En 1974 fuimos los mejores, reza el título de un libro que apareció en Holanda en 2004. Este texto publicado a 30 años vista de uno de los partidos más memorables de la historia del fútbol, es un fiel reflejo de lo profunda que fue la decepción holandesa tras la caída de la Naranja Mecánica en la final mundialista. Porque, al fin y al cabo, no fue el equipo del entonces seleccionador Rinus Michels quien levantó el trofeo, sino el de su vecina y anfitriona, la República Federal de Alemania.

Pero vayamos por partes: el 7 de julio de 1974 se enfrentaban por primera vez en un partido de competición la República Federal de Alemania y Holanda. Antes, ambas potencias futbolísticas sólo se habían visto las caras en 19 encuentros amistosos. Y ahora iban a luchar por el máximo trofeo del fútbol.

El contexto
Los holandeses accedían a la final sin ningún gol en contra en la fase eliminatoria del campeonato, habiendo vencido a Argentina (4-0), República Democrática de Alemania (2-0) y Brasil (2-0). "Hoy hemos perdido contra el mejor equipo del Mundial", manifestó el técnico de la Seleção, Mario Zagallo, impresionado tras naufragar ante la supremacía del "fútbol total". En este sistema de juego tan peculiar, los diez jugadores de campo intervenían tanto en la defensa como en el ataque. Si un jugador perdía la posición, enseguida aparecía otro para cubrirla. Nadie estaba anclado en su puesto: los defensas se lanzaban al ataque y los atacantes ayudaban en defensa.

Con esta táctica, que exigía de todos los miembros de la escuadra una enorme correa y una gran pericia técnica, el equipo en torno a Johan Cruyff y Johan Neeskens no dejó lugar a dudas a lo largo del torneo de que el título mundial sólo podía ser de la Oranje, que participaba en una cita mundialista al cabo de 36 años de ausencia. "Cuando él tenía la pelota, yo cerraba los ojos y corría. El balón me llegaba entonces automáticamente", comentaba Neeskens en admirada referencia a su capitán.

Al mismo tiempo, la República Federal de Alemania se había impuesto en la ronda eliminatoria con victoras sobre Suecia (4-2), Polonia (1-0) y Yugoslavia (2-0), pero antes de eso la selección anfitriona fue derrotada por 0-1 en el choque histórico que entabló con la República Democrática Alemana en la liguilla de grupos.

La acción
Los augurios previos a este duelo de colosos librado el 7 de julio de 1974 en el Estadio Olímpico de Múnich ante más de 75.000 espectadores eran muy claros: por un lado estaba el claro favorito, Holanda, que había asombrado a los expertos con sus espectaculares actuaciones y su fútbol ofensivo; por el otro estaba la selección anfitriona, la República Federal de Alemania, que por su parte contaba con figuras de primer orden, entre las que destacaban Franz Beckenbauer, Gerd Müller y Paul Breitner, y que quería conquistar el título en su propio terreno.

El árbitro inglés John Taylor pitó el comienzo del partido a las 16:00 horas y, antes de que los espectadores se hubieran reacomodado en sus asientos tras escuchar los himnos nacionales, el balón ya había entrado en una de las porterías. ¿Qué había ocurrido? Los estadísticos contaron 17 toques de balón por parte de la selección holandesa desde el saque inicial hasta que el esférico le llegó a Cruyff. Con el esférico en los pies, el artista holandés sencillamente se escapó de su marcador, Berti Vogts, entró en el área y cayó derribado por una entrada de Uli Hoeness. ¡Penal! Sería la única ocasión del partido en la que Cruyff se desembarazaría del Terrier alemán. Neeskens no se hizo esperar para lanzar la pena máxima y, a los 63 segundos de juego, subió el 1-0 al marcador con un recio disparo al centro de la portería. Curioso: los alemanes aún no habían tocado la pelota.

¿La sentencia? ¡Ni mucho menos! El extremo holandés Johnny Rep recordaría más tarde: "Queríamos exhibirnos ante los alemanes. No nos dábamos cuenta, pero lo hacíamos. Y nos pasábamos el balón de aquí para allá. Así es que se nos olvidó marcar el segundo gol". En efecto, a continuación los uniformes naranjas se regodearon en el despliegue de su mecanismo de precisión, desviándose de vez en cuando de su hoja de ruta táctica. Eso les pasaría factura: en el minuto 26, Bernd Hölzenbein aprovechó la entrada con la pierna estirada de Wim Jansen en el área holandesa para provocar otro penal. Paul Breitner acudió a lanzarlo y lo transformó en el gol del empate. "Miré a Paul a la cara y supe que lo marcaría", manifestó más tarde Müller acerca de la escena previa al lanzamiento.

