El 19 de noviembre de 1989, Estados Unidos regresó a la fase final de la Copa Mundial de la FIFA después de 40 años de ausencia. Entretanto, Trinidad y Tobago quedaba eliminada sin poder explicarse qué había fallado. FIFA.com repasa en detalle el último clasificatorio de la CONCACAF para el certamen de Italia 1990 y "el disparo que se oyó en todo el mundo".

Detalles
19 de noviembre de 1989, Estadio Nacional, Puerto España
Estados Unidos 1-0 Trinidad y Tobago
Goleadores: Paul Caligiuri
Estados Unidos: Meola, Windischmann, Doyle, Trittschuh, Krumpe, Caligiuri, Bliss, Harkes, Ramos, Vermes, Murray
Trinidad y Tobago: Maurice, Morris, Williams, Francis, Faustin, Latapy, Lewis, Allen (Morris, 60'), Jones, Yorke (Lee, 76'), Jamerson

El contexto
Nadie apostaba que Estados Unidos accedería a la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990, ni siquiera teniendo en cuenta la gran oportunidad que le brindaba la descalificación de México, entonces potencia futbolística de la región. Los estadounidenses no se habían clasificado para una cita mundialista desde su viaje a Brasil en 1950, donde, gracias a un remate fortuito del veterano Joe Gaetjens, derrotaron incomprensiblemente a Inglaterra en Belo Horizonte.

Sus 40 años de exilio no era el único factor que minaba el afán de Estados Unidos en 1989. A diferencia de hoy en día, el equipo era un grupo muy poco consistente de jugadores universitarios y futbolistas semiprofesionales. En sus filas figuraban futuras estrellas como Tab Ramos, Tony Meola o John Harkes, pero el único profesional auténtico a la sazón era el defensa Paul Caligiuri, que a la postre fue quien asestaría el golpe decisivo.

Los norteamericanos sólo habían marcado un gol en sus tres últimos compromisos de clasificación y necesitaban ganar en un Puerto España en plena fiesta contra, por lo visto, el mejor equipo trinitense de todos los tiempos, que contaba con fenómenos de talla de Russell Latapy y Dwight Yorke.

Si a eso añadimos que ninguna selección de Estados Unidos había ganado un clasificatorio en más de 21 años, se comprenderá que el asunto era poco menos que una misión imposible para los yanquis.

El partido
Hacía un calor abrasador en la capital de Trinidad, que se había pintado de rojo, el color de la camiseta del cuadro local, para recibir a sus visitantes. Para acceder a su primera Copa Mundial de la FIFA, todo lo que necesitaban los Guerreros Soca era un empate ante los 30.000 incondicionales que los jalearían desde la grada. No parecía una tarea muy difícil contra un conjunto cuya mala puntería duraba ya 200 minutos.

Tony Meola era el hombre que había mantenido vivo el sueño de Estados Unidos hasta la fecha. "Llevábamos tres partidos sin conceder un gol antes de viajar a Puerto España", recordaría luego el entonces portero de la Universidad de Virginia. "Pero necesitábamos ganar y no sabíamos de dónde iban a llegar los goles".

Al filo de la media hora, su pregunta obtuvo respuesta. Caligiuri recibió un balón perpendicular de Bruce Murray, que botó sobre un terreno de juego en pésimas condiciones. En lugar de pasarlo en profundidad para Tab Ramos o de tratar de internarse con él en el área, el defensa, que sólo llegaría a marcar cinco veces en sus 110 partidos internacionales, se deshizo de un contrario y probó suerte con la zurda. Su disparo se arqueó en dirección a la meta trinitense, y la vaselina batió al portero Michael Maurice que la esperaba prácticamente parado justo en la línea de meta, de lo que más tarde se excusó diciendo que el sol lo había deslumbrado.

La prensa de Estados Unidos, que se olió el tirón de una noticia tan novedosa y lo bien que se pondría vender, bautizó el gol como "el disparo que se oyó en todo el mundo". Luego se llegó a conocer simplemente como "el disparo" en el folclore futbolístico de la nación que inventó las películas del Oeste.

