Los duelos entre Brasil y Chile siempre se anuncian como enormemente desequilibrados. Un agradable día de invierno en Santiago —escenario de la semifinal de la Copa Mundial de la FIFA 1962— sirvió para ambientar uno de los pocos que no han seguido esa pauta.

La Seleção había protagonizado un recorrido accidentado por la fase de grupos, y eliminado a Inglaterra mediante otra actuación gris, sin lograr acreditar la condición de favorita con que acudía al torneo. La Roja, en cambio, accedió a cuartos de final tras doblegar a una selección italiana repleta de estrellas, para luego vencer a la Unión Soviética, vigente campeona de Europa, y llegar así a las semifinales cargada de confianza. Aymoré Moreira tuvo que planificar el partido sin Pelé, lesionado. El extremo izquierdo Leonel Sánchez, talismán de los chilenos, estaba disponible y en una forma magnífica. Además, Goliat se vio obligado a plantar cara a David en un terreno desfavorable, preocupado por el dato de que cuatro países anfitriones habían alcanzado la final en las seis ediciones anteriores de la Copa Mundial de la FIFA, y ante 77.000 espectadores entregados por completo a la causa del equipo modesto. Sencillamente, era imposible predecir lo que sucedería.

El contexto
Tras un poco convincente 2-0 ante México y un gris empate a cero contra Checoslovaquia, Brasil necesitó dos goles de Amarildo para remontar en los últimos veinte minutos frente a España y asegurar así su participación en cuartos de final (2-1). Garrincha sirvió más tarde de inspiración en el triunfo por 3-1 sobre Inglaterra, y los brasileños se situaron a las puertas de su tercera final mundialista. El sensacional extremo quedó a salvo de las críticas, pero no así sus compañeros. La presión por ganar, y por animar con ello a sus aficionados, era evidente.

Chile, por su parte, certificó su pase a la fase de eliminatorias a falta de un encuentro, tras derrotar por 3-1 a Suiza y 2-0 a Italia. La victoria contra pronóstico en cuartos de final ante un combinado soviético capitaneado por Lev Yashin y encabezado por Igor Chislenko aumentó las expectativas, e hizo creer que los pupilos de Fernando Riera podían disputar su primera final.

El partido
Brasil efectuó el saque inicial de una contienda que enseguida adquirió un ritmo endiablado. Didi realizó un potente disparo lejano que pasó rozando el larguero de Chile, y un decidido lanzamiento de Sánchez desde la frontal dio en el poste. Garrincha inauguró el casillero a los nueve minutos, cuando un centro de Zagallo desde el flanco izquierdo fue rechazado y se cruzó con su trayectoria, cerca del área local. El número 7 introdujo el balón con su pierna más débil, la izquierda, por la escuadra de Escuti. El atacante del Botafogo no se detendría ahí, y después de que no le señalasen un penal a favor envió un centro desde la derecha que no alcanzó por centímetros a Amarildo, quien sólo hubiese tenido que empujarlo a gol. Garrincha dobló la ventaja de Brasil al cumplirse la media hora, esta vez conectando un inapelable remate de cabeza en un saque de esquina de Zagallo. Muchos equipos se habrían derrumbado. Pero no Chile, que recortó distancias a través de un magnífico golpe franco ejecutado por Jorge Toro al filo del descanso.

No obstante, los brasileños restablecieron su colchón de dos tantos a pocos minutos de la reanudación. Garrincha, pegado a la banda derecha, engañó a su marcador con una de sus características y fulminantes fintas, y forzó un córner, que dirigió hacia Vavá. El delantero del Palmeiras se hallaba rodeado de adversarios, a ocho metros de la portería, y tenía ante sí al arquero y a un defensor colocado sobre la línea de meta, pero su firme y astuto testarazo descendente acabó en el fondo de las mallas. Chile, una vez más, se negó a darse por vencido, y a la hora de juego dispuso de un penal, a raíz de una complicada acción combinativa. Sánchez se encargó de lanzarlo, y batió a Gilmar ajustando un tiro raso al poste izquierdo. Los anfitriones únicamente perdían por una diana. A partir de entonces, el peligro osciló de un extremo al otro del campo. Un pase entre líneas de Ramírez estuvo a punto de dejar a Tobar en boca de gol, pero Nílton Santos, muy alerta, lo interceptó, y Garrincha obligó a Escuti a lucirse tras colarse entre dos rivales. Rojas casi consigue el empate con un disparo que rebotó en el poste antes de que Landa despejase a saque de banda. Brasil sentenció en el minuto 78: un balón largo aterrizó en el área chilena y Vavá se impuso a dos rivales en el salto para cabecear con rabia entre los tres palos. Aún quedaría tiempo para las expulsiones de Landa y, prácticamente de inmediato, de Garrincha. Pero no importó, el daño estaba hecho: A Alegria do Povo (“la alegría del pueblo”) ya había causado sufrimiento a las masas que llenaban el Estadio Nacional.

Chile había sido un oponente formidable. Pese a todo, se topó con un talento sobrenatural, ansioso por demostrar su poderío. Un titular del periódico chileno El Mercurio lo resumió a la perfección: “¿De qué planeta procede Garrincha?”.

Se dijo
“Dentro de 400 años, siempre que la gente hable de fútbol, tendrá que mencionar a Mané Garrincha”. João Saldanha, periodista y futuro seleccionador de Brasil.

“Marqué un gol decisivo contra la Unión Soviética y tuve la oportunidad de repetir ante Brasil. Íbamos perdiendo 3-2 y recuerdo que disparé nada más entrar en el área. Parecía un tiro perfecto. Superó a Gilmar, pero el balón se estrelló contra el poste derecho y estuvo a unos centímetros de cruzar la línea de meta. Podríamos haber ganado si hubiese entrado. En última instancia, estos pequeños detalles pueden suponer una enorme diferencia en partidos decisivos”. Eladio Rojas, centrocampista chileno.

“Sabíamos que iba a ser un partido difícil. Chile tenía un buen equipo, con dos o tres jugadores excelentes, y contaba con el apoyo del público. Pero, por suerte, Garrincha fue imparable aquel día”. Mauro, defensor brasileño.

¿Qué sucedió luego?
Tres días más tarde, una realización de Rojas en el último momento daba a Chile el triunfo por 1-0 sobre Yugoslavia en el choque por el tercer puesto. Aún es, actualmente, el mejor registro del país en siete participaciones en la Copa Mundial de la FIFA, cinco de las cuales se saldaron con una eliminación en la primera fase. Al día siguiente, Brasil revalidaba su corona mundialista mediante un contundente 3-1 ante la República Checa. ¿Quién fue el mejor hombre de la Seleção en aquel partido? No hace falta decirlo.