Italia 3-2 Brasil
Paolo Rossi (5', 25', 74'); Sócrates (12'), Falcao (68')

Fue el mejor de los sueños para Italia y la peor de las pesadillas para Brasil. Para el aficionado neutral fue una verdadera maravilla, si bien a los puristas se les podría haber perdonado que derramasen alguna que otra lágrima. Fue el día en que Italia (y, en particular, Paolo Rossi) cobró vida espectacularmente en la Copa Mundial de la FIFA 1982 para derrotar al mejor Brasil desde 1970.

La selección brasileña de Telé Santana encaró su último partido de la segunda fase (celebrado en Sarriá, el antiguo estadio del Espanyol) con un puesto en semifinales como objetivo. El formato de la edición de 1982 incluía una segunda liguilla con grupos de tres. Brasileños e italianos ya habían derrotado a la defensora del título, Argentina, pero el triunfo más abultado de la Seleção (3-1) suponía que ahora le bastaba con un empate.

Brasil era el equipo preferido del torneo y el indiscutible favorito. Con una medular que gozaba de talentos tan exquisitos como Zico, Sócrates y Falcao, la Verdeamarelha había ganado sus cuatro encuentros disputados hasta entonces, con 13 goles a favor. La Italia de Enzo Bearzot, en cambio, se había colado en la segunda fase por los pelos, por haber marcado un tanto más que Camerún al cabo de tres empates seguidos. Además, su ariete, Paolo Rossi, aparecía como un jugador en baja forma y falto de acierto tras cumplir una sanción de dos años por un escándalo de partidos amañados, que concluyó apenas dos meses antes de comenzar la fase final.

La prensa italiana ya había pedido la cabeza del delantero de 25 años tras su gris rendimiento en los encuentros de la primera fase. En el triunfo por 2-1 contra Argentina, tampoco logró ver puerta. Aun así, por suerte para Italia, Bearzot lo mantuvo en la alineación titular para este trascendental encuentro. El resto es de sobra conocido: Rossi emergió como el salvador de Italia en un partido realmente épico.

El ariete del Juventus tardó sólo cinco minutos en afinar su puntería en Barcelona. La asistencia se la proporcionó su compañero de club Antonio Cabrini, quien, tras recibir un balón de Gabriele Oriali por la banda izquierda, avistó la internada de Rossi. El lateral sirvió un centro medido al segundo palo que Paolo cabeceó para batir por bajo a Valdir Peres.

Brasil se fue inmediatamente a buscar el empate, con lo que dejó un tanto desguarnecida su defensa. Rossi asumió por un momento el papel de pasador y sirvió una ocasión en bandeja a Francesco Graziani, que mandó el balón a las nubes. Si bien Italia estaba mostrando una inusual mentalidad ofensiva, su rival estaba haciendo justo lo que mejor se le daba: irse hacia arriba y crear ocasiones. A los diez minutos, el fornido delantero centro auriverde, Serginho, remató fuera tras quedarse solo ante Dino Zoff.

La ventaja de los Azzurri no duró mucho, ya que, dos minutos después, Sócrates estableció el 1-1. El larguirucho centrocampista entró tranquilamente en campo italiano y deslizó un pase en vertical hacia Zico, que estaba de espaldas a la portería. La jugada no parecía entrañar peligro, pero el número 10 se revolvió de repente, se escapó de su marcador y devolvió el balón a Sócrates, quien, tras penetrar por la derecha, marcó con un disparo raso por el palo corto.

El juego italiano empezó a ser decepcionante, al tiempo que los brasileños acampaban en su mitad del terreno de juego. Enseguida, Claudio Gentile se ganó la amonestación por parte del árbitro del encuentro, Abraham Klein. Con todo, en vez de encontrar el segundo tanto que estaba buscando, Brasil regaló el 2-1 a su adversario en el minuto 25. Valdir Peres sacó el balón hacia Leandro, quien, a su vez, se lo pasó a Toninho Cerezo. Sin ninguna presión, el interior derecho realizó un imprudente cambio de juego directamente hacia el lugar por donde entraba Rossi, quien, al más puro estilo de cazagoles, interceptó el pase y envió un disparo seco al fondo de las mallas.

Los brasileños, obligados a tomar la iniciativa de nuevo, pusieron cerco al área italiana. Todos los Azzurri se pusieron defensivamente manos a la obra; o, en el caso de Gentile, a la camiseta del deslumbrante Zico (de hecho, el italiano tiró de ella con tanta fuerza poco antes del descanso, que la desgarró).

Si el primer tiempo había sido espectacular, el segundo gozó de emoción en cada minuto. Brasil siguió dominando mientras los italianos se mantenían al acecho, con la esperanza de asestar un nuevo mazazo al contragolpe. Falcao dispuso de una magnífica ocasión para haber empatado a los dos minutos de la reanudación, pero su centro-chut se fue ligeramente desviado. A continuación, Bruno Conti para Italia, y Zico y Serginho para Brasil, marraron sendas ocasiones. Quizá la más clara fue la de Serginho, que no supo picar el balón por encima de un adelantado Zoff.

Toninho Cerezo fue el siguiente en acariciar el gol. El centrocampista recibió un pase de Júnior y enganchó un trallazo con la diestra que hizo temblar el poste izquierdo de la portería de Zoff. Tanto fue el cántaro a la fuente que, en el minuto 68, Brasil restableció la igualada... y lo hizo con un golazo. Tras una incursión por la banda izquierda, Júnior se vino hacia el centro y encontró a Falcao emplazado en el vértice derecho del área grande. Después de amagar con un pase a Toninho Cerezo, que se había atraído a la defensa con su carrera, el medio centro del Roma avanzó y, desde el borde del área, perforó las redes rivales con un disparo alto, a la derecha de Zoff.

Una vez metido de nuevo en el partido, Brasil siguió a la carga, en busca de un tercer gol (una táctica que, a la postre, acabaría suponiendo su ruina). En el minuto 74, después de que Zoff detuviera un remate del suplente Paulo Isidoro, Italia contraatacó y provocó un saque de esquina desde la derecha. El envío de Bruno Conti fue tímidamente despejado hacia la frontal. Allí, Marco Tardelli volvió a dirigir el balón hacia la portería brasileña, y Rossi apareció en el borde del área pequeña para completar su tripleta goleadora.

Por tercera vez, Brasil se encontraba con un gol de desventaja, pero ahora sólo quedaban 16 minutos. El equipo se fue hacia arriba con todo, pero no hubo manera de batir al guardameta italiano de 40 años. En los últimos segundos, Oscar envió un cabezazo junto a la cepa del segundo palo, pero el veterano cancerbero atajó el balón justo antes de que traspasara la línea de gol. La suerte de Brasil estaba echada, mientras que Italia estaba en camino de conquistar su tercer título mundial y Paolo Rossi de proclamarse máximo goleador del certamen.