"Tuvo mucho que ver la suerte", Caligiuri comentó después acerca del tanto que decidió el encuentro. "Yo estaba muy lejos, pero en cuanto Caligiuri lanzó el disparo supe que el balón podía entrar", agregó Meola, cuyo turno de trabajo aquella noche no había hecho más que comenzar.

Los artilleros trinitenses pusieron a prueba al guardameta de Nueva Jersey durante los 60 minutos restantes. Pero Meola ofreció un recital entre los palos y al final mantuvo su portería a cero en otra de sus habituales exhibiciones. "Se tiraron encima con todo lo que tenían", comentó.

Tras el pitido final, Estados Unidos celebró su milagrosa victoria y toda la isla de Trinidad quedó sumida en un profundo estado de consternación.

La figura
La estrella del partido fue Paul Caligiuri. En aquel tiempo era jugador del SV Meppen, pero anteriormente había militado en el Hamburgo y después en el Hansa Rostock, antes de poner fin a su carrera en la Major League Soccer de su país. El californiano fue una sorpresa en la alineación del seleccionador Bob Gansler contra Trinidad y Tobago. Aún convaleciente de una fractura en el pie, entró en sustitución de John Stollmeyer, el central habitual del equipo. Además de anotar aquella emblemática diana, Caligiuri fue uno de los principales responsables de la eficaz contención de los jóvenes prodigio Dwight Yorke y Russell Latapy, que no pudieron acercarse al marco que defendía Meola.

Se dijo
"Entonces no era como ahora. No teníamos liga profesional ni dinero, y muy poca organización. Bien mirado, es asombroso lo que hicimos. Algunos de los nuestros jugaban en ligas semiprofesionales y dominicales, y tenían que esforzarse mucho para mantenerse en forma. Y al final lo conseguimos. Todo lo que Estados Unidos ha alcanzado después está basado en aquella victoria". Tony Meola, guardameta de Estados Unidos

"Fue el partido más importante que hemos ganado nunca. Demostró al resto del mundo que sabemos jugar y que podemos clasificarnos. Sabíamos lo importante que era para el futuro del fútbol en Estados Unidos". Paul Caligiuri, defensa de Estados Unidos

"Yo tenía entonces 21 años y toda mi carrera por delante. Estábamos tan cerca de llegar a la Copa Mundial... A la mañana siguiente nos levantamos y nos dimos cuenta de que todos nuestros sueños se habían hecho añicos". Russell Latapy, centrocampista de Trinidad y Tobago

"La decepción fue casi insoportable". Dwight Yorke, delantero de Trinidad y Tobago

¿Qué sucedió luego?
El fútbol se convirtió en algo más que un deporte bonito en Estados Unidos después de aquel feliz día de noviembre de 1989. Desde entonces, los norteamericanos se han clasificado para todas las fases finales de la Copa Mundial de la FIFA. Llegaron a la segunda ronda en la edición de 1994 organizada en su país, y a los cuartos de final en 2002. La liga de fútbol estadounidense, la Major League Soccer, fue inaugurada en 1996 y cada año crece con más fuerza. Actualmente Estados Unidos está considerada, junto con México, una de las dos mejores selecciones nacionales de la CONCACAF.

Trinidad sufrió una prolongada crisis de confianza, hasta que su sueño se hizo por fin realidad en 2006. Luego de vencer a Bahréin en el encuentro de repesca intercontinental, los Guerreros Soca, con la ayuda de los supervivientes de 1989 Yorke y Latapy, acudieron a Alemania, junto con Estados Unidos, a su primera fase final de la Copa Mundial de la FIFA. En su primer duelo, empataron sensacionalmente contra Suecia en Dortmund, antes de perder ante Inglaterra y Paraguay.

Algunos jugadores de las selecciones de Estados Unidos y Trinidad y Tobago que libraron la famosa batalla de 1989, disputaron en 2006 una reedición amistosa de aquel clásico en Puerto España, donde los anfitriones se tomaron la revancha y se impusieron por 4-1.