Después del sensacional acceso de Camerún a cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 1990, se esperaban grandes cosas de los representantes africanos en Estados Unidos 1994. Al continente se le habían asignado tres plazas por primera vez. Los Leones Indomables estaban ahí de nuevo con su perenne Roger Milla; junto con Marruecos, que había sido el primer equipo africano en cruzar a la segunda ronda en 1986; y finalmente Nigeria, debutante en la prueba reina.

Las Súper Águilas, una de las mayores incógnitas al principio del torneo, resultaron ser el equipo más potente de los tres, pues cameruneses y marroquíes no llegaron a reclamar más que un punto entre los dos en la fase de grupos. Además de progresar hasta la segunda ronda, donde fueron derribadas por el coloso en ciernes que era la Italia de Roberto Baggio, los nigerianos de uniforme verde cautivaron a la concurrencia y mantuvieron viva la emergente llama del fútbol africano. A continuación relatamos el partido que acabó haciendo añicos sus sueños en el certamen de Estados Unidos 1994 y relanzó a los Azzurri en su carrera hasta la final.

El contexto
A corto plazo, en este duelo de la segunda ronda escenificado en el estadio Foxboro a las afueras de Boston, Nigeria e Italia se jugaban un puesto entre los ocho mejores. A largo plazo, Nigeria se erguía sobre el precipicio de la historia, y acariciaba la gesta que Camerún había conseguido cuatro años antes; su nicho en el salón de la fama estaba garantizado si lograban superar al entonces tricampeón del mundo por el camino.

En su apertura del telón, las Súper Águilas habían dejado constancia de sus intenciones en Estados Unidos con un resonante 3-0 sobre el posterior semifinalista, Bulgaria. Aquel partido había deparado a Nigeria el que acaso fuera su momento mundialista más memorable: el éxtasis de Rashidi Yekini, los brazos dentro de las redes, las manos en la cara llorando, después  de marcar el primer gol de su país en la Copa Mundial. Un triunfo por 2-0 sobre el alevín del grupo, Grecia, tras una derrota por la mínima (2-1) ante Argentina, bastaron para encaramar a los africanos a lo más alto del lote por su mejor diferencia goleadora. En otras palabras, llegaban con la moral por las nubes y el propósito de despachar a los italianos del campeonato.

Si los nigerianos estaban sorprendidos de ser objeto de la atención mundial, los Azzurri, que habían terminado terceros como anfitriones cuatro años antes, estaban mortificados por su actuación hasta el momento. Aún no se habían recuperado del todo de la pasmosa derrota por 1-0 ante la República de Irlanda en la liguilla; y su chico de oro, Baggio, aún no había encontrado el camino de la red pese a ser una de las estrellas más aclamadas en la antesala del certamen. Italia venció a Noruega y empató con México, y cruzó cojeando a la segunda ronda como uno de los mejores terceros de grupo. Pero después de la contienda con prórroga incluida contra Nigeria, los europeos y su letal talismán empezaron a parecerse cada vez más al campeón de arranque lento que Paulo Rossi condujo hasta el título en España 1982.

El partido
Italia apretó desde el inicio del choque con la idea de desestabilizar a su inexperto rival. Vestidos todo de blanco en lugar de su azul habitual, los italianos dispusieron de algunas semiocasiones en los primeros compases, pero fueron los confianzudos africanos los que hicieron diana contra corriente. Un saque de esquina lanzado por Finidi George en el minuto 25 fue desviado por el legendario capitán Paolo Maldini hacia las inmediaciones de Emmanuel Amunike. El jugador de 23 años reaccionó con decisión aunque con extravagancia en el área pequeña, girando hacia la izquierda y levantando su pierna zurda en lugar de pasar el balón hacia atrás con la derecha. La excentricidad desconcertó al guardameta saliente, y el remate con el exterior del pie izquierdo fue perfecto.

