Dentro de poco más de 600 días, Sudáfrica se convertirá en la primera nación africana que organiza una fase final de la Copa Mundial de la FIFA.

No obstante, resulta irónico que, de los 53 miembros que tiene la FIFA en el continente, fuese uno de los últimos en participar en el certamen. Tuvo vetado el acceso a anteriores competiciones preliminares para la Copa Mundial de la FIFA debido al boicot deportivo internacional que pesaba sobre el país cuando en él imperaba el principio de la segregación racial.

Sin embargo, en cuanto se rompieron las cadenas del apartheid, la FIFA fue una de las primeras organizaciones deportivas internacionales que aceptó a Sudáfrica de nuevo en su seno, y en 1992 emprendió la primera campaña de clasificación mundialista de su historia.

Los detalles
10 de octubre de 1992, Estadio Nacional de Surelere (Lagos)
Nigeria 4-0 Sudáfrica
Goleadores: Nigeria (Owubokiri 34', Siasia 56', Yekini 65', 89')
Nigeria: Shorunmu, Ugbade, Eguavoen, Keshi, Iroha, Ezeugo, Monye, Siasia, Yekini, Owubokiri (Malik 78'), Ikpeba (George 63').
Sudáfrica: Anderson, Motaung, Kambule, Links, Komphela, Radebe (Gordon 75'), Tovey, Rowbotham (Khuse 53'), Makalakalane, B Masinga, P Masinga.

El contexto
Cuando la novata selección sudafricana se desplazó a Nigeria, lo que se vivió fue mucho más que un simple partido de fútbol. Era la primera vez que las dos grandes potencias económicas del continente se enfrentaban en un evento deportivo.

Nigeria tenía una reputación que conservar, pero no sabía a ciencia cierta qué reto le aguardaba ante Sudáfrica. "Antes del partido nos alojamos en el mismo hotel, y me acuerdo de que yo estaba sentado en el vestíbulo cuando llegaron los sudafricanos, y me llamó la atención su aspecto profesional, con sus chándales, y lo organizados que parecían, con utilleros y todo tipo de personal de apoyo", recuerda el seleccionador de las Súper Águilas, Clemens Westerhof. "Pensé que lo íbamos a tener muy difícil".

A pesar de que su aislamiento duró decenios, Sudáfrica contaba con una próspera liga profesional, si bien nunca había tenido la ocasión de comparar su nivel contra un adversario de entidad. Además de tratarse de un viaje de iniciación, la cita suponía el comienzo de la liguilla de tres equipos que abría la competición preliminar, y en la que sólo el conjunto que terminase primero accedería a la siguiente fase.

Ambas formaciones confiaban en estrenarse con buen pie, aunque habían sufrido algunos tropiezos. Sudáfrica acababa de perder dos partidos clasificatorios para la Copa Africana de Naciones, y su técnico, Stanley Tshabalala, apodado "Screamer", recibía presiones para reforzar la plantilla con jugadores más robustos físicamente. A Westerhof también se le exigía que diese una oportunidad a Richard Owubokiri, por aquel entonces uno de los principales artilleros de Europa, avalado por sus goles en la liga portuguesa.

El partido
El capitán de los Bafana Bafana, Neil Tovey, recuerda que marchó en cabeza de los suyos a la salida del túnel desde los vestuarios, y que hacía un sol cegador. "Era un muro de ruido, que me golpeó como un puñetazo en el cuerpo", afirma el ex central, que participaría en un total de 52 encuentros con los colores de su país. "Daba tanto miedo, que podía verse el temor en los ojos de los jugadores". El estadio estaba abarrotado, unos 60.000 espectadores habían acudido a Surelere ansiosos por presenciar un triunfo de las Súper Águilas en su debut, camino de la Copa Mundial de la FIFA y, al mismo tiempo, interesados por ver a los recién llegados.

Pero los sudafricanos se vieron tan desbordados por el ambiente que se desdibujaron por completo, y se encontraron casi siempre a la defensiva. Nigeria no tuvo problemas para imponerse por un tanteo de 4-0 que en realidad fue indulgente con Sudáfrica. Owubokiri no defraudó al inaugurar la goleada, y los locales estrellaron dos balones contra la madera.

Después del descanso, el asfixiante calor tropical y la humedad se dejaron sentir en el estadio. Llegaron otros tres goles. Samson Siasia rompió el fuera de juego y puso el 2-0 a los pocos minutos de la reanudación, y luego la gran fortaleza física de Rachidi Yekini quedó de manifiesto, sin que los Bafana Bafana pudieran hacer nada.

"Desplegaron un fútbol fantástico, y nos pasaron por encima", recuerda el delantero George Dearnaley, convocado por primera vez por Sudáfrica con motivo de aquel partido. Un gol de pura potencia de Yekini supuso el 3-0 a falta de 25 minutos, y en los instantes finales él mismo rubricó la victoria con el cuarto. El público, extasiado, invadió el campo, y los jugadores corrieron a esconderse.

La figura
Por algo se conocía a Rachidi Yekini como "el padre de los goles". Con 190 centímetros de estatura y más de 100 kilos de peso, su corpulencia era aterradora para los defensores contrarios, y su contribución resultó fundamental para el éxito de Nigeria en la competición preliminar para la Copa Mundial de la FIFA 1994. En el torneo de Estados Unidos, su exuberante celebración de un gol frente a Bulgaria en Dallas creó una imagen suya para el recuerdo, gritando de alegría y moviendo las manos a través de las redes. Yekini también se labró un nombre jugando al fútbol en Portugal, pero por desgracia su carrera se fue apagando por culpa de las lesiones.

Se dijo...
"Nos dimos cuenta de que podía ser nuestra última oportunidad de jugar en un Mundial, así que centramos todos nuestros esfuerzos en lograrlo". Clemens Westerhof, seleccionador de Nigeria.

"Comparados con ellos, nosotros éramos amateurs a tiempo parcial". Mark Anderson, guardameta de Sudáfrica.

¿Qué sucedió luego?
Nigeria se adjudicó sin dificultades la liguilla de la primera ronda, venciendo dos veces al Congo, y sólo la mala suerte le impidió ganar a los Bafana Bafana en Johannesburgo, en un duelo en el que se anuló un tanto a Yekini por fuera de juego. No recibió ningún gol en contra en su grupo de clasificación inicial.

En la segunda fase, los nigerianos se enfrentaron a Argelia y a Costa de Marfil para poder estar en la primera Copa Mundial de la FIFA de su historia. Cayeron 2-1 a manos de los marfilenses en Abiyán, pero, después de ganar sus dos siguientes partidos en casa, para clasificarse únicamente necesitaban hacer tablas en Argelia, en su último compromiso. Y lo consiguieron, desatando escenas de enorme júbilo en Lagos.