Apoyados por los seguidores que abarrotaban el Estadio Olímpico con la esperanza de ver a su equipo conquistar el segundo título mundialista después de su gesta de 1954, el conjunto de Helmut Schön, que dirigía su partido número 101 como seleccionador nacional, logró adelantarse en el marcador antes del intermedio. Rainer Bonhof penetró por la banda derecha, centró al área y el Torpedero Müller, controlando el balón hacia atrás y girándose a la media vuelta, asestó el gol de la victoria por 2-1. Ése fue además el centésimo tanto de Alemania en la Copa Mundial.

Un nuevo trofeo
Se podría decir sin riesgo a exagerar que la segunda mitad fue una ofensiva total por parte de los holandeses. Con todo, la primera oportunidad del segundo periodo fue para los anfitriones. Un remate de cabeza de Rainer Bonhof se marchó fuera del marco contrario por unos centímetros. Acto seguido, los Países Bajos se hicieron con el dominio del encuentro. Pero el trabajo defensivo a cargo de Beckenbauer, el guardameta Sepp Maier, Vogts y compañía logró aguantar los embates visitantes hasta el final.

Una medida del frenesí y la tenacidad con que se peleó cada balón en cada metro del campo a lo largo de los 90 minutos fue el número de faltas que se pitaron: 27 a favor de Alemania y 14 a favor de Holanda. En la última media hora, sobre todo, la Naranja Mecánica no cesó de acosar la portería de los locales, quienes tuvieron la suerte de su parte en numerosas situaciones y al final consiguieron certificar la primera y única derrota de los holandeses en sus ocho partidos en el torneo.

La República Federal de Alemania se convirtió así en el cuarto país en adjudicarse el título mundial en su propio territorio, después de Uruguay (1930), Italia (1934) e Inglaterra (1966), y en el primero en aferrar la nueva estatuílla de la Copa Mundial de la FIFA. La anterior, el trofeo Jules Rimet, había pasado definitivamente a manos de Brasil cuando la Canarinha se proclamó campeona del mundo por tercera vez en 1970.

Las frases
"Por primera vez jugamos contra un equipo que había planeado un sistema perfectamente definido y que además supo ponerlo en práctica. Aparte de eso, nos faltó un hombre como Gerd Müller", Johan Cruyff, capitán de la selección de Holanda.

"El 0-1 fue bueno para nosotros. Gracias a él, los holandeses se replegaron y nos metieron a nosotros en el partido. Porque cuando se aflojan las riendas, luego es difícil retomar la iniciativa", Franz Beckenbauer, capitán de la selección de la República Federal de Alemania.

Lo que pasó después
Mientras el once alemán cayó prematuramente en la siguiente edición de la Copa Mundial, la de 1978, la Naranja Mecánica volvió a acceder a la final en Argentina. Pero una vez más, la selección anfitriona resultó ser un obstáculo insuperable (3-1, tras la prórroga). Para los holandeses, esas dos finales mundialistas siguen siendo sus mayores hitos, salvedad hecha del triunfo en la Eurocopa de 1988, en la que se impuso, entre otros, a Alemania por 2-1 en semifinales.

La Mannschaft se proclamaría después tres veces subcampeona del mundo, en 1982, 1986 y 2002; y en 1990 volvería a levantar el trofeo mundialista batiendo, entre otros, a Holanda por 2-1 en octavos de final. Además conquistó el Campeonato Europeo en 1980 y 1996.

Resumen
7 de julio de 1974, Estadio Olímpico de Múnich, Múnich, Alemania
Alemania 2-1 Holanda
Goleadores: Neeskens (NED) 2’/Pen.; Breitner (GER) 26’/Pen., Müller (GER) 43’

Alemania: Sepp Maier, Berti Vogts, Franz Beckenbauer, Hans-Georg Schwarzenbeck, Paul Breitner, Rainer Bonhof, Uli Hoeneß, Wolfgang Overath, Jürgen Grabowski, Gerd Müller, Bernd Hölzenbein
Seleccionador: Helmut Schön

Holanda: Jan Jongbloed, Wim Suurbier, Wim Rijsbergen (68. Theo de Jong), Arie Haan, Ruud Krol, Wim Jansen, Johan Neeskens, Wim van Hanegem, Johnny Rep, Johan Cruyff, Rob Rensenbrink (46. Rene van de Kerkhof)
Seleccionador: Rinus Michels