La selección neozelandesa de 1982, entrenada por John Adshead, protagonizó uno de los trayectos más fabulosos hacia la Copa Mundial de la FIFA. Aquellos Kiwis, futbolistas a tiempo parcial, considerados un conjunto de segunda fila en la fase previa de Asia/Oceanía, iniciaron su campaña del mejor modo posible, imponiéndose por 0-2 contra pronóstico a Australia en Sydney el 16 de mayo de 1981. Pese a todo, la última liguilla asiática, en la que Nueva Zelanda se medía a China, Arabia Saudí y Kuwait, suponía un auténtico viaje a lo desconocido.

Tras una controvertida derrota en casa a manos de Kuwait y un frustrante empate también en su feudo ante el combinado saudí, las perspectivas de Nueva Zelanda no parecían muy halagüeñas. Sin embargo, uno de los resultados más extraordinarios de la historia de la competición preliminar mundialista hizo resucitar su sueño. FIFA.com regresa a aquel día memorable en la capital saudí.

Los detalles
19 de diciembre de 1981, Estadio Malez de Riad
Arabia Saudí 0-5 Nueva Zelanda
Goleadores: Wynton Rufer 16', 38', Brian Turner 17', 44' PEN, Steve Wooddin 39'.
Arabia Saudí: Salim Marwam, Abdullah al Harby, Hussain al Beeshi, Hamid Sobhi, Mohammad Abdul-Jawad, Othman Marzouq Fairooz, Fahad Musaibeeh, Yusuf Khamees, Salih al Dosary, Majid Abdulla, Abdullah Ahed Faraj.
Nueva Zelanda: Richard Wilson, Glenn Dods, Ricki Herbert, Adrian Elrick, Allan Boath (Keith Mackay), Bobby Almond, Duncan Cole, Steve Sumner, Brian Turner (Sam Malcolmson), Steve Wooddin, Wynton Rufer.

El contexto
Para Nueva Zelanda, la situación no podía ser más clara. En el último grupo asiático se clasificaban dos equipos: antes de este encuentro, correspondiente a la última jornada de la liguilla, se hallaba a dos puntos de China, segunda de la tabla. No sólo estaba pues obligada a vencer a Arabia Saudí, sino que debía hacerlo por un margen de nada menos que seis tantos para superar a China en cuanto a diferencia de goles, ya que entonces las victorias únicamente valían dos puntos. El reto parecía imposible, y los Kiwis, por consiguiente, acudieron a la cita con una mentalidad sorprendentemente relajada.

"Antes del partido, en el vestuario había un ambiente bastante distendido, jovial", recuerda el capitán neozelandés, Steve Sumner. "El entrenador [John Adshead] se limitó a decirnos que jugásemos con dignidad, y así podríamos volver a casa con la cabeza alta". Los primeros 45 minutos dieron un vuelco a todo...

El partido
Arabia Saudí cerraba la liguilla, ya fuera de todos los cálculos. Para empeorar las cosas, un defensa clave como Salih al Na'eema, capitán del equipo, estaba sancionado, y el guardameta Salim Marwam no tenía ritmo de juego. Nueva Zelanda anotó su primer tanto en el minuto 16, obra de su joven estrella Wynton Rufer. Un minuto más tarde llegó el segundo, a través del veterano artillero Brian Turner. De repente, el optimismo comenzó a adueñarse de los All Whites.

Rufer volvió a ver puerta en el 38, y el elegante extremo izquierdo Steve Wooddin firmó el cuarto inmediatamente después. Increíblemente, los Kiwis estaban ahora a un solo gol de disputar una eliminatoria de repesca contra China, ¡y a dos de la clasificación automática para el torneo de España! En el minuto 44, la retaguardia saudí volvió a fallar, y Nueva Zelanda dispuso de un penal. Un Turner exultante asumió la responsabilidad de lanzar. "¡Brian estaba temblando!", rememora Sumner con una sonrisa. "No conseguía poner el balón en el punto penal. ¡Estaba tan emocionado, que el árbitro [el holandés Charles Corver] tuvo que decirle que se calmase!".

Turner no perdonó, y los All Whites llegaron al intermedio con una asombrosa renta de 0-5. "En el descanso fuimos conscientes de que si marcábamos un gol más estábamos clasificados", explica Sumner.

Darse cuenta de eso quizás afectó a la capacidad realizadora de los Kiwis en el segundo período. "¡En la segunda parte tuvimos mejores ocasiones que en la primera!", se ríe Sumner. "Pero no quisieron entrar". El duro césped artificial, al que no estaban acostumbrados, también empezó a hacer mella, y varios hombres sufrieron ampollas y hemorragias en los pies. A falta de quince minutos, los locales casi marcan en un contragolpe, y se adoptó la decisión colectiva de echarse atrás y reforzar la zaga. "Pensé que ya habíamos hecho suficiente, no nos apetecía ir a por ese gol", afirma Sumner.

La figura
Aunque Wynton Rufer conocería posteriormente la fama a través de una destacada carrera en Europa con el Werder Bremen, en este encuentro sobresalió Brian Turner, un veterano del fútbol neozelandés, elegido tres veces mejor jugador del año en su país. Catorce años después de su estreno como internacional, se encargó de transformar en el minuto 44 el penal que permitió a Nueva Zelanda disputar la decisiva eliminatoria de repesca para estar en la Copa Mundial de la FIFA. Aunque tan sólo actuó durante unos minutos en el certamen de España, los hinchas neozelandeses no olvidaron cómo contribuyó a la clasificación.

Se dijo...
"Antes del partido, recuerdo que les comenté a los chicos: ‘Ya sabemos que tenemos que marcar seis goles para pasar, pero ¿por qué no va a sucedernos a nosotros?' Y, llegado el momento, todo salió a pedir de boca". Steve Sumner, capitán de Nueva Zelanda.

¿Qué sucedió luego?
Los neozelandeses habían logrado una eliminatoria ante China, a celebrar en terreno neutral, en Singapur. Nuevamente, los Kiwis salieron en tromba, y se pusieron con un 2-0 a favor, merced a dos fantásticos goles de Wooddin y Rufer. Ante un público de 60.000 espectadores, los chinos recortaron distancias, pero Sumner y compañía resistieron, cosechando así un famoso triunfo, sinónimo de clasificación para España 1982.

En el torneo en sí, los neozelandeses sucumbieron ante el poderío de Escocia, la URSS y Brasil, perdiendo sus tres partidos de la primera fase. Pero no importaba: estos jugadores a tiempo parcial de Oceanía habían alcanzado un hito que aún hoy enorgullece a sus compatriotas.