliminatoria a dos partidos en la que consiguió salir airosa del siempre hostil estadio Azadi de Teherán. El cruce debía disputarse a ida y vuelta: curiosamente, se estipuló que, en caso de igualdad, el vencedor se decidiera no por los goles anotados a domicilio, sino mediante la celebración de un tercer partido.

El partido
El enfrentamiento entre ambas selecciones deparó dos encuentros vibrantes: el primero de ellos, disputado en Sídney, se saldó sin goles, mientras que el segundo, celebrado en Seúl, terminó también en empate a 2-2. Tras los tantos de Kim Jae Han y Ko Jae Wook en la primera media hora de juego, los coreanos se veían ya con un pie en Alemania. Sin embargo, Branko Buljevic y un Ray Baartz más emblemático que nunca igualaron la contienda. En la segunda mitad, Australia consiguió contener la presión constante de los coreanos y se aseguró la disputa de un tercer encuentro.

Los dos equipos se citaron 48 horas más tarde sobre un terreno de juego neutral, en Hong Kong. Los jugadores de una y otra selección coincidieron en el vuelo a Hong Kong a la mañana siguiente del segundo partido. El mediocampista australiano Johnny Warren, infatigable promotor del fútbol en su país, describió así el ánimo de sus contrincantes: “Psicológicamente parecían en desventaja […]. Habían perdido toda seguridad en sí mismos”. Australia llevó la voz cantante durante el encuentro, tras haber dado por fin con el ritmo que le había faltado en los dos partidos anteriores. La primera mitad transcurrió sin goles y sin apenas auténticas ocasiones de peligro.

El momento decisivo llegó cuando se cumplía ya la hora de juego. La defensa coreana a duras penas había conseguido despejar al borde del área un libre directo de Ray Richards. Atento al rechace, Jimmy Rooney colgó al primer toque un pase perfecto para su compañero de habitación, el mediocampista Jim Mackay, que metió por la escuadra un golazo digno de la ocasión. El lateral australiano Doug Utjesenovic describía así el tanto: "Fue un gol inverosímil, de esos que puedes intentar repetir un millón de veces sin que vuelva a salirte nunca".

La figura
El destino podría haber deparado un futuro muy distinto tanto a los Socceroos como al héroe de la jornada. Nacido en Escocia, Mackay llegó a Australia en 1965 con un visado de vacaciones y trabajo válido durante dos años, pero en lugar de regresar a su país se casó y obtuvo la nacionalidad australiana. Durante cinco años disfrutó de una provechosa carrera defendiendo los colores nacionales y disputó los tres encuentros de la Copa Mundial de 1974. Como no podía ser de otra manera, se le recuerda sobre todo por su milagroso gol. 

Se dijo
"No nos emborrachamos. Éramos compañeros de habitación y nos quedamos tendidos en la cama repitiendo ‘vaya gol, vaya gol’ una y otra vez", Jimmy Rooney sobre Jim Mackay.

¿Qué sucedió luego?
El equipo de aficionados australiano hizo un papel más que digno en la Copa Mundial de 1974, en la que perdió por 3-0 frente a la República Federal de Alemania (a la postre campeona del torneo) y por 2-0 ante la República Democrática de Alemania antes de empatar con Chile en un encuentro sin goles. La República de Corea tuvo que esperar otros 12 años para acceder a una fase final del Mundial; desde entonces, sin embargo, suma ya ocho clasificaciones consecutivas.

Esta semana, los Socceroos que participaron hace 40 años en aquel partido de clasificación fueron los invitados de honor de la ceremonia de entrega de los Premios del Fútbol Australiano, celebrada esta semana en Sídney. Próximamente viajarán a Hong Kong para participar en la cena de gala ofrecida por la Asociación Hongkonesa de Fútbol en conmemoración de aquel hito.