En el fútbol, la palabra hazaña tiene diferentes connotaciones, según se trate de una gran potencia o un equipo humilde. Para Portugal, sólo una victoria en la Copa Mundial podría calificarse así. Sin embargo, para Liechtenstein, acostumbrado a regalar puntos a sus adversarios durante muchos años, hacer sudar la gota gorda a una grande de Europa ya es suficiente para entrar en la historia del deporte nacional.

Mientras la Selecção das quinas sigue esperando a inscribir su nombre en el palmarés de la máxima competición mundialista, el Principado centroeuropeo ya ha vivido "su" noche mágica. Fue una de esas noches que hacen soñar a todo un país; y cuyos detalles contarán algún día a sus nietos los propios héroes y los espectadores presentes en el estadio, concluyendo con un "¡Y yo estuve allí!". Sucedió en octubre de 2004 en Vaduz, en el camino hacia la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006.

9 de octubre de 2004, Rheinpark, Vaduz
Liechtenstein 2-2 Portugal
Goles: Franz Burgmeier (48'), Thomas Beck (76') -Liechtenstein-; Pauleta (23'), Daniel Hasler (39', en propia meta) -Portugal-. 

Liechtenstein: Jehle; Mi. Stocklasa, Telser, Hasler, Ritter; Ma. Stocklasa, Rohrer (46' R. Beck), Gerster (88' Buchel), T. Beck; M. Frick (90' D.Frick), Burgmeier.
Portugal: Ricardo; Ferreira, Ribeiro, Carvalho, Andrade; Costinha (46' Tiago), Maniche, Deco; Simão (56' Petit), C. Ronaldo (61' Postiga), Pauleta.

El contexto
Dos victorias en dos partidos es el balance perfecto que lucía Portugal, recién proclamado subcampeón de Europa en su propio país, antes de darse cita en Liechtenstein, para disputar la tercera jornada del Grupo 3 de la fase de clasificación europea para Alemania 2006. Antes, Letonia (0-2) y Estonia (4-0) habían pagado los platos rotos del deseo de la Selecção de demostrar que seguía siendo temible, a pesar de las retiradas como internacionales de Luis Figo y Rui Costa.

Entretanto, los aficionados de Liechtenstein, como es lógico, se preguntaban de qué forma se iban a merendar a sus jugadores, tras haber caído en casa contra Estonia (1-2) y haber tenido que recoger el balón del fondo de las mallas siete veces contra Eslovaquia (7-0). Y lo ocurrido en el primer periodo parecía confirmar los pronósticos...

El partido
Los 22 protagonistas comenzaron el encuentro siguiendo al pie de la letra un guión que parecía escrito de antemano. La formación visitante se instaló en el campo contrario, mientras Liechtenstein se defendía como podía y esperaba un milagro por parte de su figura, Mario Frick. Fue precisamente el actual delantero del Siena quien dispuso de la primera ocasión. Pero a pesar de ese susto, el dominio de los lusos era abrumador, y la llegada de su primer tanto sólo parecía cuestión de tiempo. Así, el remate de Pauleta se marchó por poco junto al poste, antes de que Deco estrellase un libre directo contra el larguero.

A continuación, el joven Cristiano Ronaldo colocó un centro en la cabeza de Pedro Pauleta, que marcó y se acercó así al título de máximo goleador de la historia con su selección (un honor del que desposeería a Eusebio unas semanas más tarde). Se llevaban 23 minutos de juego y Peter Jehle, el portero liechtensteiniano, veía cernirse sobre él un nuevo calvario.

Una impresión confirmada a seis minutos del descanso, cuando Deco, director de orquesta del combinado luso tras las retiradas de Figo y Rui Costa, sirvió para Simão en profundidad. El centro del extremo del Benfica fue desviado al interior de su propia portería por el defensa Daniel Hasler. Al descanso se cumplía la lógica, y los hombres de Luiz Felipe Scolari tenían encarrilada una holgada victoria.

