De un lado, la tricampeona Italia, con su reconocida pasión por el fútbol, anfitriona de la Copa Mundial de la FIFA™ luego de 56 años. Enfrente, Argentina, en búsqueda de revalidar el título conseguido en México 1986, con la mítica figura de Diego Armando Maradona en sus filas. El escenario, el estadio San Paolo de Nápoles, en medio de la polémica por el apoyo de los tifosi napolitanos hacia su máximo héroe argentino. Suficientes condimentos para una semifinal del más importante acontecimiento futbolístico del planeta. El premio mayúsculo de acceder al partido decisivo aportaba ansiedad y drama…

El nudo y el desenlace de aquel encuentro disputado el 3 de julio de 1990 superaron incluso las expectativas de los más optimistas. La Azzurra y la Albiceleste regalaron, incuestionablemente, uno de los enfrentamientos más vibrantes e inolvidables de esa edición.

Italia había preparado un torneo espectacular, que los organizadores no dudaron en llamar “El Mundial de la Era Moderna”. Con diez estadios remozados y dos construidos para la cita, una ceremonia inaugural digna del inigualable estilo italiano y hasta una pegadiza canción oficial, todos los campeones mundiales anteriores acudieron a la competición con sus máximas figuras.

Los locales temían y respetaban a Argentina. Pese a llegar en mejor forma que los campeones defensores, la sola presencia de Maradona, disminuido en lo físico pero con la magia intacta, los hacía dudar de sus posibilidades. Y encima en Nápoles, el jardín de la casa del por entonces indiscutible rey del fútbol.

El mismo Pelusa recordó la previa del partido en su autobiografía “Yo Soy el Diego”: “No era una semifinal más, nos tocaba Italia, ¡y en Nápoles! Cuando llegué ante la prensa, feliz, dije aquello que nunca me perdonarían, pero que era verdad: ‘Me disgusta que ahora todos les pidan a los napolitanos que sean italianos y que alienten a la Selección’”. Los napolitanos se vieron en la ambigüedad de apoyar a ambos y colgaron banderas con leyendas que decían: “Diego en los corazones, Italia en los cantos”, o “Maradona, Nápoles te ama, pero Italia es nuestra patria”.

El contexto
Italia partía como favorito. El dueño de casa llegaba con un pleno de triunfos ante Austria, EEUU, Checoslovaquia, Uruguay y República de Irlanda y sin goles en contra. Contaba con un rico plantel, integrado por grandes jugadores de la talla de Franco Baresi, el arquero Walter Zenga, Paolo Maldini, un joven y talentoso Roberto Baggio, el artillero Gianluca Vialli y la revelación goleadora del Mundial, Salvatore Totó Schillaci, a la postre Bota de Oro adidas del campeonato.

Argentina, en cambio, arribaba con muchas dudas. Había caído en su debut ante Camerún y clasificado con lo justo a octavos como uno de los mejores terceros. Dejó en el camino a Brasil con un pase de gol genial de Maradona para Claudio Caniggia, pese a haber sido ampliamente superada en el juego. Y en cuartos había vencido a Yugoslavia, al que con un jugador más sólo pudo derrotar en la tanda de penales luego de un pálido 0-0. Diego estaba “entre algodones”, con una uña del pie derecho encarnada y el tobillo hábil inflamado que casi no le permitía pisar. Pero era el campeón del mundo…

El partido
La Azzurra comenzó mejor y mostró rápido sus ambiciones. A Argentina le costó acomodarse, pese a que a los 8 minutos Jorge Burruchaga hizo lucir a Zenga con un fuerte derechazo de afuera del área. Pero a los 17, Schillaci tomó un rebote que dio el portero Sergio Goycochea tras un remate de Vialli y puso en ventaja a los locales. A partir de ahí, la tensión fue en aumento y los sudamericanos mostraron mayor aplomo. Sustentados en la experiencia de Ricardo Giusti, Julio Olarticoechea, Burruchaga, Oscar Ruggeri y el propio Maradona, los argentinos nivelaron las acciones y terminaron la primera parte jugando mejor que el rival.

Argentina presionó y desplegó su versión más destacada en el Mundial durante el complemento. Tanto que, a los 67 minutos, Maradona abrió la cancha con un pase para Olarticoechea, quien ejecutó un centro para que Caniggia, con un suave cabezazo, venciera a Zenga. La anotación no sólo desató la algarabía de los albicelestes, sino que cortó la racha de 517 minutos de los italianos sin recibir goles en el torneo.

El nervio se apoderó de ambos conjuntos. Con pocas llegadas de riesgo y mucha fricción, el encuentro se encaminó a la prórroga. En la primera parte, Italia estuvo muy cerca con un tiro libre de Baggio que Goycochea desvió por encima del larguero. Argentina se quedó con un jugador menos por expulsión de Giusti y como dato curioso, esa etapa se extendió hasta los 23 minutos. El árbitro del cotejo, el francés Michel Vautrot, ¡confesó luego que se había olvidado de controlar el tiempo!

Con la Albiceleste a la defensiva e Italia impotente, el compromiso terminó igualado y debió definirse desde los 11 metros. Baresi, José Serrizuela, Baggio, Burruchaga, Luigi De Agostini y Olarticoechea pusieron las cosas 3-3. Goycochea atajó el disparo de Roberto Donadoni y fue Maradona quien, con un preciso toque, colocó a Argentina 4-3. El portero argentino se recibió de héroe al contener el remate de Aldo Serena y dio el pase a su selección a la segunda final consecutiva.

Se dijo
"El festejo tras atajar el penal de Serena contra Italia en la semifinal es mi mejor recuerdo del Mundial 90. Fue la representación más lúdica de lo que es este fútbol bendito: correr con un estadio enmudecido y escuchar sólo el grito de mis compañeros. Fue como haberle atajado un penal al Gordo Mario en una canchita de Lima, mi pueblo. Me llevó a eso, ¡aunque lo que se jugaba en Italia era mucho más importante!".
Sergio Goycochea, arquero de Argentina.

"Nos vamos con la conciencia de haber hecho todo lo posible para llegar a la final. Ha sido un partido equilibrado, duro, muy difícil. Argentina jugó mejor que de costumbre. Creo que, en su conjunto, podríamos haber merecido algo más, pero esto es fútbol".
Azeglio Vicini, entrenador de Italia.

¿Qué sucedió luego?
Italia digirió el mal trago de la derrota y consiguió el tercer puesto al vencer a Inglaterra por 2-1. El partido le sirvió a Schillaci para terminar como goleador del certamen. La base de ese equipo, cuatro años después, perdería la final de la Copa Mundial de la FIFA Estados Unidos 1994.

Argentina sufrió las consecuencias de un pleito de semejante intensidad. A la expulsión de Giusti sumó la suspensión de Caniggia, por haber recibido una segunda tarjeta amarilla en el campeonato. Así, cayó derrotada en el partido decisivo ante Alemania Federal, con un penal que anotó el defensor Andreas Brehme. La Albiceleste nunca volvió a alcanzar las semifinales en una Copa Mundial de la FIFA.