Los irlandeses no necesitan excusas para echarse a la calle vestidos de verde el 17 de marzo, Día de San Patricio, una de las fiestas nacionales más celebradas y famosas del mundo entero.
Aunque puede que, a la vez que celebran la festividad del santo que llevó el Cristianismo a la isla, también levanten sus copas en honor de un extranjero que cumple años el día del santo patrón. Giovanni Trapattoni, que cumple 70 años este 17 de marzo, ha hecho méritos suficientes en los diez meses que lleva de seleccionador de la República de Irlanda como para recibir la felicitación de la afición nacional en un día tan señalado.
Con el veterano italiano al frente, una selección que había caído por 5-2 ante Chipre durante su desastrosa fase de clasificación para la Eurocopa 2008 se ha remodelado con tanto acierto que actualmente ocupa ex aequo el primer puesto de su grupo en la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA. Compartir la primera posición del grupo con Italia contribuye a añadir buenas dosis de emoción e intriga al desafío que ha asumido Trapattoni, un hombre que, en 35 años en los banquillos, ha hecho acopio de una cosecha de títulos nacionales y europeos tan sólo igualable a la de Alex Ferguson y Jock Stein.
Poco antes de la celebración de tan señalado cumpleaños, Trapattoni concedió una entrevista en exclusiva a FIFA.com, en la que expuso sus opiniones sobre el fútbol, habló de su propio futuro y de sus intenciones de llevar a la República de Irlanda a la Copa Mundial de la FIFA.
Tras cuatro partidos disputados en el Grupo 8, su equipo sigue invicto y encabeza la tabla junto con Italia. ¿Se puede decir que es el estreno que usted deseaba?
Efectivamente, estoy muy satisfecho. El equipo ha jugado estupendamente bien y ha conseguido resultados muy importantes en los primeros partidos. Tengo la esperanza de que los jugadores sigan con el mismo empuje, mentalidad y actitud que tanto bien nos están haciendo.
¿Qué le atrajo de la República de Irlanda? ¿Lo está disfrutando?
Estoy disfrutando muchísimo. Habría podido elegir cualquier país, pero me pareció que aquí se daban todas las circunstancias apropiadas. Y lo que es muy importante, tenía conmigo a Liam Brady (ayudante de Trapattoni), un hombre al que conozco y respeto, y sabía que podría ayudarme con las exigencias específicas que supone entrenar en este país. Además, conozco muy bien el fútbol inglés y, por lo tanto, ya había tenido contactos con muchos de los jugadores irlandeses. Lo que vi en ellos fue una mentalidad similar a la mía: su arrojo es fantástico. Eso me gustó al instante y me dejó totalmente convencido de que podíamos trabajar muy bien todos juntos. La primera vez que me reuní con los jugadores, les dije que debían confiar en mí porque tengo la experiencia necesaria para sacar adelante el equipo. Por suerte, me aceptaron con entusiasmo.
Ha entrenado clubes de Alemania, Austria y Portugal, y ahora se ha hecho cargo de una selección nacional extranjera. ¿Entrenar fuera de su Italia natal plantea sus propios retos?
A mí me educaron a la italiana, con mentalidad italiana, pero siempre he sentido un gran respeto por el hecho de que cada nación tenga su propia idiosincrasia y su cultura. Y ese respeto siempre lo he aplicado muy especialmente al fútbol. No obstante, creo que en los últimos diez años el fútbol ha cambiado muchísimo en este sentido. Actualmente hay tantos futbolistas que juegan en clubes de países extranjeros que casi todos los vestuarios tienen una mezcla de muchas, muchas culturas. Es verdad que se ha producido una globalización del fútbol. En mi opinión, es una buena noticia para nuestro deporte. Fíjese en concreto en el fútbol europeo: ahora la calidad es muy alta, en concreto en ligas como la española y la inglesa. En estas ligas se ha inyectado un montón de dinero, que se ha usado para combinar todas esas culturas diferentes y formar equipos de fútbol excepcionales.
