Futbolísticamente hablando, Morten Olsen es "don Dinamarca". Sus 19 años de servicios como jugador y otros 9 como seleccionador convierten al nombre de este danés de 59 años en sinónimo de su equipo nacional, y él no consentiría que fuera de otro modo. Olsen, un patriota orgulloso y sin ambages, fue el primer danés que alcanzó las 100 internacionalidades y, en 1986, capitaneó a su país en su inolvidable debut en la Copa Mundial de la FIFA. Y como seleccionador, 16 años después, volvió a llevarlo a la máxima competición futbolística.
Ahora, después de perderse la edición de Alemania 2006 y la Eurocopa 2008, el ex entrenador del Colonia y del Ajax de Ámsterdam ha logrado guiar a Dinamarca hasta una posición de privilegio en el que para muchos es el grupo más complicado de la fase de clasificación europea para Sudáfrica 2010. Con Portugal y Suecia a siete puntos de su combinado, y a un mes de disputar un choque decisivo contra sus vecinos nórdicos, Olsen conversó en exclusiva con FIFA.com para compartir sus recuerdos de las glorias pretéritas y sus esperanzas de obtener éxitos futuros.
Señor Olsen, debe de estar contentísimo por haber empezado con 4 victorias y 1 empate en un grupo tan complicado...
Estamos muy contentos, sí. Ha sido un duro inicio de calendario para nosotros, pero hemos protagonizado un excepcional comienzo. Aunque, de momento, no deja de ser sólo eso: un comienzo. Solamente estamos a medio camino, y próximamente tenemos un encuentro a domicilio muy difícil contra nuestro país hermano [Suecia]. Dinamarca y Suecia se conocen muy pero que muy bien, naturalmente, y hay muy pocas cosas que marquen la diferencia entre ambas selecciones. Al final debería reducirse a la que esté en mejor forma ese día, o a la que tenga un poco de suerte. Pero ése y el próximo van a ser encuentros muy peligrosos, eso está claro.
Si bien es evidente que hay mucho talento en su plantilla, no parece que tenga auténticas superestrellas. ¿Forma parte eso del secreto de su éxito?
Creo que, en cualquier caso, con nosotros está funcionando bien. Ahora mismo tenemos un buen grupo de jugadores, desde luego, y también muchos jóvenes muy prometedores, como Nicklas Bendtner, que están empezando a marcar la diferencia de veras para nosotros. Como país pequeño, nuestro único problema es cuando sufrimos tres o cuatro lesiones, porque no tenemos la misma profundidad de banquillo que otras naciones. Ya hemos perdido a un par de jugadores importantes para los partidos contra Suecia, y también echaremos en falta de veras a Martin Laursen [que se ha retirado por culpa de una lesión].
Cuando llegue la cita de Sudáfrica 2010, usted ya llevará diez años como seleccionador de Dinamarca. En estos tiempos que corren, eso es mucho tiempo en el banquillo para un entrenador...
Es muchísimo tiempo. Pero estoy contento de seguir ahí, porque todavía disfruto con este trabajo y todavía siento que tengo algo que ofrecer. Creo que, como grupo, también tenemos algo que demostrar tras no lograr clasificarnos para las dos últimas grandes citas. Para nosotros, acudir a los Mundiales y a las Eurocopas es lo primordial, y fue una enorme decepción que no lo lográsemos en 2006 y 2008.
¿Es verdad eso de que se pondrá al margen después de 2010?
No, para nada, todavía no está decidido. Ni siquiera tiene importancia en estos momentos. Lo único importante es que vayamos a Sudáfrica.
Como es lógico, está intentando formar parte de una Copa Mundial de la FIFA muy especial: la primera que se celebra en territorio africano.
Los Mundiales siempre son especiales. El hecho de que sea la primera vez en África es fantástico, porque lo acerca más a la gente de allí, pero cada Copa Mundial tiene su propio sabor y su encanto único. Me acuerdo de ver lo entusiasmada que estaba Asia por albergarla en 2002, y de la experiencia tan fantástica que supuso para todo el mundo. Para mí y para todos los jugadores, competir en un Mundial es lo máximo. Es el honor más grande para cualquier futbolista, y eso es lo que nos viene motivando estos meses.
Ha mencionado la edición de 2002, en la que, como todos sabemos, la República de Corea llegó hasta semifinales. ¿Prevé que el "factor campo" resultará igual de beneficioso para los países africanos en 2010?
Jugar en tu propio continente supone una gran motivación, de eso no cabe la menor duda. Pero yo pienso que, en el caso de Corea del Sur en 2002, su éxito no se debió meramente al hecho de ser el país anfitrión. No olvidemos que estuvieron muchísimo tiempo juntos antes del Mundial para prepararse; eran casi como la plantilla de un club. El clima también fue una cuestión importante en 2002, porque las selecciones europeas en especial no podían jugar con su estilo habitual. Me parece que en Sudáfrica será invierno cuando el Mundial esté en marcha, así que podría ser que las selecciones europeas no lo encuentren tan complicado esta vez. Pero eso no quiere decir que alguna de las selecciones africanas no pueda llegar hasta el final.
¿Ha cambiado la Copa Mundial de la FIFA desde que jugó en la edición de 1986?
Siempre ha gozado de popularidad, pero ahora está más globalizada que nunca. Creo que en 2010, estés en la parte del mundo que estés, alguien estará viendo el Mundial. Todo el mundo está deseando que llegue, incluso gente sin ninguna vinculación real. En cuanto a magnitud y al atractivo que tiene, yo diría que sólo los Juegos Olímpicos se le acercan.
Usted, por supuesto, era el capitán de la magnífica selección danesa que tanto impresionó a todos en México 1986. ¿Qué hizo a ese equipo tan especial?
Creo que, sencillamente, fue una generación de jugadores singular. Además, habíamos recibido una formación futbolística magnífica, especialmente en los aspectos técnicos y tácticos del juego. Eso nos colocó muy bien para gozar de una buena carrera, y tuvimos la suerte de que muchos de nuestros jugadores militaban en algunos de los mejores clubes de Europa.
¿Alguna vez mira hacia atrás y piensa que podría haber ganado aquella Copa Mundial de la FIFA?
Oh, sí, podríamos haberla ganado, estoy seguro. Todos pensábamos lo mismo. Era una plantilla de jugadores excepcional que se reunió en el momento idóneo y, con un poco de suerte, podríamos haber estado nosotros en lo alto del podio en lugar de Argentina. Pero a decir verdad, no lamento nada al mirar hacia atrás. Fue una experiencia estupenda, no sólo para nosotros sino también para los aficionados que nos acompañaban por dondequiera que íbamos. En aquella época, los hinchas daneses fueron unos de los primeros en pintarse la cara y en convertir en una auténtica fiesta ese tipo de competiciones. Creo de veras que, en aquel entonces, contribuyeron a enseñar a otros aficionados que se podía ser apasionado con tu selección sin ser violento ni agresivo. Nuestros seguidores dieron un magnífico ejemplo y eso fue importante para nosotros como nación.
¿Representar a su país siempre fue el honor más grande para usted?
Desde luego. Jugué 19 años con Dinamarca, casi 20, y ahora llevo 10 como seleccionador, de modo que he dedicado la mitad de mi vida a la selección nacional. Lo mejor es que todavía siento lo mismo que cuando empecé por primera vez, y veo que los jugadores jóvenes están igual de orgullosos que yo. Eso es fantástico. Cuando deje de tener esas sensaciones, entonces sabré que tengo que dejarlo.
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