La selección argentina vivió uno de sus períodos más gloriosos entre finales de la década del '70 y mediados de los '90: en ese lapso consiguió dos veces la Copa Mundial de la FIFA, perdió una tercera final y se adjudicó dos Copas América. Ambos torneos continentales llegaron de la mano del equipo de Alfio Basile que, tras acumular nada menos que 33 partidos sin conocer la derrota, viajó a Estados Unidos como serio candidato a pelear por su tercera estrella mundial.

Sin embargo, un rival impensado se interpuso en la campaña de los argentinos: la Rumanía liderada por el maravilloso Gheorghe Hagi. El encuentro entre ambos rivales estuvo lleno de condimentos tanto dentro como fuera de la cancha. FIFA.com repasa aquella sofocante jornada en Los Ángeles, que marcó la coronación de aquella generación rumana y el cierre de un ciclo exitoso para la Albiceleste.

El contexto
Pese a haber sufrido para clasificar en la repesca contra Australia, Argentina pisó Estados Unidos con el claro objetivo de pelear por el título. Alfio Basile contaba con una generación dorada de futbolistas que incluía nada menos que a Diego Armando Maradona, Fernando Redondo, Diego Simeone, Abel Balbo, Claudio Caniggia y Gabriel Batistuta. Sin embargo, los planes del entrenador comenzarían a cambiar luego de imponerse a Grecia y Nigeria en la primera fase: Maradona dio positivo en un control de dopaje y fue retirado de la lista del equipo mientras que Caniggia, clave en la ofensiva, quedó marginado tras sufrir una lesión muscular frente a Bulgaria. La historia es conocida: la Albiceleste cayó ante los búlgaros, a la postre semifinalistas, y clasificó en el Grupo D como una de las mejores terceras.

Por su parte, Rumanía se erigía como un verdadero enigma tras una actuación irregular en el Grupo A. Debutó con un 3-1 inapelable ante Colombia, aunque derrapó en su segundo compromiso al ser goleada 1-4 por Suiza. El triunfo 1-0 en el último choque con Estados Unidos sirvió para clasificar, aunque nadie sabía a ciencia cierta qué tan lejos podía llegar el conjunto liderado por Gheorghe Hagi. Lo mejor estaba por venir…  

El partido
Bajo un calor sofocante en Los Ángeles, Argentina saltó al campo de juego con dos modificaciones obligadas por las ausencias de Maradona, que comentó el encuentro por televisión, y Caniggia: José Basualdo ingresó en el mediocampo para aportar marca y equilibrio, mientras que un juvenil Ariel Ortega recibió la responsabilidad de generar juego para Batistuta y Balbo, que volvía a su posición original de delantero. Los rumanos, por su parte, apelaron a una defensa nutrida y un mediocampo luchador para aprovechar la velocidad de sus atacantes en la contra.

Las cosas no pudieron salirle mejor a Iordinescu: tras pasar algunos sobresaltos en defensa, incluyendo dos tapadas milagrosas de Prunea sobre Balbo y Batistuta, un tiro libre ejecutado desde la izquierda por Dumitrescu viajó a la red ante la incrédula mirada de Luis Islas, que esperaba un centro al corazón del área (1-0, 11’).

El tanto alteró a Argentina que, de tanto buscar, consiguió rápido el empate gracias a un penal bien ejecutado por Gabriel Batistuta, quien había recibido la falta de Prodan en el borde del área (1-1, 16’). El goleador, que anotaba su cuarto gol en el certamen, no tuvo tiempo de celebrar: apenas dos minutos más tarde, los rumanos aprovecharon un contragolpe mortífero para que Dumitrescu, ingresando como una flecha tras un pase milimétrico de Hagi, volviera a superar a Islas con un toque sutil de pierna izquierda (2-1, 18’). Dos llegadas y dos goles para los rumanos… ¡en apenas 18 minutos!

La primera parte fue emotiva y se convirtió prácticamente en un partido de baloncesto: Argentina acumulaba méritos para igualar con situaciones claras de riesgo, pero Rumanía amenazaba con estirar la ventaja en cada contragolpe. Los aficionados casi si lograron mantener la respiración antes del descanso.

El segundo tiempo fue un calco del primero: Argentina salió a vender cara la derrota y se jugó el todo por el todo en busca del empate. Pudo haberlo conseguido, pero Prunea y la falta de puntería de sus delanteros se lo impidieron. Por el contrario, Rumanía apeló a un contragolpe letal para definir las acciones: Dumitrescu recuperó un balón en su campo, trasladó hasta el área contraria y, tras acumular a varios defensores, cedió para Hagi. El capitán, que ingresó vacío, venció a Islas con un toque certero de pierna derecha (3-1, 58’).

Ese golpe terminó por derrumbar a un equipo que ya llegaba anímicamente golpeado. Los embates contra el arco de Prunea se sucedieron uno tras otro, pero el portero se mostró prácticamente infalible. De hecho, el único balón que no pudo retener, tras un disparo de Cáceres, culminó en el descuento final de Balbo (3-2, 75’). Ni siquiera el ingreso de Ramón Medina Bello por Sensini le otorgó a los argentinos el empate. Rumanía, con una efectividad asombrosa, se quedaba con la clasificación en uno de los mejores partidos del campeonato.   

La figura
Sin lugar a dudas, la defensa argentina habrá soñado con la figura de Ilie Dumitrescu durante varias noches. El veloz número 11 cerró una actuación maravillosa con participación en los tres goles: firmó dos por cuenta propia y una asistencia. Con semejante actuación, el futbolista de 25 años logró finalmente superar la barrera del fútbol rumano y abandonó el Steaua para pasar por las ligas de Inglaterra, España y México. Regresó en 1998 para retirarse con la camiseta del club que lo vio nacer.

Se dijo
“Demostramos que no somos un grupo de individualidades, sino un gran equipo en conjunto. Esa es la base del fútbol: hoy la figura fue Dumitrescu, pero mañana puede ser cualquier otro. Me dijeron que en Rumanía se vivió esta victoria como una segunda revolución después de la que logró derrocar a Ceausescu. Sin dudas, se trata del triunfo más resonante en la historia del fútbol rumano”, Gheorghe Hagi, capitán de Rumanía.

“Argentina no fue el equipo alegre que yo dejé, cuando estábamos compenetrados y felices. Pero no se les puede echar la culpa a los jugadores que dejaron todo. Creo que pagamos caras las desatenciones, pero ya está. Lo lamento en el alma por todos los argentinos y por el público que ama el fútbol”, Diego Maradona, quien comentó el partido para una cadena de televisión.

¿Qué sucedió luego?
Rumanía viajó hasta San Francisco para afrontar los cuartos de final, donde le esperaba otra de las sorpresas del torneo: Suecia. Lamentablemente para los de Iordinescu, tras igualar 2-2 en tiempo regular, los penales resultaron favorables a los suecos por 5-4 luego de que fallaran Petrescu y Belodedici. Argentina, por su parte, volvió a casa y cerró el ciclo de Alfio Basile. Daniel Passarella fue el encargado de ocupar su lugar y renovar al plantel de cara a Francia 1998.