Ya ha mencionado a Liam Brady, que jugó a sus órdenes en el Juventus en la década de 1980, y además cuenta con Marco Tardelli en su equipo técnico. ¿Qué importancia tienen estos dos hombres para la consecución de las metas que usted se ha fijado?
Para cualquier entrenador, sus ayudantes son siempre muy, muy importantes. Yo tengo la inmensa suerte de contar con dos grandes campeones. Liam fue capitán de la selección nacional de Irlanda durante muchos años y jugó muy bien para mí en Italia, y Marco, como todo el mundo sabe, es campeón del mundo. Es importante que los jugadores trabajen con hombres así, a los que admirar y emular. Además, Liam es muy importante porque puede explicar a los jugadores ciertos detalles sobre entrenamientos y sistemas tácticos mucho mejor de lo que yo soy capaz de momento.
Su paisano Fabio Capello también está consiguiendo éxitos desde que se hizo cargo de la selección de Inglaterra. ¿Cree usted que los entrenadores italianos tienen aptitudes especiales para este tipo de trabajo?
No creo que sea cuestión de que los italianos tengan un talento especial, sino más bien se trata de que Fabio y yo tenemos mucha experiencia, sobre todo, mucha experiencia en el extranjero. Fabio ha entrenado al Real Madrid, uno de los clubes más excelsos y famosos del mundo, y yo he estado en clubes como el Bayern y el Benfica. En esos empleos tienes que vértelas con muchas culturas futbolísticas diferentes, y eso te prepara muy bien para trabajar con selecciones nacionales extranjeras. Pero no te da soluciones para todo, eso está claro. La experiencia es sólo una ayuda.
Luis Aragonés ha ganado la Eurocopa 2008 a los 69 años de edad, y Alex Ferguson acaba de conquistar para el Manchester United títulos europeos y mundiales. ¿Le parece que hoy en día la experiencia se cotiza al alza?
Creo que, de verdad, la experiencia vuelve a estar de moda. Yo veo el fútbol como una escuela en la que nunca dejas de aprender. Y posiblemente algunos, como el señor Ferguson y yo, llevamos mucho más tiempo yendo a la escuela que la mayoría.
¿Cómo reaccionaron sus amigos italianos cuando a Irlanda le tocó compartir el grupo con Italia en la clasificación para la Copa Mundial de la FIFA?
Me llamó muchísima gente nada más finalizar el sorteo (risas), y siempre para decirme lo mismo: que, por favor, no me lo tome muy a pecho cuando Irlanda caiga derrotada en esos partidos. Pero la verdad es que yo estoy encantado; me considero afortunado de enfrentarme a Italia. Es un honor. Me resultará todo un tanto extraño, porque estoy orgulloso de ser italiano, pero también soy un profesional y me siento muy orgulloso de ser seleccionador nacional de Irlanda, de modo que la situación no me planteará ningún tipo de problema. Sin embargo, me imagino que me emocionaré un poco cuando suenen los himnos de los dos países.
Está a punto de cumplir 70 años. La pregunta se hace inevitable: ¿será éste su último trabajo en el fútbol?
¡Quién sabe! Estoy convencido de que estas decisiones hay que dejárselas a Dios. A mí tan sólo me resta darle gracias por permitirme conservar la salud y la motivación suficiente para seguir trabajando. Aparte de llevar a Irlanda a Sudáfrica, no he hecho más planes. Ya veremos qué pasa.
¿A su familia le parece bien que usted siga trabajando?
Bueno, a todos mis hijos les parece bien que siga. Pero mi mujer no para de preguntarme: "¿Y cuándo piensas dejarlo? ¿Cuándo vas a dejarlo?". Yo me limito a responder: "¡Más adelante!". Quiere alejarme del fútbol ¡y no para!, pero no lo conseguirá (risas).
Por último, ¿veremos a Giovanni Trapattoni y a la República de Irlanda en Sudáfrica el año que viene?
Yo creo que somos capaces de conseguirlo, pero necesitaremos un poco de suerte, en los partidos y también para que nuestros principales jugadores sigan en forma. Me temo que no puedo prometerle que vayamos a estar allí, pero sí puedo asegurarle que las ganas y la confianza no me faltan.
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