FRANCIA - RF ALEMANIA 3:3 a.p., 5:4 TAB
LITTBARSKI Pierre (FRG) 17', PLATINI Michel (FRA) 26', penalty, TRESOR Marius (FRA) 92', GIRESSE Alain (FRA) 98', RUMMENIGGE Karl-Heinz (FRG) 102', FISCHER Klaus (FRG) 108'

La historia de la Copa Mundial de la FIFA está marcada por partidos extraordinarios que permanecen en nuestra memoria durante décadas. La semifinal entre RF Alemania y Francia es uno de esos encuentros y puede considerarse uno de los partidos de fútbol más emocionantes de la historia.

La clase francesa contra el espíritu de equipo alemán
Este choque de estilos entre dos escuelas futbolísticas diametralmente opuestas no era nada nuevo: durante veinte años o incluso más, los equipos franceses habían luchado con su talento contra la determinación y el espíritu de lucha de los alemanes. Con su capitán Michel Platini al mando de la nave en el centro del campo, se podía intuir desde el inicio que los galos iban a tratar de imponer su técnica sobre la solidez germana. Liderados por el capitán Manfred Kaltz, las tropas alemanas se replegaron, permitiendo a los franceses poner cerco al marco defendido por Toni Schumacher.

Littbarski ve puerta
Pierre Littbarski dio a los franceses su primer susto al estrellar un libre directo contra el poste. No obstante, el habilidoso extremo alemán no tardó en abrir el marcador, con una volea desde 25 metros que no pudo repeler el guardameta francés Jean-Luc Ettori, quien ya había sacado un disparo de Klaus Fischer, pero cuando la pelota le llegó a Littbarski, éste no perdonó (1-0).

Los franceses respondieron asediando el marco defendido por Schumacher. Michel Platini, Dominique Rocheteau y Alain Giresse desbordaban una y otra vez a la defensa comandada por Uli Stielike. Finalmente, Rocheteau fue derribado dentro del área y Platini marcó el gol del empate desde el punto de penal (1-1).

Schumacher aplasta Battiston
Cuando los equipos tomaron el camino del vestuario en el descanso, con el marcador 1-1, los 70,000 espectadores presentes en el estadio de Sevilla pudieron por fin recuperar el aliento y prepararse para el drama que estaba a punto de llegar. El incidente más controvertido, y que todavía está presente en muchas conversaciones futbolísticas, llegó mediada la segunda mitad, cuando Platini lanzó un pase de gol en profundidad para el suplente Patrick Battiston. Cuando el defensa estaba a punto de alcanzar el esférico, Toni Schumacher salió de su área y chocó contra él. Mientras el personal médico atendía al jugador inconsciente, Schumacher volvió a su portería y comenzó una serie de ejercicios de estiramiento que encendieron los ánimos de los aficionados galos. Cuando el árbitro holandés Charles Corver decidió no sancionar la acción del guardameta alemán, y ni siquiera conceder la falta, la afición francesa estalló contra Schumacher, quien, a partir de entonces, recibió estruendosos abucheos cada vez que tocaba el balón.

A medida que el partido se fue acercando a la prórroga, los franceses se lanzaron a la yugular de su oponente, y el equipo de Jupp Derwall se vio obligado a emplearse con dureza para repeler los ataques que amenazaban con romper su defensa. En el minuto 83, Manuel Amoros estrelló el balón en el poste, pero fueron los alemanes quienes dispusieron de oportunidades en los últimos minutos, por mediación de Breitner, en primer lugar, y de Forster, más tarde, que obligaron a lucirse a Ettori.

Una prórroga inolvidable
A pesar del esfuerzo desplegado por ambas escuadras, al final del tiempo reglamentario el marcador seguía reflejando el 1-1, por lo que hubo que ir a la prórroga. Sin embargo, apenas transcurridos dos minutos, Marius Tresor metió el pie tras el lanzamiento de una falta desde el borde derecho del área y, desde 12 metros, logró batir a Schumacher (2-1). El entrenador alemán, Jupp Derwall, no perdió el tiempo. Sentó a Hans-Peter Briegel, agotado por el esfuerzo, y puso sobre el césped al cazagoles Karl-Heinz Rummenigge.

Francia no estaba dispuesta a dejarse acorralar. Así pues, sólo siete minutos después del gol de Tresor, Alain Giresse establecía el 3-1 con un lanzamiento desde el borde del área. El combinado alemán empezaba a tambalearse y, nada más reanudarse el juego, el árbitro anuló un gol de Klaus Fischer; ante tales circunstancias cualquier equipo hubiera tirado la toalla, pero no Alemania. Cuando Rummenigge hizo subir el 3-2 al marcador, justo antes del descanso de la prórroga, quedó patente que el partido seguía vivo.

Fue Klaus Fischer el encargado de devolver el equilibrio al marcador, y lo hizo con un gran gol. Su golpe de bicicleta en el minuto 108 pareció salir de la nada y, de pronto, de forma increíble, los alemanes habían logrado llevar el partido hasta la tanda de penales.

Los penales
Alain Giresse fue el primero en lanzar para Francia. Con aparente tranquilidad, lanzó un disparo imparable y adelantó a los franceses en el marcador (1-0). El capitán alemán, Manfred Kaltz, logró la igualada (1-1). Amoros para Francia, Breitner para Alemania y Rocheteau para los galos marcaron sus respectivos penales sin problemas, pero el lanzamiento de Uli Stielike lo detuvo el guardameta francés Ettori. El defensa alemán lloraba desconsolado sobre el terreno de juego mientras sus compañeros intentaban darle ánimos.

Al francés Didier Six le traicionaron los nervios. La presencia de Schumacher parecía hacerse más imponente cada segundo que pasaba. Littbarski, Platini y Rummenigge alojaron el esférico en la red antes de que Bossis se hiciera cargo del último penal para el combinado galo. Su disparo fue suave y Schumacher, que había intuido la dirección del lanzamiento, logró detenerlo. Todo dependía ahora de Alemania.

Horst Hrubesch, más conocido por su habilidad en el juego aéreo, se enfrentaba a la enorme responsabilidad de lanzar el que podría ser el último penal. Avanzó hacia el balón y, con mucha calma, batió a Ettori, logrando el gol decisivo (5-4). Alemania ya era finalista de la Copa Mundial de la FIFA 1982.

Las lágrimas de Platini
Mientras los alemanes celebraban su victoria, los franceses lloraban tumbados sobre el césped. Fue una derrota que la gran selección francesa de la década de los 80 nunca supo digerir. "Si hubiéramos sabido lo buenos que éramos", comentó Platini, "no habríamos perdido ese partido".

La técnica y la clase de los franceses no fueron suficientes para llegar a la final. El juego alemán, cimentado sobre la disciplina y el intenso trabajo, había resultado vencedor. Por cuarta vez en su historia, la escuadra alemana tenía un cincuenta por ciento de posibilidades de ganar una Copa Mundial de la FIFA.