Sin embargo, tal vez se confiaron demasiado pronto en que estaba ganado, ya que, a la vuelta de los vestuarios, los locales recobraron la esperanza a los tres minutos, cuando Thomas Beck caracoleó entre la defensa portuguesa y cedió el balón a Franz Burgmeier. Su disparo, desviado por Paulo Ferreira, sorprendió a Ricardo e hizo saltar de alegría a los 4.000 espectadores del Rheinpark de Vaduz. Los portugueses pensaron que con pisar de nuevo el acelerador bastaría para marcar la diferencia, pero la vaselina de Pauleta aterrizó en el travesaño, mientras que Helder Postiga se topó con un Jehle impecable.

Sólo faltaban 14 minutos por jugarse cuando el milagro se produjo. ¡El país 151º en la Clasificación Mundial logró la proeza de remontar dos goles al subcampeón de Europa! Una falta sacada por Beck y que nadie remató sorprendió a Ricardo, y a los millones de aficionados portugueses que esperaban una victoria de sus ídolos. Liechtenstein no proseguiría con la humillación hasta el punto de adjudicarse la victoria, pero sí aguantó hasta el pitido final ante las embestidas de Pauleta, Postiga, Deco o Maniche.

La figura
Aunque la actuación de Liechtenstein sólo le reportó un punto, en la pequeña nación centroeuropea está considerada como la gesta más bella de su selección. A sus 23 años, Thomas Beck, el gran artífice de la remontada, se procuró la mayor emoción de su joven carrera al dar un pase de gol y marcar el tanto del empate. Después, el entonces delantero del FC Chiasso suizo confirmó su condición de pieza clave de su selección al anotar 6 dianas en 66 partidos. Fue de nuevo él quien acaparó los titulares al marcar dos tantos en el otro resultado histórico de Liechtenstein, un triunfo por 3-0 frente a Islandia en octubre de 2007.

Se dijo...
"Hace unos años, perder por 3-0 se consideraba un resultado magnífico. Ya no puede ser que tengamos simplemente como objetivo perder dignamente y, luego, conformarnos con haber participado", Franz Burgmeier, autor del primer gol de Liechtenstein.

"Sabía que podíamos remontar. En el descanso, les dije a mis jugadores que debíamos conseguir empatar como fuese y que, después, podríamos dar rienda suelta a nuestras emociones. Ahora debemos confirmar lo logrado y vivir un segundo momento histórico: nuestra primera victoria en una fase de clasificación mundialista", Martin Andermatt, seleccionador de Liechtenstein, después de la victoria.

¿Qué sucedió luego?
Además de sus dotes como entrenador, Andermatt posee también las de adivino. No en vano, unos días más tarde, sus jugadores dieron buena cuenta de Luxemburgo (0-4) y conquistaron el primer triunfo a domicilio en la historia de su país. Liechtenstein concluyó la fase de clasificación con 8 puntos y en el penúltimo puesto del grupo. Demasiado poco para aspirar a una clasificación histórica, es cierto, pero la experiencia adquirida en aquella semana de locura podría serle útil en el camino hacia Sudáfrica.

No es ninguna sorpresa que la prensa portuguesa sacase la artillería pesada para comentar aquella velada nefasta. Así, A bola titulaba "El chiste de Europa" y resaltaba que, en Vaduz, "Portugal realizó una de las peores actuaciones de su historia, practicando un fútbol amorfo, sin espíritu y sin inspiración". La citada "broma" hizo reír de dientes para fuera a los portugueses y a su técnico brasileño, pero Scolari supo encontrar las palabras idóneas para aparcar esa decepción, ya que, cuatro días más tarde, sus discípulos endosaron un humillante 7-1 a Rusia.

La escuadra lusa quedó finalmente primera de grupo tras ganar 9 de sus 12 partidos, y concluyó con el mejor ataque de Europa (35 goles) y con el máximo artillero en la persona de Pauleta (11 tantos). En Alemania, iba a igualar el mejor resultado mundialista de su historia al llegar a semifinales (como en 1966), donde se inclinó ante Francia por un solitario tanto de penal de Zinédine Zidane.