Los pronósticos no eran favorables a Dinamarca cuando dio la bienvenida a la URSS en el estadio nacional de Idraetsparken una tarde de junio de 1985. Los daneses habían perdido todos y cada uno de los ocho enfrentamientos previos contra los soviéticos y habían sufrido 30 goles en contra, pero esas estadísticas no amedrentaron a un equipo empeñado en escribir un nuevo capítulo de su historia futbolística.

Doce meses antes, en su estreno en la Eurocopa, el conjunto de Sepp Piontek había alcanzado las semifinales, donde cayó en la tanda de penales ante España, y ahora sus intenciones eran participar en su primer certamen de la Copa Mundial de la FIFA.

Los detalles
5 de junio de 1985, Idraetsparken, Copenhague
Dinamarca 4-2 URSS
Goles: Elkjaer (16', 19'), Laudrup (61', 64') (Dinamarca); Protasov (26'), Gotsmanov (68') (URSS)
Dinamarca: Qvist, Busk, Nielsen, Morten Olsen, Arnesen (Henrik Andersen, 78'), Berggreen, Bertelsen, Laudrup, Lerby, Jesper Olsen (Frimann, 46'), Elkjaer.
URSS: Dassaiev, Sulakvelidze, Pozdnyakov, Demyanenko, Baltacha, Aleinikov, Gotsmanov, Litovchenko (Zygmantovich, 23'), Gavrilov, Protasov, Belanov (Kondratyev, 70').

El contexto
Dinamarca y la Unión Soviética abordaron la contienda con la idea de dar caza a sus rivales en el Grupo 6. Ambos equipos habían disputado dos partidos menos que la República de Irlanda y Suiza, quienes lideraban el casillero con cinco puntos por cabeza en un época en la que las victorias valían sólo dos. Los daneses, con cuatro puntos recabados en tres encuentros, sabían que un triunfo los pondría en cabeza y en posición de controlar su destino. Pero del dicho al hecho le esperaba un largo trecho contra un adversario que, aunque tenía un punto menos, estaba ansioso por empezar a demostrar su autoridad sobre sus contendientes.

El partido
Dinamarca saltó al campo con mucho brío y enseguida se puso con dos goles de ventaja. El volante del Bayern de Múnich Soren Lerby tomó las riendas de la conducción y los daneses pronto disfrutaron de oportunidades a cargo del centrocampista Jens Jorn Bertelsen y del defensa Klaus Berggreen, incluso antes de que Preben Elkjaer abriera la primera brecha en el minuto 17. Los prolegómenos fueron una buena muestra del estilo fluido de los daneses: seis camisetas rojas recogían el balón en su propia área y se plantaban en la contraria en un visto y no visto. Si bien fue un golpe de suerte que el fallido pase de Laudrup llegara a Elkjaer, ninguno de los 45.000 espectadores congregados en las gradas se quejó cuando el disparo raso del número 10 danés superó a Dassaiev.

Dos minutos después, el mismo jugador amplió la ventaja de los locales. Recibió el balón de espaldas a la portería y, a la media vuelta, burló a su marcador y coló el esférico en diagonal por debajo del guardameta ruso hasta el fondo de las mallas. No es de extrañar que Elkjaer, con semejante puntería, terminara la fase de clasificación con ocho goles en otros tantos partidos. No obstante, los soviéticos tenían demasiada calidad como para quedarse sin respuesta y no tardaron en recortar distancias con un fenomenal trallazo de Oleh Protasov desde el borde del área, que adquirió una trayectoria ascendente contra la que nada pudo hacer Ole Qvist. Poco después, sólo la madera evitó que Sergei Gotsmanov lograra el empate, pero a continuación el peligro basculó hacia la otra portería, donde Dassaiev se lució con sendas paradas a las tentativas de Lerby y Berglund.

El buen fútbol continuó desplegándose generosamente sobre el césped en la segunda mitad. Fue Laudrup, a sus 20 años, quien sentenció la victoria de los suyos. En toda la temporada que jugó cedido en el Lazio, entonces en segunda, sólo había marcado un gol, pero aquí demostró por qué el Juventus había apostado por su fichaje cuando aún era adolescente. Primero Elkjaer le robó el balón a un defensa, Laudrup se hizo con él, se desembarazó del último zaguero y envió el balón a la red por encima de Dasaev. Acto seguido, se adueñó del balón en la medular y, haciendo retroceder a los defensas rusos, no lo soltó hasta llegar al borde del área contraria, desde donde descerrajó un zambombazo que se coló ajustado a la cepa del palo corto.

Los hinchas daneses o roligans (vocablo que deriva de rolig, "tranquilo" en danés, y de la voz inglesa hooligans, y que servía para contrastar el talante amistoso de los aficionados rojiblancos frente al de los entonces conflictivos hinchas ingleses) empezaron a corear el nombre de "México", pero los soviéticos aún no habían bajado la cabeza. Gotsmanov, de una acrobática volea, subió el segundo tanto de su equipo al marcador, y Berggreen salvó otro remate visitante sobre la misma línea de meta. Fue un aviso de lo que sucedería después en Moscú, donde los soviéticos se impusieron por 1-0 en el choque de vuelta.

La figura
Elkjaer era un jugador en la cima de su arte. Acababa de ayudar al Verona a hacerse con su primer título en la Serie A italiana. Sus agresivas incursiones e instinto depredador abrumaron a la defensa soviética en este duelo y, junto con la habilidad regateadora de Laudrup, dieron al ataque danés una temible mordiente en la Copa Mundial de la FIFA celebrada al año siguiente, en donde Elkjaer cosechó cuatro dianas.

Se dijo
"Aquéllos fueron años fantásticos para el fútbol danés. La selección de Dinamarca tenía jugadores que eran piezas importantes de algunos de los principales clubes de Europa. El seleccionador Pontiek llegó empapado de disciplina alemana, pero consciente de que tenía jugadores daneses acostumbrados a asumir sus propias responsabilidades. Encontró un buen equilibrio entre la disciplina y la libertad. Acaso anteriormente habíamos perdido algunos encuentros por falta de disciplina, pero no podíamos jugar como un equipo alemán; teníamos que jugar como daneses. Pontiek fue muy, muy listo al darse cuenta de eso".
Morten Olsen, capitán de Dinamarca en aquel momento.

¿Qué sucedió luego?
Dinamarca se clasificó para la cita mundialista de 1986 como líder de grupo, y en la primera ronda del certamen de México encabezó el grupo de la liguilla tras vencer a Alemania Occidental, Escocia y Uruguay. Aunque su tren descarriló estrepitosamente en la siguiente ronda al perder por 5-1 contra España, la "dinamita danesa" de Piontek había dejado su huella en el escenario mundial.

La Unión Soviética se clasificó para el campeonato de México en segundo lugar. Por el camino se produjo toda una revolución en sus filas con la sustitución del seleccionador Eduard Malofeev por Valeriy Lobanovskyi. El nuevo estratega promovió la incorporación de un buen número de futbolistas de su antiguo club, el Dynamo de Kiev y, así las cosas, sólo seis de los jugadores que habían saltado al campo en Copenhague como visitantes acudieron a la Copa Mundial. Sin embargo, al igual que los daneses, los soviéticos prodigaron una soberbia actuación: demolieron a Hungría por 6-0 y pasaron a la ronda eliminatoria como primeros de grupo, antes de sucumbir en un espectacular duelo de siete goles contra Bélgica (3-4).