La Italia de Arrigo Sacchi no estaba construida para grandes despliegues ofensivos, especialmente con un Baggio renqueante y un día de calor brutal que no les dio ningún respiro. Plenos de fe en sí mismos, los nigerianos tampoco ayudaban. Su sólida cadena defensiva mantenía una firme compostura atrás, aun sin su capitán habitual, Stephen Keshi, que el seleccionador Clemens Westerhof había sentado en el banquillo. Los centrocampistas Jay Jay Okocha y Sunday Oliseh, 20 y 19 años de edad respectivamente, eran fuertes y se sentían sumamente cómodos con el balón en los pies. George y Amunike proveían abundante velocidad por los flancos, y la amenaza del contragolpe mantuvo a los europeos un tanto desequilibrados durante el resto de la primera parte y el principio de la segunda. En tales circunstancias, la mayoría de las amenazas azzurras se derivaban de las jugadas a balón parado. La más prometedora fue un córner sacado en corto que acabó en las botas de Dino Baggio junto al poste derecho, pero el guardameta Peter Rufai tuvo una reacción espectacular para detener su remate.

Las cosas se torcieron aún más para Italia en el minuto 76, cuando Gianfranco Zola fue expulsado a los 12 minutos de salir como suplente. El diminuto delantero descargó sin duda una entrada apresurada sobre Augustine Eguavoen después de perder el balón en el área nigeriana. Sin terminar de creérselo, Zola se derrumbó llorando "no, no, no", y luego se quedó de pie junto a la línea de fondo negándose a marcharse, mientras los jugadores nigerianos le transmitían sus condolencias.

Italia, sin embargo, siguió dictando la pauta mientras Nigeria se retiraba a su campo para dejar correr el reloj. Estaban a dos minutos de conseguir la proeza cuando Baggio emprendió su asalto a los libros de historia y dio la vuelta al partido con un golpe de genio. En una jugada rápida por la banda derecha, el balón le llegó a Roberto Mussi. Éste entró magistralmente en el área y lo sirvió medido a la carrera de Baggio, que se olvidó de sus molestias y, al primer toque, coló tranquilamente el esférico junto al palo izquierdo desde los 12 metros. El Divino lo celebró por todo lo alto: era su primer gol en el torneo, en el momento en que más se precisaba.

Y después de que un centro al área de Dino Baggio para Antonio Benarrivo provocara un penal claro en la prórroga, no hubo dudas sobre quién lo tiraría. Deshecha a falta de dos minutos para el final, Nigeria no pudo encontrar el camino de regreso al encuentro pese a una clamorosa ocasión final de Yekini. Fue el día de Roberto Baggio.

La figura
Nada más claro que la alegría que invadió el rostro de Roberto Baggio después de que su gol en el minuto 88 salvara a los suyos del naufragio. Pero también había determinación ahí, una mirada que seguía vigente cuando colocó el balón sobre el punto fatídico para lanzar su penal en el minuto 100. De la misma forma que su disparo en el primer tanto parecía tener ojos propios, su lanzamiento penal tuvo la osadía de estamparse contra el interior del palo antes de entrar, mientras el portero se tiraba en la otra dirección. Una vez recuperado, Baggio continuó causando estragos: asestó el gol del triunfo en el partido de cuartos de final contra España, y un doblete contra Bulgaria en semifinales.

Se dijo
"El partido no se acaba hasta que el árbitro pita el final. Hasta entonces no puedes alegrarte. Estábamos guardando el balón, jugándolo, tap, tap, tap, y perdimos la concentración. Cuando tienes enfrente a jugadores como Baggio, los errores como ése se pagan caros", Finidi George, centrocampista de Nigeria.

¿Qué sucedió luego?
Después de guiar a los Azzurri hasta la final contra Brasil, un Baggio con las facultades mermadas falló el último penal de la tanda pospartido que dio a la Canarinha el título de Estados Unidos 1994. Italia tendría que esperar hasta Alemania 2006 para alzar su cuarto trofeo del mundo. El seleccionador de Nigeria, Westerhof, dejaría el cargo poco después de este antológico encuentro, pero la sorprendente actuación de las Súper Águilas en Estados Unidos dio paso al que sería su mayor hito: la medalla de oro en el Torneo Olímpico de Fútbol de 1996. En Francia 1998 volverían a clasificarse para la segunda ronda de manera igualmente espectacular, para a continuación caer estrepitosamente por 4-1 ante Dinamarca en octavos.